Este abuelo es peligroso y muerde

No puede uno dejar suelto a un abuelo que nadie sabe cómo o con qué ha llegado vivo tras un largo camino que parece no terminar nunca
Este abuelo es peligroso y muerde. Ilustración: Armando Tejuca
 

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Tener un abuelo en Cuba es como tener en la casa una reliquia, un animal prehistórico, un ser que vivió intensamente todos los disparates del proceso revolucionario y ha sobrevivido por puro milagro, por tenacidad, o para llevarle la contraria al gobierno, aunque no se dé cuenta o no lo diga.

Y como a toda reliquia, hay que cuidarla. No puede uno dejar suelto a un abuelo que nadie sabe cómo o con qué ha llegado vivo tras un largo camino que parece no terminar nunca. Eso mismo hace a ese familiar tan peligroso, y ha de estar, en un régimen policial como el cubano, bajo constante escrutinio, por la única razón: conoció el pasado y puede compararlo con el presente.

Ya tener un abuelo que no padezca de algo que la potencia médica no pueda resolver, o que no haya enloquecido o dañado el criminal bloqueo, es como haber ganado la lotería. Y si es un abuelo con cierta memoria, aunque padezca dolencias normales de su edad y cierto ligero deterioro, regalo de la postergada construcción del socialismo, merece por parte nuestra todo el cariño, el respeto, las atenciones y las consideraciones, aunque uno piense que, de alguna manera que se nos escapa de las manos, es un poco culpable de cómo está la isla en el presente. 

A pesar de eso, hay aún abuelos guerreros, invencibles, de aquellos virtuosos combatientes que, aunque el alzheimer no les deje completar la frase, uno sabe que gritan que “solo los cristales se rajan...los hombres...los hombres...etc”.

Ha sucedido algo asombroso hace unos días en la ciudad de Holguín, donde los veteranos integrantes del Batallón 108 (se ruega no rimar) “se declararon listos para reprimir con palos a los cubanos que se manifiesten contra el gobierno”. La primera reacción es de incredulidad, de asombro y de curiosidad, porque a la mayoría de los ciudadanos de la isla les da lo mismo que sea el batallón 108 (no rimen, por favor) o el 69. Nadie sabe qué rayos es y a nadie le importa, pero tratándose de una proclama violenta, aunque en Cuba la violencia y la guapería patriótica son normales, hay que tenerlo en cuenta.

Así que uno sigue leyendo, no vaya a ser que algún abuelo mío no haya muerto en realidad y se haya fugado para Holguín, con el deseo de revivir viejas glorias, y encuentra la otra parte del mensaje de estos ocambos guapetones que dicen que "Los combatientes del Glorioso Batallón 108 de Holguín al lado de su Revolución. No tendremos las armas que usamos en el Escambray ni con los machetes de las tres guerras. Como ya pasamos los 70 años tendremos palos para emparejar a jóvenes violentos llenadores de odio". 

¿Un viejo con un palo pudiera partirle la siquitrilla a un gusano revoltoso? Si llega a levantar el tronco y acordarse de bajarlo con fuerza y, sobre todo, sobre quién descargar el leñazo, es posible, aunque a la mayoría de la gente le dé lástima, vergüenza y hasta un poco de ternura la bravuconería de estos abuelos. Solo falta que en su cerebelo se mezclen otras consignas del proceso revolucionario y digan aquello de “hacer más con menos”, que acabaría de confundir al mundo preguntándose cómo se puede “hacer más con menos” dando toletazos. 

Lo tierno y conmovedor de este comunicado, del que inmediatamente se hizo eco el gobierno de Holguín a través de la plataforma Twiter, es que a pesar de haber estado en el Escambray, lejos de sus casas, apartados de su familia (a la que debían cuidar y educar) y que algunos, al parecer, han tenido machetes de las tres guerras, lo que los convierte en viejos casi decrépitos, todavía se declaren dispuestos a salir a la calle a golpear y mancillar, que es lo que los cubanos de esa edad confunden por “combatir”, sin darse cuenta de que apalearían y herirían a sus propios nietos.

