Cositas Malas, un corto de Víctor Alfonso Cedeño

La 18 Muestra Joven ICAIC recién concluye, comienza un nuevo camino para los jóvenes debutantes y no tan jóvenes que cada año nos proponen sus historias en un espacio catalizador de inquietudes, polémicas, insatisfacciones y hasta anhelos por hacer del joven audiovisual de la Isla un cine transgresor, que pone el dedo en la llaga en conflictos aún invisibles en el cine que se hace desde una industria empeñada en visibilizar historias archi narradas, o narradas desde un pintoresquismo que poco aportan al verdadero crecimiento, no solamente humano sino también social, cine que de alguna manera también se resiente por la endeblez de sus historias y el pobre cuestionamiento a conflictos latentes en la Cuba de hoy, que debieran narrarse sin tapujos ni maniqueísmo, a la hora de concebir historias y personajes para los mismos.

La muestra cumplió su 18 aniversario, y una vez más jóvenes de toda Cuba se dieron cita en la capital para debatir, buscar el financiamiento para nuevos proyectos, y tratar que ese público que los desconoce pueda interesarse por sus propuestas así como cuestionarse el por qué talento joven como el que se reúne en el mes de abril en dicho evento, no logra cristalizar proyectos con la "industria” y sí con el financiamiento de productoras que en muchas ocasiones están asociadas a eventos organizados por embajadas como las de Noruega, Holanda, entre otras.

Cositas Malas es el título del corto de ficción del realizador cienfueguero Víctor Alfonso Cedeño que compite esta vez en la 18 edición de la Muestra Joven, quien con su provocativa e independiente La Casita del Lobo producciones lleva más de una década empeñado en mostrarnos una realidad nada idílica desde la animación.

Ejemplo de ello es Dany y el Club de los Berracos y sus sagas que nos hacen reír pero a la vez reflexionar sobre la adolescencia y los males que la aquejan, más allá del propio conflicto que conlleva la misma en cuanto a edad de tránsito de la niñez a la juventud, para centrar sus historias en la pérdida de valores que tienen un trasfondo y un mal mayor heredados de una realidad y una educación insuficientes, así como poner el dedo en la llaga de la otra cara de la historia no contada sobre edades tan complejas como éstas.

 

El corto de ficción Cositas Malas tiene esta vez la novedad de no ser narrado desde la animación, el sello que distingue a la productora en cuestión. Víctor Alfonso versiona aquí para el audiovisual un capítulo de la novela El verde de las canicas (ediciones Letras Cubanas, 2013) de la escritora villaclareña Marvelys Marrero. El capítulo en cuestión se titula Chiquillos en el solar y narra la historia de una cuidadora y el infierno que vive cada día con los niños que entran a su patio a robar gallinas. Este podría ser el argumento a manera de síntesis de Cositas Malas, que nos muestra de manera descarnada una mirada otra a la infancia y ese período idílico que nos tratan de imponer medios de comunicación y siglos de tradición en el cliché repetido hasta el cansancio de que toda infancia es el momento paradisíaco de nuestras vidas y allí sólo acontece lo bueno.

Cositas malas es una historia narrada con la estética que no ha abandonado desde sus comienzos a la narradora, el realismo sucio. El realizador se apropia del discurso estético de Marvelys para contarnos una historia donde lo que acontece pareciera definitivamente un golpe al mentón y derrumbara pasados breves minutos de metraje el cliché de niños buenos y de infancia feliz y un sin fin de tópicos manidos que no ayudan al verdadero entendimiento y crecimiento del ser humano del mañana. La historia del robo de la gallina de la vecina por estos niños revoltosos y malditos, es mero pretexto para discursar sobre males mayores apenas enunciados en este corto, pareciera que es como un prólogo de una historia mayor que comienza con el mismísimo final del corto.

La cuidadora de niños interpretada por una actriz madura y convincente, Coralia Veloz — recordar a su Profesora de inglés del corto multi premiado del mismo nombre del realizador Alan González—  es la protagonista del relato. Cada mañana esta mujer se enfrenta a unos niños malditos que entran a su patio para robar gallinas. El comienzo del corto es de por sí brutal. Esta cuidadora acorrala a los niños con violencia y los acusa de ladrones. La violencia no es sólo verbal sino también física y transforma a esta cuidadora en un ser traído del infierno.

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La mayor virtud de Cositas Malas es narrar una historia que no es la que aparentemente vemos en pantalla, se nos oculta la verdadera historia de una manera sutil y que el realizador nos sugiere apenas con la banda sonora perturbadora. Los toques de tambor que nos pueden llegar a molestar sirven de apoyatura a la verdadera historia de Cositas Malas, una infancia signada por la pérdida de la inocencia y valores que redundan en esa violencia con mayúsculas del final del corto.

Los personajes de Cositas Malas no son lo que aparentan, se nos invierte así el significado/significante de este relato. Por ejemplo la cuidadora es una mujer hipócrita que se muestra con una doble cara: para la sociedad es una anciana dulce que cuida a una niña, pero en realidad es una mujer sola y retorcida, su insatisfacción la descarga con estos niños que se divierten entrando a su patio para hacer de las suyas. Los niños son la otra cara de la moneda, aquí los niños se nos muestran en constante divertimento, así como el eje central del relato, Marcos (Marquitos) el supuesto niño ejemplar del corto que delata a sus compañeros de juego delante de la anciana.

