"Empezó a traquear y salimos corriendo": familia cubana se salva de milagro
El techo comenzó a sonar y la familia se abalanzó fuera de la casa. Poco después, se desplomó a sus espaldas. Nadie resultó herido, pero el inmueble quedó inhabitable
Así quedó la casa de esta familia
 

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Una familia que reside en el municipio granmense de Manzanillo corrió con suerte al salir corriendo de su casa poco antes de que el techo se desplomara, según comentaron a medios locales.

“Empezó a traquear y salimos corriendo todos, ahora es cuando es”, expresó una de las moradoras hace unos minutos al ver destruida parcialmente su casa. El inmueble —al menos lo que queda de él— está ubicado en la calle Sariol, esquina a Dr. Codina.

En las imágenes que compartió el periodista José Ortiz Benet se observa que el derrumbe afectó al techo y a la parte superior de las paredes. Una alfombra de escombros cubre ahora la acera inmediata a la casa, que quedó totalmente inhabitable.

Sus antiguas inquilinas contemplan resignadas los restos de su antiguo hogar, a la espera de la ayuda del Estado que siempre tarda o muchas veces nunca llega, con la mínima satisfacción de haber sobrevivido a una muerte inminente.

Desde hace años, la crítica situación del fondo habitacional en Cuba se agrava por el incremento de los derrumbes en edificaciones en mal estado producto de décadas sin mantenimiento ni reparaciones y la esperanza de recuperar esas viviendas es casi nula.

Cuba tiene un déficit de un millón de casas, con La Habana y Santiago de Cuba entre las provincias más afectadas, una situación que al gobierno no le ha quedado más remedio que reconocer.

Este año el gobierno cubano contabilizó 854 edificios en estado crítico, 696 de ellos en la capital del país, y un total estimado de 849 753 personas afectadas.

En Cuba, las instituciones gubernamentales no permiten el acceso a registros oficiales para constatar la cantidad de familias que acuden a las oficinas alertando del inminente peligro en que viven, de ahí que las redes sociales y la prensa independiente se han convertido en la vía para canalizar las preocupaciones de la ciudadanía y dar visibilidad a sus casos.

A mediados de enero de 2020 una nota trágica conmocionó a la población cuando tres niñas murieron en un barrio de la capital cubana, al desplomarse un balcón de un edificio que estaba siendo demolido.

En octubre pasado murió una mujer de 74 años de edad que quedó atrapada luego de un derrumbe en un edificio de tres plantas, ubicado en Amargura 319, entre Aguacate y Compostela, en La Habana Vieja. Esa fue la última de una cadena de muertes lamentables por la misma causa este año.

En agosto uno de los casos más conocidos en las redes sociales fue el del matrimonio habanero, padres de dos niñas, residentes en la calle Dámaso 905, apartamento 2, en La Habana Vieja, que por temor al colapso total del edificio se vieron obligados a salir en busca de un lugar provisional para evitar el desastre.

Antes, en el mes de julio, otro caso cobró visibilidad cuando nueve familias (22 personas, entre ellos 3 menores de edad) que vivían en el edificio de tres plantas ubicado en Zulueta 505, entre Monte y Dragones, en La Habana Vieja, decidieron instalarse en las afueras del inmueble tras el derrumbe de dos de sus apartamentos.

La solución que ofrece el gobierno es la de trasladarlos a los albergues, pero la mayoría los rechaza porque ya conocen del drama de decenas de ciudadanos que llevan décadas viviendo en esos lugares.

Aseguran que enfrentan todo tipo de dificultades y todos han perdido las esperanzas de que les ofrezcan alguna solución.

En 2018, la organización Herencia Cultural Cubana presentó en Miami un primer informe sobre el estado del patrimonio histórico y cultural de Cuba, que evidencia deterioro y un “patrón de abandono”.

El informe destacó especialmente la situación de inmuebles en La Habana Vieja, donde hay muchos edificios que se han derrumbado, o que están por derrumbarse.

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