Carta pública de un extra casi actor al director de "La Red Avispa"
El extra Ramón Fernández Larrea dirige una carta abierta al cineasta francés Olivier Assayas, director del polémico filme "La Red Avispa".
Olivier Assayas
 

Al director del filme "La Red Avispa":

Estimado ―por ahora― señor Olivier Assayas (y si lo pronuncio mal, que venga Alejo Carpentier a decírselo correctamente):

Usted no me conoce, a pesar de que me ha visto mucho. Estuve junto a usted, o le pasé por detrás, por delante y por los costados durante gran parte de la filmación de la película de los espías que dirigió (y no lo hizo mal, aunque yo lo habría hecho mejor).

El motivo de mi carta es para llamar su atención sobre un desliz suyo, que no quiero pensar lo haya hecho a propósito, o como se dice en mi pueblo, "adresmente": mi nombre no aparece en ninguna parte de su película. Ni en los créditos, ni en los agradecimientos, ni en el póster de promoción. En ningún lado. 

Si usted leyó mi currículum ―cosa que dudo, porque si lo hubiera hecho me habría dado papeles más importantes en su peliculita― se habría enterado de que el cine corre por mis venas, y que estoy apareciendo en películas desde que mi mamá, embarazada de mí, participó en una escena de la película “Los pájaros tirándole a la escopeta”, del director Rolando Díaz, donde tocaban los Van Van.

Desgraciadamente no estudié actuación porque quise empezar por abajo, como un extra. Incluso fui una vez al ICAIC a preguntar cómo podía evaluarme como extra y no se imagina usted cómo me miraron. Pero yo insistí, y cada vez que me enteraba que iban a hacer una película, allí me metía yo, esperando mi oportunidad para demostrar mi valía. Por fin aparecí en el filme “Guantanamera”, de Juan Carlos Tabío y Gutiérrez Alea, en una escena donde Pichi Perugorría, el protagonista, parquea el camión y yo paso en una guagua. Se me ve clarito, clarito, sentado al final.

Estoy seguro de que usted no prestó mucha atención a su obrita, ni siquiera cuando la editó, porque me hubiera visto. Y no es que yo tenga una cara particular, de galán, no. Yo sé que no soy un Robert Redford, ni un Brad Pitt. Pero todos me han dicho siempre que tengo un rostro muy expresivo y que soy un galán asintomático. Pero aparezco tantas veces en "Wasp Network" que le hubiera quedado grabado en la retina, a menos que los franceses no tengan retina, y que eso solamente lo tengamos los que vivimos en el trópico.

En la escena en la que el espía René, interpretado por el venezolano Edgar Ramírez, se roba la avioneta y pasa por encima del litoral, si usted se fija, yo estoy bañándome allí entre las rocas. No levanté la cara ni saludé con la mano porque no me gusta el protagonismo y habría desviado la atención de lo principal.

Otra escena importante en el filme y donde sí tengo una aparición relevante, es cuando Penélope Cruz ―que, por cierto, me dijo adiós con la mano un par de veces― está en la tenería o fábrica donde trabaja su personaje, hay un grupo que avanza por el centro de la nave y yo me veo allá atrás agarrando una piel bastante grande. Y también salgo en la escena de la guagua, cuando ella regresa a su casa del trabajo. No se me ve mucho la cara porque estoy de pie y de espaldas. Yo soy el que tiene una camisa a cuadros.

También actué en otra escena crucial, cuando el venezolano está sentado en una cafetería con Basulto, el de Hermanos al Rescate, es decir, con el argentino que hizo de Basulto. En un momento de la conversación de ellos yo paso rápido y usted solamente me filmó los pies. No sé si lo hizo para probarme o para humillarme, pero yo puedo decir con mucho orgullo que yo metí las patas en su película.

Aparezco brevemente también, y por pura casualidad, en la escena en la que los dos espías se intercambian un papelito en un mercado, porque yo estaba comprando a esa misma hora en ese lugar, y se ve mi brazo agarrando una lata de frijoles negros. No digo la marca porque no quiero hacerle publicidad. Y cuando las avionetas tiran las proclamas sobre un solar de La Habana Vieja, aparezco yo en el tercer piso con las manos levantadas. Otra aparición mía es cuando el venezolano ―coño, cómo sale ese tipo― o sea, el espía al que interpreta el actor, corre por una calle de Centro Habana, me veo al final, al lado de un carro verde, creo que era un Ford del 48 o del 50, es de esos a los que les dicen almendrones.
 

No quiero agobiarlo más enumerando la cantidad de veces que aparezco en este filme. Sé que usted pidió esos actores extranjeros porque tienen su nombrecito y eso le iba a dar más importancia a su película. Pero un poco de reconocimiento al esfuerzo y a los aportes que un extra como yo ha hecho al cine en general y al suyo en particular, no le restaría méritos a nadie. Todo lo contrario, me halagaría, para mí sería un premio inmenso.

No le estoy pidiendo dinero alguno, ni que usted ahora ofrezca una conferencia de prensa para mencionar mi trabajo, ni nada de eso. Con que salga mi nombre al final de los créditos, algo como aparición especial o encabezando la lista de extras, yo me sentiría más que pagado.

Confío en que lo haga, porque no soy persona de amenazas, pero si pasa el tiempo y usted no cumple con esta sencilla demanda, va a sentir el peso de la ley, porque lo demandaré, y su nombre se verá mezclado en asuntos jurídicos.

Hasta entonces, esperando que usted actúe correctamente, queda alguien que contribuyó con su tiempo y su presencia en su trabajo.

PD: No le digo mi nombre ahora. Ya se enterará en los juzgados.

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