Estado no da soluciones, solo quiere demoler: familia en peligro de derrumbe

María Cardoza vive en Baracoa, Guantánamo, junto a una familia de más de 10 personas. Los funcionarios de Vivienda dictaminaron que su casa debía ser demolida, pero después de convivir tres años en un albergue de damnificados, ella asegura que no sale de allí a no ser que le den dos apartamentos
 

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María Cardoza, residente en la localidad de Baracoa, provincia Guantánamo, vive junto a una numerosa familia en una casa con pésimas condiciones de infraestructura. Luego de permanecer durante tres años en un albergue acondicionado por el régimen para personas con problemas habitacionales, se trasladó a su actual vivienda, a pesar de que no contaba con instalaciones de corriente eléctrica, tenía filtraciones y problemas en las ventanas y paredes.

“Nosotros estuvimos albergados tres años. Siempre tenían un cuento diferente para darnos la casa, hasta que tuvieron que tuvieron que meternos aquí, sin luz y sin nada. Nos querían 'barajar' la casa”, contó Cardoza a ADN Cuba.

“Por eso me da miedo salir de aquí porque me van a hacer lo mismo. Si no me dan dos casas no salgo”, advirtió.

La respuesta que ha recibido Cardoza de la dirección de Vivienda del municipio es que la casa debe demolerse, pero no le explican cómo resolverían el problema de su familia. Según explicó vive junto a una docena de personas.  

“Mi sobrina, con dos hijos menores de edad; mi hija que está embaraza y tiene una hija de 12 años; mi marido, el marido de mi hermana… Somos 12 en realidad, lo que en la libreta de abastecimiento aparecemos 10”, señaló.

En video transmitido por nuestro medio, la baracoense muestra el estado de deterioro de las ventanas de hogar, tapiadas con cartones, así como el de la cocina y el techo, todo humedecido por las filtraciones que corren desde la segunda planta del inmueble.

“Mira la cocina en las condiciones que está por las filtraciones de la casa de arriba. Y ellos dicen que hay que demoler. ¿Demoler pa' que y dónde me van a meter  a mí? Pa' salir de aquí es con dos casas si no, no me muevo de aquí. Ya nosotros estuvimos albergados 3 años”, dijo.

De acuerdo a sus declaraciones: “La gente de Vivienda las veces que han venido aquí lo que dicen es que hay que demoler. No nos han dicho si nos van a hacer la casa en el mismo lugar, ellos en realidad no dicen nada. Les propuse que si quieren mi casa que me den dos apartamentos”.

“Esto son dos tejas de cartón que me dieron para que resolviera, las tuve que poner en las ventanas. Me hicieron una ficha técnica, según ellos, pero nunca he alcanzado nada para comprar. Dicen que esta casa es por ciclón. No es así. Aquí nunca ha entrado el mar. Esta casa tiene ya más de veinte años de estar así, en estas condiciones, y está así porque nunca nos han dado ningún material, nada”, explicó la señora mientras recorría las diferentes habitaciones de su vivienda, para mostrar el deterioro que tiene.  

“Yo me quedé sin trabajo (…) Mi marido es ayudante de cuentapropista. Mi hija está embaraza y enferma. Ahora dónde pongo la cuna cuando para, tengo que ponerla en la sala, no hay otro lugar. Somos muchos, por eso les pido que me den dos casas” concluyó.

Denuncia  de cubana enferma: “Llueve y mi casa se llena de aguas albañales”

Este mes, ADN Cuba también reportó sobre la situación de María Nazaria Fuentes, quien reside en Baracoa, en la oriental provincia de Guantánamo. Ella es una mujer enferma y denuncia las difíciles condiciones en las que vive, sin que el Estado ayude a resolver su situación.

Cuando llueve, su casa se moja completamente, se inunda, y los equipos electrodomésticos se dañan, pues todo queda cubierto de aguas albañales.

Hay meses, como ocurrió en enero, que el agua entra dos veces. “Tengo la cama encaramada en bloques. Ha faltado solo una pulgada para que suba a la meseta con el fogón. Ese refrigerador nunca ha tocado el piso”, dice a ADN Cuba.

Fuentes denuncia que es “una persona enferma” que se ve obligada a sobrevivir en las precarias condiciones.

Explica que, entre otros padecimientos, está operada de un seno, del intestino, tiene “una glándula crónica cefálica”. También su hijo presenta enfermedades de manera recurrente, por sus defensas bajas: le dio la varicela y en la cuarentena de la varicela contrajo paperas, y luego hepatitis.

“Llegó un punto que la doctora me dijo: 'vamos a esperar qué llega ahora'”, lamentó. Al año, se contagió del dengue clásico, producto de una lluvia.

María Nazaria Fuentes afirma que no recibe ayuda del Estado. Un Delegado de Circunscripción la visitó, pero “vieron mi situación él y otro compañero y me dijeron: 'estamos en proceso, estamos en proceso, estamos en proceso…' Pero hasta ahora no he visto ninguna solución”.

Mientras tanto, Fuentes vive vigilando la lluvia y la irrupción de las aguas. A veces, ni la altura de la mesa donde tiene el refrigerador es suficiente. “Debo sacarlo [cuando hay inundaciones] para la casa del vecino que es la más alta”.

“Se me rompió la lavadora, el televisor… Aquí se moja todo. He perdido sillas, colchones, se me ha roto la mayoría de las cosas que he tenido”, lamenta.

Tampoco tiene baño sanitario. Antes hacia sus necesidades en una letrina, pero el huracán Matthew la derrumbó. “Preparé para hacer mis necesidades en un terreno casi al pie de la zanja, que cuando esto se inunda es todo aguas albañales”.

Ella solicitó un terreno para hacer al menos su baño, pues está cansada de esperar ayudas mayores. “Deberían darme un apartamento, porque si bien pago este rancho podría pagar un apartamento”.

Explica que es “arrendataria permanente”. Hizo una permuta legal, las dos viviendas tenían sus propiedades, pero cuando comenzó a hacer el traspaso de propiedad en 2005 lo engavetaron y se perdió en el laberinto de la burocracia comunista. En el 2012, cuando salieron los papeles, aparecía como arrendataria permanente.

“Mi situación económica es con una chequera que según cobro se la tengo que dar al Estado. La chequera de comer, vestir y calzar. Soy arrendataria, pero tampoco me dan ningún recurso para la vivienda, yo soy la que le da mantenimiento, porque no me gusta vivir como los puercos”.

“Llevo 18 años de vivir aquí y esta situación me pone tan mal de los nervios, que a veces me he tirado en el sofá mientras el agua me deja. Soy nerviosa, cardiaca por presión alta, tengo de todo un poco... Solo uno sabe lo que pasa”, concluye María Nazaria Fuentes.