Achel la vaquerita: un documental de Ariagna Fajardo
La historia pudiera parecer un cuento infantil con tonalidad rosa, pero la realizadora ha sabido narrar en imágenes un mundo dicotómico, signado por carencias que se infieren
Achel la vaquerita: un documental de Ariagna Fajardo
 

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Uno de los mayores logros del documental Achel la vaquerita es precisamente ese texto a nivel intertextual que elude la historia de una niña que vive el mejor de los mundos posibles. La obra documental de Ariagna Fajardo Nuviola es de las mejores del país. Una obra que insiste en una realidad cruda como lo es la de los habitantes de la Sierra Maestra.

La historia pudiera parecer un cuento infantil con tonalidad rosa, pero la realizadora ha sabido narrar en imágenes un mundo dicotómico, signado por carencias que se infieren, no en lo que la protagonista dice a cámara, sino en las lagunas que se evidencian en la vida de Achel, enfatizando ella esa felicidad de su vida idílica rodeada de animales, naturaleza por doquier, pero carente de familia y amigos.

Estructurado a partir de la observación y la entrevista, el documental se apoya en los testimonios de la niña, quien desde pequeña estuvo rodeada de animales en la finca de los abuelos en Media Luna. En un parlamento define claramente su nacimiento estrechamente vinculado a la vida más natural y a la de sus abuelos en la finca: cuando tenía un año mi abuelo me enseñó a montar caballo, cuando tenía tres años yo andaba sola en una mula, a los cuatro estaba encima de un caballo

Llama poderosamente la atención que en ese universo de Achel, en su sueño de convertirse en amazona cuando sea mayor para estar en un rodeo, nunca vemos o escuchamos a la niña hablar de sus padres o de otros niños de su edad. Pareciera que su familia son los animales, las vacas, los terneros a los que amamanta, las yeguas o los caballos que monta libremente por la geografía de la Sierra. Nunca vemos a la niña jugando con otros niños, o con sus padres, solo su abuelo es mencionado por ella, al que le agradece todo lo que ha aprendido en el campo y con los animales.

La fotografía insiste en mostrar la belleza de la naturaleza del lugar y el desenvolvimiento de Achel con los animales, en ese contexto de libertad y de aire libre alejado de la ciudad es donde su niñez se ha vuelto autónoma, con aire de gran satisfacción dice a cámara: La vida aquí en el campo, libre, es más feliz, hay muchos árboles para que te echen aire, no es estás sofocado como en la ciudad. 

Los grandes planos y los primerísimos planos establecen ese interesante contrapunteo entre, esa niñez feliz, libre, alegre, salvaje, rodeada de animales, y esa naturaleza salvaje que podría ser una proyección de la niñez de Achel. 

Se han privilegiado en el documental los testimonios de la niña en su entorno feliz en la finca del abuelo, pero todo el tiempo nos preguntamos por el papel de los padres en su corta vida, que parecieran no existir, o ser casi nulos en la vida de la niña, quien en todo momento habla de lo que le ha enseñado el abuelo y lo que hará en un futuro cuando crezca, regresar a la finca para continuar el trabajo con los animales.

La independencia y autonomía de Achel pudiera, a su corta edad, estar signada por un abandono paterno que en ningún momento se menciona en el documental, pero que inferimos, por los silencios de la niña, y su día a día rodeada de animales, su verdadera familia

Achel la vaquerita es un bellísimo canto a la libertad plena del ser humano desde el mismísimo nacimiento, condicionado o no por situaciones que desconocemos, la protagonista ha encontrado desde muy joven su lugar en el mundo. Su verdadera familia son los animales que desde temprana edad ha conocido, sus juguetes los terneros, las yeguas, los caballos, un mundo animal que la completa, que la hace sentir a plenitud. La ausencia es presencia en ese universo de naturaleza y de vida salvaje. Un canto pleno a la realización personal desde una niñez temprana, que elude sentimentalismos, y narra la belleza de lo que sencillamente ve.