La oca: escuela de ladrones, no un centro de formación de jóvenes

Según normas internacionales, los reclusos bajo custodia del Estado deben contar con las condiciones mínimas de seguridad y protección, pero en el Centro de Formación de Jóvenes La oca, situado en la comunidad El Guatao, en La Habana, no se cumplen ninguno de estos principios
 

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Según las normas internacionales de la jurisprudencia, los reclusos bajo custodia del Estado deben contar con las condiciones mínimas de seguridad y protección, pero en el Centro de Formación de Jóvenes La oca, situado en la comunidad El Guatao, en La Habana, no se cumplen ninguno de estos principios.

Maricela Cardosa Acosta,  vecina de calle Primera número 23201, entre 232 y 236, Jaimanitas, municipio Playa, es la abuela del joven Andy Daniel Dimet Pérez, y denunció a ADN Cuba la terrible situación que atraviesa su nieto en ese centro de reeducación.

“Yo he criado a Andy Daniel sola, su madre lo abandonó de pequeño y lo cuidado lo mejor que he podido. Cometió un error, lo está pagando, pero creo que debe existir un mínimo de condiciones de vida para mantenerlos allí. He agotado todos los canales establecidos para reclamar atención y protección para los jóvenes internos, tanto para mi nieto como para los otros muchachos que se encuentran recluidos allí y en situación parecida. He denunciado la terrible crisis sanitaria que esta golpeando a los reclusos, y también la desorganización e indisciplina que prima en ese lugar, pero nadie me ha dado una respuesta, ni se han preocupado por investigar sobre el problema para buscarle una solución”.

“Allí, en el campamento La oca, hay una infección generalizada de sarna. Todos los internos están cundidos, y los funcionarios refieren que no cuentan con medicinas para combatirla. Tampoco aquí en la calle aparecen medicamentos. Mi nieto me dijo llorando la última vez que la sarna no lo dejaba vivir, me mostró sus partes íntimas, llena de granos con pus, Me eché a llorar con él. Verlo así me tiene partida el alma”.

Maricela Cardosa también denuncia, que en esa prisión quienes mandan verdaderamente son los presos.

“Impera la ley de la selva, la ley del más fuerte. A los carceleros no les interesa el orden interior ni la disciplina del campamento. Se producen robos todos los días. A mi nieto le han robado las pertenencias tres veces. La última vez lo dejaron solo con la ropa que llevaba puesta. Ya no tenemos de donde sacar para llevarles zapatos, chancletas y la ropa de cama. Le hemos pedido ayuda a toda la familia, para que nos colabore, pero la situación está muy difícil y no hay dinero para comprar nada”, dijo conmovida.

“A pesar de la enfermedad los obligan a trabajar y tienen que ir con sus pertenencias a cuesta para todas partes, porque si las dejan en el campamento las pierden. Estando ingresado en el puesto médico, a Andy se lo robaron todo: la mochila, la ropa, los zapatos. Allí hasta los guardias roban, a Andy Daniel los guardias le han quitado ya tres toallas. Es lo peor que he visto en mis 69 años de vida: que un guardia le robe a quien debe cuidar. Aquello parece más bien una escuela para ladrones profesionales, que un centro de formación de jóvenes, que es el término con que acuñan a ese antro llamado La oca”, condenó.

“La alimentación es pésima. El trato peor. Los muchachos no tienen siquiera una cocina para calentarse el agua para bañarse y en cualquier momento se van a enfermar todavía más. Hago esta denuncia pública a ver si las autoridades responsables, se toman el interés de investigar la situación de esa prisión de menores y demuestren que la vida humana les interesa. Están presos, pero todavía continúan siendo seres humanos”, advirtió Maricela Cardosa Acosta.