Crónica de un puerco que no quería morir
Un suceso ocurrido hace poco se ha vuelto célebre en Jaimanitas. Varios hombres que pelaban un puerco, supuestamente muerto, lo vieron levantarse y huir. ADN Cuba ofrece detalles exclusivos y testimonios del curioso evento, que, como muchos otros, nos hace replantearnos nuestras formas habituales de tratar a los animales
Cerdo en púa, práctica culinaria tradicional de Cuba

Un suceso ocurrido hace poco se ha vuelto célebre en Jaimanitas. Varios hombres que pelaban un puerco supuestamente muerto lo vieron levantarse y huir.

Marcos Delivert, mecánico por cuenta propia y residente en el edificio para damnificados de la calle 3ra, contó para ADN Cuba la anécdota que ahora es la noticia más comentada en el pueblo.

“Estaba Folungo con su hermano Luis y el yaya en el patio, pelando un puerco que acababan de matar, mientras yo afilaba mi cuchillo para unirme a la faena, cuando de pronto el animal soltó un chillido ensordecedor, se sentó sobre sus cuartos traseros y se lanzó a la carrera tumbando la tabla donde lo teníamos acostado”.

Para Carlos esa escena será inolvidable: el puerco reviviendo de entre los muertos y huyendo.

“Quien lo apuñaló fue el yaya, que nunca falla. Le dio una sola en el costado y el puerco cayó redondo. Estuvo un rato desangrándose hasta que el agua estuvo a punto de ebullición, entonces lo subimos a la tabla. Pesaba un mundo el muy condenado. Parece que el agua hirviendo lo resucitó”, dice Carlos.

El suceso tiene al yaya muy confundido, no sale de su casa. Dice que se ha apoderado de él una depresión como de arrepentimiento. Medio borracho, desaliñado, recuerda el hecho con aire melancólico.

“Lo que más me dolió fueron sus ojos, que clamaban piedad cuando me acerqué con el cuchillo donde estaba amarrado. Entonces articuló un ronquido suplicante, porque presentía que llegaba su fin. Siempre he sido un tipo sin compasión, o lo era hasta ese día, y te cuento que he apuñalado a cientos de puercos y me dicen el que nunca falla, pero cuando le di la apuñalada a éste, sentí una pesadumbre repentina por lo que había hecho. Fue la primera vez en mi vida que me di asco. Luego, cuando se levantó y se fue me sentí aliviado. Lástima que no pudo llegar más lejos, hasta su casa, y ver a sus hijos en los corrales. Había perdido mucha sangre. Se desplomó frente a casa de Mayra”.

Folungo lamenta no haberle tirado una foto al puerco resucitado.

“Tenía el teléfono adentro, cargando. Hubiera querido haberlo filmado y subido a YouTube. Después de 10 minutos muerto, cuando menos lo esperaban, se levantó y se fue echando. El puerco era mío, lo había comprado por la mañana del corral de César. Iba a vender una parte y la otra a dejarla en la casa. César también se ha hecho famoso con el acontecimiento, por la vitalidad mostrada por su puerco, que revivió en el momento que lo pelaban”.u hermano Luis dice que pensaba haberlo visto todo, pero que esto lo dejó anonadado.
“Fui yo quien le echó el agua caliente. Abrió los ojos, me miró y lanzó aquel chillido de muerte que todavía retumba en mi mente. El resto de la historia se sabe: se levantó, tumbó la tabla y salió disparado como una bala. El único que atinó a perseguirlo fui yo, los demás se quedaron petrificados, mirando la tabla vacía. Pero yo tenía mucho dinero invertido en ese puerco y no podía perderlo por su gracia. Se cayó antes de llegar a la esquina. Lo traje de vuelta, ahora sí bien muerto”.