Líder jesuita denuncia que no permiten dar asistencia a huelguistas de San Isidro
El Superior de los Jesuitas en Cuba, padre David Pantaleón, refirió: “Hasta en la celda de un criminal confeso, en cualquier lugar del mundo, se permite la visita del que trae el aliento de la fe”
Huelguista Luis Manuel Otero Alcántara. Foto: Movimiento San Isidro
 

Reproduce este artículo

El Superior de los Jesuitas en Cuba, padre David Pantaleón, denunció que no permiten dar asistencia a los huelguistas del Movimiento San Isidro en La Habana. “Hasta en la celda de un criminal confeso, en cualquier lugar del mundo, se permite la visita del que trae el aliento de la fe. Hasta los presos condenados a muerte mantienen esos derechos”, subrayó el líder religioso en su perfil personal en Facebook.

En Damas 955 en La Habana Vieja, permanecen atrincherados en la sede del Movimiento San Isidro, alrededor de quince cubanos, activistas por los derechos humanos, artistas y periodistas independientes, en reclamo a la liberación del joven rapero contestatario Denis Solís, detenido arbitrariamente y encarcelado tras un juicio sumario bajo cargos fabricados y sin garantías legales.

En la sede del MSI se encuentran haciendo huelga de hambre y sed por más de 140 horas: Luis Manuel Otero Alcántara (artista) y Maykel Osorbo (rapero); y en huelga de hambre: Esteban Rodríguez (activista), Iliana Hernández (periodista independiente), Osmani Pardo (activista) y Katherine Bísquet (poeta/72 horas).

En horas de la mañana de ayer (23 de noviembre) agentes de la Seguridad del Estado cubano que tienen sitiada la sede del Movimiento, prohibieron el acceso a dos miembros de una congregación religiosa se les impidió acceder a la casa, ubicada en Damas 955, entre San Isidro y Avenida del Puerto.  Al menos una de las monjas pertenece a la Congregación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul.

El padre David Pantaleón criticó esta postura totalitaria del régimen cubano y subrayó la relevancia de la libertad religiosa. Compartimos íntegramente sus palabras:

Una hermana religiosa intentó llegar, sin publicidad y sin cámaras, hasta el grupo de jóvenes de San Isidro que están hace varios días encerrados en su local. Ellos permanecen allí pidiendo la liberación de uno de sus compañeros que consideran apresado injustamente y condenado sin defensa.

La monja solo quería dar un poco de asistencia religiosa ante la seria amenaza de muerte de los que llevan varios días en huelga de hambre y sed. Estaba allí sin más bandera que la compasión por el que sufre, estaba allí empujada por su fe, por su vocación cristiana. Quería transmitirle consuelo y esperanza con su sola y frágil presencia de mujer consagrada. Pero no la dejaron acercarse. Le prohibieron entrar.

Hasta en la celda de un criminal confeso, en cualquier lugar del mundo, se permite la visita del que trae el aliento de la fe. Hasta los presos condenados a muerte mantienen esos derechos.

Nos duele todo esto. No podemos cerrar los ojos y mirar hacia otro lado. No se trata solo de quien tiene la razón o no. No se trata de ideologías de izquierda o de derecha. Se trata de cosas tan simples como el derecho a vivir, a expresar lo que se piensa, a dialogar las diferencias sin “satanizar” al contrario, a que se respete la dignidad de todos y todas. Y en este caso en concreto es el derecho (hasta por humana compasión) a la asistencia religiosa en momentos de peligro.

Que les llegue, rompiendo muros y encierros, nuestra oración y aliento a los que allí sufren injustamente. Y que el Dios bueno, Padre de todos, abra caminos de dialogo y reconciliación.

P. David Pantaleón sj

24 de noviembre del 2020

La Habana. Cuba