Carta del “boina negra” Titi al “boina negra” Toti

Desde Cuba nos mandan una primicia: una fuente anónima pudo capturar varios mensajes que intercambiaron dos “boinas negras” de la llamada Brigada Especial Nacional del Minint
Ilustración del cuarto de un "boina negra". Armando Tejuca
 

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Desde Cuba nos mandan una primicia: una fuente anónima pudo capturar varios mensajes que intercambiaron dos “boinas negras” de la llamada Brigada Especial Nacional del Minint. Hemos logrado descifrar (a duras penas) y entender a medias lo que parece una consulta muy importante que un guardia le hace al otro, gracias al traductor de Google y a un vecino repartero que domina el lenguaje actual de los moninas y de las redes.

Pero antes debiera aclarar qué cosa es en Cuba un “boina negra”. Un “boina negra” es alguien que cubre su cráneo con una pieza textil de color oscuro, para protegerse del sol o para adornar el lugar donde debía estar el cerebro. Existen en el mundo los “cascos azules”, que son de la ONU, los “boinas verdes” del ejército americano, los “boinas rojas” en Venezuela (también en Cuba) y los gallegos que usan boinas. Ninguno de ellos es tan imbécil como el cuerpo más represivo de la policía cubana.

En una página de internet son descritos de esta manera: Vestidos completamente de negro, los “boinas negras” poseen un gallo de pelea en su escudo (este detalle es tal vez para cumplir aquello de “pollo por pescao”) y pertenecen a la Brigada Especial Nacional (BEN), instruida por el Ministerio del Interior, y están especializados en diversas tareas de contención de la violencia y otros escenarios, como: lucha contra el terrorismo, delincuencia organizada (de la delincuencia desorganizada se deben ocupar otros) y protestas ciudadanas, como las que se viven ahora.

En el caso de estos brevísimos e inteligibles mensajes que intercambiaron los dos esbirros especiales (son esbirros de primera que deben dormir amarrados porque si no, pueden partirse ellos mismos la mandíbula a puñetazos) la primera parte está llena de onomatopeyas y frases en clave, pero, tras mucho cavilar y analizar, comprendimos que el “boina negra” Titi le consulta al “boina negra” Toti un grave problema moral, suscitado, motivado o provocado por una gravísima y seria situación familiar.

Debo advertir que esta comunicación en clave parece un método habitual entre estos instrumentos del terror. Y también que el contenido de los mensajes puede herir sensibilidades. En cambio, estos dos “boinas negras” pueden herir e incluso matar no solamente sensibilidades, sino personas, perros, gatos, defensas de guaguas y latones de basura. Están fabricados para eso. Estos son los primeros mensajes que intercambiaron:

Titi: El mío, ¿patria o muerte?

Toti: Desmaya la talla, que el capitán se huele lo nuestro.

Titi: Que no, yunta, es otra talla. ¿Somos continuidad?

Toti: Afirmativo. Palo que sea, Canel, palo que sea.

Titi: Dime si pang plum, fuácata, siá cará, ptssss, tranca.

Toti: Lo de la tranca sí, pero el capitán se huele lo nuestro.

Titi: no, yunta, que la pura está fula, y me está maleando la bolá. ¿Combativo o no combativo?

Toti: Eso es correcto.

Hasta ahí todo parece inocente. Dos amigos, o más que amigos, dos compañeros de violencia, que llevan años soñando con Bruce Lee y Jean Claude Van Damme, haciendo crecer sus músculos y musculitos a golpe de entrenamiento y ejercicios: barras fijas, planchas, cuclillas, abominables y carreras con obstáculos para tener una constitución más fuerte, una constitución mejor que esa Constitución que dice que el partido está por encima de todo, y reprimiendo sus deseos de reprimir, que es reprimir dos veces.

Tantos años parándose frente al mar a ver si aparecía un marine americano. Tantos años mirando al cielo a ver si les caía maná y de paso un paracaidista yanqui. Tanta impaciencia por probar si pueden tumbar un caballo de una trompada, y nada. Han hecho crecer su cuerpo y han querido extender su mente, pero la mente no aparecía por falta de organismo emisor, es decir cerebro.

Pero algo preocupa profundamente a Titi, que se ahoga y llora, y no sabe qué debe hacer, con las patas enredadas entre el amor filial y la fidelidad al partido y a la patria. Al fin los siguientes mensajes nos dieron la clave:

Titi: Yunta ¿tonfa o cabilla?

Toti: El que no salte es yanqui. Guanta, Titi, manopla.

La historia es dolorosa y duele. Titi ha querido decirle a Toti lo siguiente:

“Compadre, la vieja me está embarcando. Yo amo esta Revolución y doy la vida por ella (por la pura no, por la Revolución). Pero ahora la vieja me está serruchando el piso. Lleva días tarareando la canción gusana esa del mulato lindo ese que está tróculo y buenísimo, 'Patria y vida', y si los vecinos la oyen, van a chivatearme.

“Cada vez que lo hace me doy una galleta y grito para que piensen que soy yo combatiéndola. Pero esta mañana se pasó. Se ha puesto a escribir mensajes de la CIA en todas las paredes de la casa, sobre todo esa consigna cochina, esa ofensa a nuestro querido presidente. Con su letra ha puesto a dedo hasta en la tasa del inodoro 'Díaz-Canel sin...'

“¿Qué hago? ¿Me voy de la casa y la echo pa´lante? ¿Le doy un pase a la vieja y le parto cuatro o cinco huesos? Yo, en el fondo, la quiero, un poco menos de lo que te quiero a ti y a nuestro capitán, pero es la pura la que me dio este cuerpo que tanto te gusta. No sé qué hacer para defender a nuestra Revolución en mi propia casa. Dime qué hacer. Somos continuidad, cambio y corto”.

Toti, solícito y amable, pero revolucionario y combativo, le respondió: “No, consortín, no te metas en llamas, no toques a tu vieja. La madre es sagrada. Déjame eso a mí, meto pa´ comando y arreglo el lío. Pero tú tienes que hacer también algo por mí”.

Y cuando Titi pregunta qué debe hacer, Toti, en clave, le dice que también le dé un pase a la suya, que le ha dado por despertarlo cada mañana al grito de: “Oe, policía, pin...”

“Pero dale suave, que ya una vez le rompí el tabique cuando la agarré hablando por teléfono con el hermano mío que está en la yuma”.

Toti cierra el acuerdo así: “Oe, Titi, y a lo mejor hasta nos dan una jabita”.

Y Titi, contentísimo, responde: “Coño, sí, jerarca, la vieja se va a poner contenta cuando vea la jabita. No le des por los ojos”.

 

Portada: ilustración de Armando Tejuca para ADN Cuba

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.