He volvido revolvido

El ejemplo que nos han dado los muchachos del Movimiento de San Isidro es que se puede desafiar al poder y que en Cuba todo tiene que cambiar
Escritor Ramón Fernández Larrea, señalado por Raúl Castro. Fotomontaje: ADN Cuba
 

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Me dolía no estar. Me dolía no tener tiempo para escribir en ADN Cuba, mi casa. Que no me alcanzaran ni el salario ni el tiempo para opinar, que en el argot científico de escritores y pensadores se denomina “meter la cuchareta”. Estaba nervioso, alelado como Díaz-Canel, preocupado como Marino Murillo, y disgustado como cualquier policía.

En fin, que no veía la hora de volver para revolver, con inmensos deseos de meterla, y hablo de la cuchareta.

Más allá de lo trágico de los últimos -que ojalá no lo sean- y más recientes sucesos ocurridos en esa isla risueña, recostada al Caribe -que no es un mar, sino un mal recostado a un televisor- y rociada con el gas verde olivo de su ejército, que es el pueblo uniformado golpeando y asustando al pueblo desinformado, ansiaba regresar a este medio, aunque fuera medio lelo y a medio tiempo y poner mi granito de arena en la actualidad. Un granito de arena que si estuviera en Cuba sería sin duda un seboruco contra la cabeza heroica de esos seborucos del Minint, que se creen gloriosos desde aquella bazofia de serie llamada En silencio ha tenido que ser.

Confieso que una de las cosas que me impedían incorporarme nuevamente al equipo de este sitio era lo doloroso de la situación cubana, que cada día me abrumaba con su bruma, y me encolerizaba con su cola, sobre todo si es de pollo, que parece ser la única cola que existe actualmente. Y como la situación en la isla es casi por primera vez seria, no sabía yo si iba a servir la ironía, por fina que fuese, o el humor, por pedestre que fuera. Hasta que me dije que sí, y dale manguera por dentro y por fuera. Que fina es una gallina y también una vecina, y yo más fuera no puedo estar.

Porque si algo temen las dictaduras después de ser señaladas con un dedo, es que ese dedo que los señala provoque una avalancha de risas, aunque sean amargas. Los dictadores se toman ellos mismos tan en serio que cualquiera que ría los hunde, y les hace perder el equilibrio. Y la dictadura cubana ha ido perdiendo almidón para convertirse en una bronca tumultuaria de carnavales, donde los que están encima de la carroza le pegan sin misericordia a los de abajo, y cuando los de abajo gritan, ellos suben más la música hasta no escucharse ni quiera a sí mismos.

Y ya estoy de nuevo aquí, aquí, para quererte, para decir lo que pienso que todos pensamos. Y lo que todos pensamos es que acabó el tiempo en que las mentiras funcionaban o uno se hacía el que meditaba para no ser considerado un enemigo.

De todos modos, pensar distinto en Cuba te convierte en un enemigo, en mercenario de la peor ralea, y en un agente de la CIA comiendo jalea. Porque el poder no soporta que lo cuestionen, ni que lo señalen, aunque sea para ayudarlo a mejorar. Un policía no nace, se hace. Es decir, nace hijo de puta, pero se va superando hasta alcanzar las cotas de sicopatía que el oficio requiere.

Así que el ejemplo que nos han dado los muchachos del Movimiento de San Isidro es que se puede desafiar al poder y que en Cuba todo tiene que cambiar. Un país empobrecido en el que las autoridades siempre encuentran culpables al ciudadano o al “bloqueo”, no es un país normal. Y no es normal porque esa sospecha bloquea también al ciudadano.

No escribo más. Ya la metí, la cuchareta. He volvido y he vuelto y ya todo está dicho, aunque parezca que no he dicho nada, porque el que nada ha dicho hasta ahora ha sido el espontáneo Miguel, al que hicieron presidente un día porque los demás eran menos confiables, y este, al menos, podía conectar con su pueblo por muy hambreado que estuviera, el pueblo.

Porque tiene Virtudes que no hacen esquina con San Rafael, sabe bailar casino y tocar tumbadoras. Y total, no piensa, y eso es una virtud en sí misma, pues cuando piensa algo y lo dice, no se le entiende.

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.