PiQ: un tornero que soñaba con ser rapero

 

El rap es un género duro, agresivo, underground, generalmente asociado a la crítica. No hacen falta algoritmos ni estudios para defenderlo, basta una buena lírica acompañada de un flow endiablado.

Tal vez por eso sea encasillado como un género alternativo y de poco respaldo desde la institucionalidad, dado que muchos dirigentes y problemas sociales son blanco de sus letras.

Crecer dentro del rap en Cuba se antoja complicado, pues la agencia que lo auspicia hace muy poco o nada para defender sus miembros y sus directivos apenas dan la cara para explicar su inoperancia, hecho que trae consigo que muchos cantantes prefieran mantenerse al margen de la institución.

Pese a las adversidades, hay quienes apuestan por el hip hop (como también se le conoce al género en Cuba) al quedar atrapados por la melodía contagiosa y el fuego de sus letras. Si conocen la persona adecuada, tienen influencias o chispa para desenvolverse en el medio, encuentran abrigo en la Asociación Hermanos Saíz, (AHS), organización cultural que se ha convertido en la casa de amparo de los géneros musicales marginados por las instituciones, y como consecuencia, por un segmento la sociedad.

Una de las tendencias visibles del rap en el último lustro es la fusión con otros ritmos y sonoridades, fundamentalmente de la música tradicional cubana. Ello ha permitido que varios cantantes hayan ampliado su espectro vocal.


 

 

Uno de ellos es Jesús Puentes Montano, más conocido como PiQ, quien en su natal Pinar del Río integró el grupo “C-4” (llamado después como ‘Los muchachitos’)  y hoy es uno de los vocalistas principales de Toques del Río, una de las bandas más reconocidas dentro del panorama musical alternativo cubano.

Refiere PiQ que nunca pudo estudiar en una escuela de música, aunque sí estuvo dos años en la Casa de Loreto de Pinar del Río -perteneciente a la Iglesia Católica- en un curso para la superación de jóvenes, en el que recibió algo mínimo de solfeo y clases de canto. Ello le permitió aprender algunas cosas sobre el apoyo del diafragma, la colocación de la voz, y las diferentes maneras de proyectarse según los géneros.


Sin embargo, esos no eran tiempos de soñar y tuvo que estudiar tornería de ferrocarril. A sus 17 años, ya trabajaba en la empresa ‘Materiales 7’, donde hacía losas de piso, mesetas, tapas de ollas, celosías, baldosas, y todo lo necesario para apoyar a la familia.

Pero eso no era lo suyo y lo tenía claro, por lo que, durante casi un año, además de su jornada laboral de ocho horas, dedicaba muchísimo tiempo a superarse: asistía diariamente a la facultad de cinco a ocho, e iba a la Casa Loreto tres veces por semana, entre ocho y once de la noche.

 

 

Querer estudiar algo relacionado con la música le trajo muchos infortunios: “En el curso escolar 1999-2000 se abrió una nueva posibilidad para ser  instructor de arte pero no pude ingresar por diversas fatalidades: primero pidieron 15 plazas y yo era el 16 en el escalafón, y después solicitaron 30 más y los del centro educacional no encontraron mi número de teléfono para avisarme.

“Vi cómo muchos de mi generación se convirtieron en buenos artistas en varias manifestaciones y hacían las cosas que yo no podía por no estar en esa escuela. De verdad me dolió, me hizo sufrir un poco, pero me dio fuerzas para deducir que lo que quería era esto, la música”, confiesa PiQ a ADN Cuba.

Relata que la primera vez que asistió a un concierto de rap en vivo fue en el año 1997, momento en el cual decidió que ese era su camino, porque en algo tenía que ser bueno. “No era muy dado a la academia y el deporte me era esquivo, dado que mi estatura me impedía ser voleibolista; una fractura en la mano me alejó del béisbol y la carencia de zapatos del fútbol, pues crecí en los duros años 90’ del Periodo Especial”.

En PiQ hubo grupos de rap que dejaron huella, tales como ‘Obsesión’, ‘Trampa Explosiva’, ‘Onda Expansiva’, y ‘100% Original’, hoy ‘Oggere’. Con ‘Los Muchachitos’ no obtuvo el éxito deseado, pero alcanzó el segundo premio en la edición dos del evento ‘Capital de la Moña’.

“De haber tenido más ayuda de las instituciones hubiéramos llegado más lejos, porque sentía que había ganas y talento. El apoyo de la Agencia de Rap fue nulo; no pertenecíamos, porque ese centro no ampara a sus miembros ni se preocupa por agruparlos siquiera, por lo que muchos del movimiento ni se inmutan en integrarse.

“La escasa ayuda llegó por la AHS, después de lidiar con que ellos extraviaran mis papeles de inscripción un total de tres veces. Pero bueno, al final lo conseguí”, señala entre risas.

Aunque hoy no canta puramente hip hop, PiQ defiende el género a través de la música fusionada que ofrece ‘Toques del Río’. Siente que ser uno de los principales vocalistas de esa agrupación se debe mucho a su paso por ‘Los Muchachitos’, con quienes “hice ridículos y desafiné por montones y enfrenté múltiples obstáculos que me ayudaron a ser mejor”.

Su entrada en ‘Toques del Río’ fue algo casual: la banda, que antes tocaba flamenco, se estaba desarmando y el nuevo director decidió entonces cambiar la sonoridad e incorporar nuevos cantantes.

“Al principio fue duro, pero con constancia y esfuerzo hemos llegado hasta aquí, aunque aún nos falta mucho, porque queremos ser una agrupación de fama internacional" -nos cuenta.

“Por eso les aconsejo a todas las personas que quieran incursionar en la música que si de veras lo sienten, que se esfuercen y se sacrifiquen. En este mundo hay que ponerle el corazón, es uno mismo quien decide si llega o no al éxito".

“Y como dice ‘Alexei, El Tipo Este’ (cantante de Obsesión), a partir de lo que somos que venga lo que sea”. Toques del Río quizás no sea la orquesta más famosa en las redes, pero creemos en nuestro talento y estamos conscientes de que las personas que asisten a nuestros conciertos se van bastante convencidas”.