Muchos, la mayoría, no tienen de seguro un buen colchón donde caerse muertos o descansar cayéndose vivos. Pero sí una pensión que es para morir del susto viendo qué pudieran comprar con ella, así que lo de caerse muertos ya va garantizado. Sospecho que la gran mayoría prefiere estar fuera de su casa por puro instinto de conservación, para no morir aplastados por ese techo que amenaza caer desde que se fueron a combatir para el Escambray.

Lo peor de todo esto es que el problema no está solamente en estos combativos ancianos y en el glorioso Batallón 108, sino en que solamente son una muestra pequeña del grado de contaminación que el Orate Mayor, el Delirante en jefe, repartió a su alrededor. Tan intensa fue su llama, tan poderoso su fuego que, además de no haberlo podido apagar a tiempo, chamuscó y derritió las neuronas y barreras mentales de gran parte de la población que ya era adulta antes del “accidente” de 1959.

Y si no me creen, aquí van otros datos para que valoren la posibilidad de poner a buen recaudo, por cariño y por deber filial, a estos ancianos peligrosos y delirantes: “En octubre de 1959 Fidel Castro Ruz ordenó la creación de la Milicia Nacional Revolucionaria en Cuba. Según indica Ecured, en Holguín participaron de estas milicias el escuadrón 71 del Ejército Rebelde y trabajadores de diversos sectores”. Sigue diciendo la nota que: “El 11 de diciembre de 1960 se constituyó el Batallón No.108 a partir de las plantillas de 4 compañías de milicias existentes en la zona urbana de la Ciudad de Holguín. Este Batallón participó en la operación militar conocida como "Limpia del Escambray" y en otras acciones convocadas por Raúl Castro. Actualmente los miembros que sobreviven son combatientes de la revolución ya jubilados. Sobrepasan los 70 años de edad.

Es decir, que desde 1960 los dos Castros les jodieron las navidades y los sucesivos fines de año a esos abuelos, separándolos del cariño de su gente y poniéndolos a defender lo que ellos creían que era la “revolución”, que era, ni más ni menos, sus ganas de mantener el poder para acabar con la quinta y con los mangos las décadas siguientes.

Al parecer los sobrevivientes de esa fuerza letal que es el Batallón 108 (que no rimen, coño) mantuvieron un bajo perfil en los descalabros posteriores, léase zafra de los Diez Millones y un largo etcétera que pasa por cocodrilos, huracanes, la vaca Ubre Blanca, la guerra de Angola (a la que muy pocos pudieron haber concurrido porque no dejaban llevar palos), la caída del muro de Berlín y el “desmerengamiento” de la Unión Soviética,  y todo el largo etcétera que va desde la retirada del compañero Bola de churre hasta el “relevo generacional” que culminó con la designación unánime del Puesto a dedo como presidente.

Y ha sido él precisamente, el canoso del pronunciado apéndice nasal, quien volvió a alborotar a estos veteranos irredentos cuando “pronunció un discurso en la Televisión Nacional en el que indicó a los seguidores del régimen que "la orden de combate estaba dada" para que salieran a las calles de todos los rincones del país a enfrentar a los manifestantes”.

Parece un chiste, pero no lo es. Parece patético y lo es en demasía. Parece triste, doloroso, vergonzoso y muestra la degradación moral de un pueblo miserable material y espiritualmente. 

Lo único que sugiero es que la familia de los 21 invencibles abuelos del Batallón 108 los recojan y les den cariño el tiempo que les quede en esta vida. 

Y que, por favor, alejen de ellos machetes, toletes, pistolitas de agua y cuchillos para la mantequilla.

Total, ya no hay mantequilla.

*Ilustración: Armando Tejuca

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.