Una carta para Luis Manuel Otero Alcántara
"Yo creo que tú tienes la responsabilidad de vivir, por todos, por lo que representas, porque encarnas una idea muy bella de lo que podríamos llegar a ser como comunidad"
Una carta para Luis Manuel Otero Alcántara
 

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Carta de Abel González Fernández a su amigo, el artista, Luis Manuel Otero Alcántara, quien lleva cinco días en huelga de hambre y de sed:

Hermano mío, aunque no te he escrito estos días, he estado cada minuto pendiente de ti. Me duele ver mucho ver las directas y verte debilitado físicamente por la huelga de hambre y de sed.

Yo creo que tú tienes la responsabilidad de vivir, por todos, por lo que representas, porque encarnas una idea muy bella de lo que podríamos llegar a ser como comunidad.

Por otro lado, entiendo que estés firme en tus criterios y creo que el compromiso que has adquirido con los tuyos es un patrimonio que has honrado más de una vez.

Yo desearía que no siguieras en huelga, porque perderte significaría también emprender un viaje de odio hacia Cuba que siempre he querido evitar. A pesar de que esto sea cada vez más difícil.

Viéndote, recordé una frase que desde niño ha estado grabada en mi memoria: "Madre, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted".

Así encabeza Martí la última carta que le escribió a su madre antes de volver a Cuba en 1995 para hacer la guerra.

Yo crecí mataperreando sobre esa frase esculpida en bronce en el único parque dedicado a la madre de Martí, Leonor Pérez, en el mundo.

Este queda a unas cuadras de la Virgen del Camino en San Miguel del Padrón. Ojalá y ambos cuiden de ti.

Varias veces que he tenido que enfrentarme a pensar lo que tú significas para mí he notado que afloran este tipo de recuerdos esenciales y arquetípicos del niño que fui.

Eso sucede por algo, es en la niñez donde se forja el conocimiento del mundo y donde se acumula toda la inocencia que uno empezará a gotear más tarde hasta que ya sea el final.

Además, esta es la única etapa de la vida donde admitir que uno debe aprender algo nuevo no es vergonzoso y donde la rigidez, a pesar de que te la cuenten, no es concebible.

Lo anterior está ligado directamente al cambio de percepción en la cultura que tú provocaste en mí. Un cambio de percepción que está cifrado al mismo nivel de los recuerdos de mi infancia y que es previo a la adquisición de la propia cultura.

Ese estado anterior a la cultura es el lugar donde a uno le es dado el conocimiento como una herramienta para adquirir valores humanos, para convertirse en una mejor persona. Es la humildad del medio y no la soberbia del fin.

Esta sensación propia de un niño difícilmente vuelve a repetirse, porque el conocimiento comienza rápidamente a transformarse en poder y a establecer jerarquías.

De ahí que tu formación autodidacta es una de tus mayores virtudes, no tuviste que desaprender esas jerarquías ficticias que generan las instituciones o la academia, más si se trata de un país corrupto como Cuba.

He vuelto a descubrir contigo esa percepción bellamente utilitaria del arte que me ha cautivado durante el último año.

También me has enseñado a reconocer el lenguaje del esclavo negro que, sustraído del poder de la palabra y la ley, ha tenido que desarrollar necesariamente para sobrevivir una sintaxis del cuerpo. El mismo cuerpo histórico que hoy se expresa a través de ti y de tu huelga y que los esclavistas cubanos aún son incapaces de comprender. Esto es una desgracia como hecho, pero una gran cosa como revelación, una gran cosa triste.

No te escribo para despedirme de un muerto, aunque sé que no le temes a la muerte, o que al menos estás en paz con ese temor. Yo deseo con todas mis fuerzas que vivas, para que más personas puedan conocerte. En mí ya has vivido sin saberlo y lo seguirás haciendo siempre.

*Publicada originalmente en Facebook.