 

Para la anciana Marcos es un niño ejemplar, callado, respetuoso, solo que Marquitos es ese niño que ya desde tan joven lleva al ser retorcido, mentiroso y falso que también tiene su cuota de ángel y demonio a la vez. Los amigos de Marquitos parecieran ser los revoltosos y maleducados del relato, pero es que el niño “ejemplar”  los incita a compartir sus juegos. La violencia que conlleva el consumo desmedido de videojuegos como los que juegan los niños animados por Marquitos, así como el consumo de porno o postales de mujeres que incitan al sexo, condicionan la vida de este supuesto niño ejemplar de la película. Detalle interesante del relato es que no vemos jamás en pantalla las familias de los niños. Se nos insinúa el abandono o nula participación de la misma en la vida de sus hijos, sólo vemos en pantalla a la madre preocupada que recoge día a día a su pequeña de la casa de esta cuidadora, que le presenta su mejor versión a esta madre que ignora la verdadera esencia de la anciana.

Cositas Malas elude el panfleto infancia feliz y sus consabidos didácticos. Pone el dedo en la llaga en lo que no se nos muestra pero que también convive con nosotros día a día. Sobre todo, intenta sin afeites mostrarnos una realidad que ahora mismo nos golpea en varias aristas, como pudieran ser la violencia de género, la doble moral, la hipocresía, la violencia de todo tipo, la pérdida de valores, la disfuncionalidad familiar, la soledad, los efectos de una vejez desprotegida (económica y calor humano), y la libertad que conllevan elecciones de todo tipo sin el necesario cuidado de padres y maestros por las razones que fueran.

El problema de Cositas Malas no es que los niños practiquen zoofilia, el mal mayor a manera de personaje símbolo es que Marquitos, niño ejemplo para todos, sea el resultado de una infancia que por razones obvias lo está llevando a ser un ser humano violento, desde una edad tan temprana, en la que se debieran cultivar los valores para hacer de él un ser humano sano y pleno.

¿Qué son, en esencia, las cositas malas, qué no lo son?

Un personaje interesante y aparentemente intrascendente es la niña obediente a la que cuida la anciana del relato. Una niña que convive día a día con esa violencia verbal y física de la cuidadora. Aquí también se invierten los códigos de lo que pudiera ser la vejez. Un anciano para la sociedad es un ser vulnerable, al que debemos cuidar y respetar siempre por su experiencia de vida. Sólo que aquí la anciana es también lo opuesto, la anciana del relato es una mujer que por determinadas razones está sola y alienada, vive en un mundo donde el día a día es la cruda lucha por la supervivencia, desconocemos su pasado, pero ella también es el resultado de otros males que se nos insinúan de manera acertada en este corto de ficción. Marquitos y la anciana son las dos caras de la moneda del conflicto: el abandono y la soledad.

La ambientación del corto de ficción sirve de apoyatura al relato para aportar de manera sígnica rasgos de esa pérdida de referentes que van desde lo micro (familia) a lo macro (nación). Uno de los momentos más significativos en cuanto a esta propuesta de la ambientación como personaje, es cuando vemos los niños jugando y en una pared leemos: Sí x Cuba.

Pudiera pasar inadvertido para un espectador común, pero la cantidad de lecturas que propone el grafitti Sí x Cuba connota disímiles significados. El de sugerir de manera sutil la verdadera historia, lo que hace de Cositas Malas un audiovisual transgresor, molesto, polémico, pero que nos convoca a mirarnos sin coraza y reflexionar todos sobre esa otra realidad que es también Cuba, y de esas pequeñas historias de sujetos preteridos, que han quedado al margen de un sistema social que intenta protegerlos, y  pero que no ha podido de alguna manera resolver la pérdida de valores en los niños y los jóvenes, así como insistir en la importancia del amor y el cuidado de todos, sobre todo de las edades más protegidas: la infancia y la vejez.

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El final del corto es de una crudeza que no deja indiferente al espectador. Esa niña que día a día es violentada por la hipócrita cuidadora volverá a ser víctima otra vez de la violencia. Se nos insinúa un final ambiguo, pero que a su vez podría ser el resultado de la acumulación de las vivencias de Marquitos y la posibilidad real de vivenciarlas a través de lo que la realidad le está dando. Marquitos será el cuidador de la niña ingenua, la anciana le ha visto como ese modelo a seguir, y le concede la custodia de la niña por el tiempo en que dure en resolver el conflicto con las familias de los supuestos niños “malos” de la historia. Comienza así otra historia no contada, o que se nos sugiere, de una fuerza dramática abrumadora y desconcertante.

El corto de Víctor Alfonso Cedeño es en esencia continuación de su propia filmografía, desde la animación y su saga Dany y el Club de los Berracos. El insistir en aristas ocultas de edades sensibles, como la adolescencia y en esta ocasión la infancia, la pérdida y la caída en picada de los valore, y la espiritualidad, son llamados de atención en la obra de Cedeño que regresa de manera contundente con el debut en el corto de ficción Cositas Malas, dejándonos un sabor amargo y un desconcierto, pero eso sí, con una necesaria reflexión sobre la condición humana, sus matices, y las múltiples lecturas válidas para el arte todo, porque para eso se crea, para cambiar un estado de cosas que hay que subvertir, y sobre todo para provocar.