Cuba: Infección bacteriana con conjuntivitis asociada y sin medicamentos

El reportero independiente, Héctor Valdés Cocho cuenta en ADN Cuba cómo es tener una infección bacteriana con conjuntivitis asociada y sin medicamentos
Cuba: Infección bacteriana con conjuntivitis asociada y sin medicamentos
 

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*Por Héctor Luis Valdés Cocho

Hace más de una semana vengo quejándome de una molestia en el ojo izquierdo, como una especie de cosquilleo bastante molesto la verdad. A los dos días de sentir ese malestar, me percato de que un orzuelo me había salido, el cual al otro día desapareció como por arte de magia. Pensé que sería algo pasajero pero antier noté que no sería así. Comenzaron a salir varios de estos molestos granos y con ellos una fuerte inflamación en el borde ocular, secreciones y demás cosas que daban a entender la presencia de una fuerte infección. El enrojecimiento, la comezón, el lagrimeo constante afirmaba lo que sería una bacteria alojada en ese sitio con una conjuntivitis asociada, algo que ya me tenía bastante asustado . 

En la noche de este 17 de enero, ya al no poder soportar más el dolor y las fuertes punzadas que me daban en cortos intervalos de tiempo, mi pareja y yo nos dirigimos al Instituto de Oftalmología Ramón Pardo Ferrer, más conocido para los cubanos como La Ceguera, sede de una de las estafas más grandes cometidas por el régimen cubano, como lo fue la Operación Milagro , que bajo el supuesto estandarte de cooperación médica , daban la  más sutil propaganda del nuevo método de esclavitud moderna.

Al llegar nos recibió un galeno, quien de una forma amable me dice lo que ya yo sospechaba: Infección bacteriana con una conjuntivitis asociada y una gran celulitis alrededor del ojo . 

Luego de ponerse de acuerdo entre él y su colega deciden explotar el orzuelo y de ahí recetar lo que hace más de un año escasea a lo largo y ancho de este centro penitenciario en el medio del mar Caribe, llamado país.

Cuando recibo en mis manos las recetas, tomo conciencia de que en ese momento comenzaría lo que yo llamaría una carrera de obstáculos o buscar una aguja en un pajal. Buscar antibióticos como la Amoxicilina o una vitamina A sería como arar en el mar o cruzar el desierto con falta de suministros. 

¿Cómo es posible que un gobierno que se engrandece en llamarse potencia médica" , esté atravesando una crisis medicamentosa por incompetencia de los que enarbolan esa frase ante organismos internacionales?

Es inaudito que el conseguir una pastilla que te alivie los males se haga tan imposible en una sociedad que se enorgullece al mencionar su excelente servicio de salud. Es totalmente ilógico que para el cubano de a pie sea un problema hasta enfermarse.

Ya no es sólo la crisis alimentaria que vive nuestra sociedad, los constantes atropellos que vivimos, las violaciones diarias a todo tipo de derechos humanos, ahora también tenemos que vivir con aquello que no podemos darnos el lujo ni de enfermar.

Es una total falta de respeto que la mayoría de los antibióticos que necesite una persona que está sufriendo una infección estén en las farmacias internacionales, vendiéndolas en una moneda que no se paga y a un precio que no se ajusta al bolsillo del cubano de a pie.

Es una aberración descomunal que estemos viviendo en estos tiempos , donde prima la diferencia de clase social y como comúnmente lo conocemos: "el quítate tú para ponerme yo".

Farmacias en moneda libremente convertible (mlc) y así tienen el descaro de llamar injerencista o mercenario a quien reciba ayuda del exterior. ¿Cómo llamarían ustedes a ETECSA o a las miles de tiendas que ofertan este tipo de servicio en esa moneda? 

Hay que tener la cara bastante dura como para pararse diariamente delante de 11 millones de personas y repetirles el mismo cuento. Pero más tenemos la cara dura nosotros de aguantarle la misma verborrea.

Da pena ajena que obliguen al cubano depender de la ayuda internacional que puedan ofrecerle sus familiares o amigos para comprar algo que alivie su malestar.

Es un asco tener que vivir entre tanta mentira, pero causa más repudio tener que seguir aguantándolas 61 años más por no sentirnos lo suficientemente valientes como para decir ¡Basta!