Villa Jabón Candado y Villa Jabón Bandido

En un lugar de La Habana el difunto Diego Armando Maradona tiene una casa. La casa se la regaló el también difunto Fidel Castro, el otro “Padre de las Casas”, dictador en jefe y dueño de tierras y de indios
Imagen de Portada: Ilustración de Armando Tejuca.
 

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Imagen de Portada: Ilustración de Armando Tejuca.


 

En un lugar de La Habana del que no puedo acordarme el difunto Diego Armando Maradona tiene una casa. La casa se la regaló el también difunto Fidel Castro, el otro “Padre de las Casas”, dictador en jefe y dueño de tierras y de indios, de ideologías y futuros inciertos, de voluntades y odios bajo la mesa, y de cuanto se movía o arrastraba bajo el cielo patrio, porque el patrio de Fidel era particular y solamente se mojaba cuando Él lo decidía.

De modo que Diego Armando, que necesitaba un techo bajo el cual cobijarse para inhalar, cuando le daban un pase en la clínica (pero era “un pase” distinto), recibió del Castro mayor un habitáculo, del mismo modo que hacía antes mediante un sorteo aquella marca tan promocionada que se llamó Jabón Candado, que hacía villas pero no Castillas, como premio a su fervor, su ardor y su amor, tan incondicional que no solamente se tatuó en su propio cuerpo el rostro barbudo de Fidel, sino que cada mañana, sin haber espantado la resaca de todo lo bebido, agarraba con mano poco firme el aerosol, y ponía en la pared: “Fidel, te amo'".

Lo amaba tanto que decidió morirse el mismo día que el barbudo despistado que nunca encontró el Cuartel Moncada. Por eso y por otras razones, tatuajes aparte, Maradona era considerado un amigo, siempre bienvenido a la isla. “Después de su muerte, Miguel Díaz-Canel envió un mensaje de condolencias al presidente de Argentina, Alberto Fernández: "En nombre del pueblo y Gobierno cubanos y del General de Ejército Raúl Castro Ruz, le traslado las más sentidas condolencias por el fallecimiento de Diego Armando Maradona, entrañable y fiel amigo de Fidel y de nuestro pueblo", escribió Díaz-Canel.

Como Cuba es un eterno verano (o lo era hace algún tiempo) y la gente se enteró que Fidel le repartía casas a los que le caían bien si demostraban ser revolucionarios, todos los días caía alguien distinto. Debo aclarar que para Fidel Castro un revolucionario era todo aquel que jamás lo contradecía y al que se le aguaban los ojos si les mencionaba al Ché Guevara. Así pasaron por la isla montones de Montoneros, chilenos de ultra- izquierda, Sandinistas, Tupamaros, millonarios fugados del FBI y Assata Shakur, prófuga de la justicia norteamericana. El Delirante en jefe repartía tantas casas a sus amigos que hubo habaneros que tuvieron que irse a vivir en el interior, y algunos miles al exterior. Todavía pienso que Mengistu Haile Mariam, Pol Pot y Malcom X no han muerto, sino que viven en La Habana, disfrutando alguna mansión que les dio el hijo de Ángel.

 

Pero, que yo sepa, ninguno le ha llegado al tobillo a Maradona. Nadie ha grabado su amor delirante en las paredes. Esa declaración matutina del número 10 por el número 1 es insuperable. He tenido que aguantar mis impulsos para no poner yo mismo en este apartamento de Miami Beach: “Fidel, te amo”. Aunque, pensándolo bien, Diego Armando debió haber escrito, de cuando en cuando: “Esta es tu casa, Fidel”, porque era la verdad. Si el resto de los cubanos, que iban a perderlo todo o ya lo habían hecho, lo ponían, cuando solamente les quedaba el fervor y el miedo, el miedo y el fervor, que juntos hacen parir un pánico enorme a estar sin estar o a que alguien lo descubra y entonces ya no estén, o dejen de ser. Maradona, después de escribir ese disparate amoroso miraba su pasaporte, y como sabía que podía salir del país cuando quisiera, si no lo aguantaban, escribía en las paredes de toda la cuadra: “Te amo, Machado Ventura”, “Eres lo mejor, Rauli”, “Ramiro, cuando quieras me sacas las uñas”. Y total, la casa era suya. Se la había regalado el único que nunca compró una casa, pero regaló las de los demás.

Uno que también hizo una acción parecida fue aquel pobre muchacho llamado Eduardo García Delgado, que entró dolorosamente en la historia por escribir en una pared el nombre que luego sería un nombre infame, para muchos, menos para Diego Armando acabado de levantarse. Pero Eduardo cogió casa. Ni cajita. Aunque gracias a Nicolás Guillén su nombre sonó un poquito en el hit parade con aquello que decía:

"Cuando con sangre escribe
FIDEL este soldado que por la Patria muere,
no digáis miserere:
esa sangre es el símbolo de la Patria que vive.

Pensando en Maradona, en la casa que le regaló Fidel (le dijo “Oh, toma, toma la mía, yo tengo más en mis casas”), en el Regalón en Jefe, en aquellas paredes manchadas de sangre y de pintura, se me ocurrió hacer a aquellos versos una versión un poco más moderna y más actualizada. Es decir, una versión más pa´cá. Una aversión:

Y cuando se enjabona
y otro nombre en el mundo parece ir buscando,
puede ser Diego Armando,

que, si aspira otra raya, Fidel se le encabrona.

Cuando me fui, me quitaron mi casa. ¿Le decomisarán la suya a Maradona aunque no esté en el mismo lugar donde yo estoy?

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.