Iglesia católica hace un llamado contra el maltrato entre cubanos
En su homilía durante la misa por la Jornada de la Paz, el cardenal y arzobispo de La Habana, Juan de la Caridad García, llamó a los fieles a no maltratarse entre cubanos por muy duras que sean las dificultades o por distintos que sean o piensen
 

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El alto clero de la iglesia católica en Cuba hizo un llamado contra el maltrato entre cubanos, exacerbado en estos tiempos de crisis y escasez por el impacto de la pandemia de coronavirus y la reticencia del régimen de la isla a emprender reformas que contribuyan a un auténtico mejoramiento de la calidad de vida.

“Recuerden que todos somos hijos de la Virgen de la Caridad y vivamos como lo que somos, hermanos, y tratémonos así en las colas, en las guaguas, los trabajos, las dificultades, en el pensar distinto”, instó este viernes 1 de enero el cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de La Habana, a los fieles que presenciaron su homilía durante la misa por la Jornada de la Paz.

“El maltrato entre cubanos es una espada de dolor que atraviesa el corazón de la Virgen de la Caridad”, agregó, probablemente también en referencia a la elevada represión de la que fueron víctimas activistas, periodistas independientes y opositores al gobierno durante todo el 2020, sobre todo en los dos últimos meses, como consecuencia de la protesta del Movimiento San Isidro y los reclamos de mayores derechos y libertades por parte de artistas y creadores.

También este sábado, el sacerdote católico cubano Alberto Reyes se pronunció sobre la necesidad de que en Cuba impere un verdadero estado de derecho, donde las libertades individuales sean respetadas por el gobierno.

Para el padre camagüeyano, los cubanos esperan y quieren de este 2021 recién iniciado muchas cosas que son comunes con los anhelos del resto de la humanidad, pero también otras muy específicas, derivadas de su vivir bajo un régimen dictatorial.

Sobre estas últimas, afirmó que esperan tener unas calles llenas de gente feliz y no de agentes policiales, así como la posibilidad de expresarse libremente sin temor a represalias.

En una reflexión que compartió en su perfil de Facebook, y que tituló “Entre continuidad y discontinuidad”, Reyes partió de destacar que “hay una magia hermosa que se expande desde la Navidad hasta el inicio de un nuevo año”.

“Es una sensación de que es posible dejar atrás no sólo lo que nos ha hecho sufrir durante el año que termina, sino también lo que nos traba la vida en el presente. Es un tiempo de esperanza, de propósitos, de optimismo en la mirada y en lo mejor del alma.

Esperamos mucho del 2021. Esperamos, junto con el resto del planeta, la derrota del Covid, el fin de los confinamientos, encontrarnos con aquellos que queremos y abrazarnos sin miedo. Esperamos tiempos más serenos, con más salud, mejor economía y menos sobresaltos”, subrayó.

Sin embargo, agregó, los cubanos esperamos también otras cosas.

“Esperamos poder salir a las calles y decir en alta voz lo que pensamos sin el miedo que nos hace bajar la voz y actuar como el gorrión que ‘pica y mira para los lados’, esperamos unas calles llenas de gente feliz y no de agentes policiales listos para reprimir el menor ‘desliz’, esperamos disfrutar de esa sensación gratificante de pueblo adulto que lucha unido por construir un presente digno sin la tutela paternalista de un Estado que no acaba de entender que su función no es la de agente de control totalitario sino la de ayudar a los ciudadanos a ser cada vez más libres y capaces”, expuso Reyes.

Una muestra del maltrato entre cubanos, físico o no, contra el que llama la iglesia, se produjo el 30 de diciembre en una cola en la Isla de la Juventud.

La fila para comprar en una céntrica tienda estatal que vende en MLC se salió de control, pues las personas vieron que cerrarían sin que pudieran comprar algo con lo que recibir el nuevo año.

Varias mujeres se enfrentaron a un oficial que pretendía que ellas no denunciaran la situación y estaba llamando refuerzos para que lo ayudaran a poner multas.

“No hace [el policía] lo que le da la gana porque tiene un uniforme, no va”, dijo una de ellas.

Varios agentes del Ministerio del Interior acudieron al lugar, para prevenir que continuara saliéndose de control la cola, y terminara en una manifestación mayor. Uno de ellos ordenaba a varios de los ciudadanos más desinhibidos que “no expresaran ahí” sus inquietudes, públicamente, y acusaba a una fémina de decirle “loco”.

Finalmente, la policía se enfocó en Héctor Williams Rodríguez, quien había tratado de mediar en los altercados, pero había apuntado a los verdaderos culpables: la élite gubernamental. Lo rodearon y le dijeron que lo multarían por “alteración del orden”. Los civiles del lugar apoyaron al joven contra los agentes, diciendo que él estaba en su derecho de opinar.

“Esto fue en calle 39, en la ciudad de Gerona, en el horario más o menos de 10 a.m. y 1 p.m. Las personas de la cola estaban enfrentándose entre ellos, me atreví a decirles que no se pelearan más y que tampoco le dijeran nada al policía”, declaró Rodríguez a ADN Cuba.

“Porque al final el agente es parte del pueblo también”, razona el joven, quien además pidió que no arremetieran tampoco contra “el muchacho de la tienda que también es parte del pueblo”.

“Les dije que la cuestión es contra el gobierno, porque es quien tiene la culpa de todo esto que está pasando, que si ellos se proponían ir al gobierno municipal a protestar, a manifestarnos, pues yo iba a ir delante de ellos”, aseguró Rodríguez.

“Esto parece que al policía no le gustó, y entonces allí se comenzó a calentar la situación, y yo les dije que era una locura que esas tiendas MLC las iban a cerrar este miércoles a las 2 de la tarde, cuando son las únicas tiendas en Gerona que tienen algo, aunque las neveras de los líquidos están vacías”.

“Manifesté públicamente que eso era una locura del gobierno, y entonces me pusieron una multa porque yo no podía decir eso del gobierno, dicen ellos que era mentira mía”, dijo el joven a este medio.

Refiere que aceptó la sanción, pero les advirtió que lo iba “a denunciar y que todo el mundo tenía que enterarse de esto”, como muestra de la represión y violación en Cuba contra los derechos y las libertades de la ciudadanía, así como de cómo los cubanos se ven orillados a  maltratarse entre sí por la incompetencia gubernamental y la permanente crisis irresuelta por el régimen.