Esto dice la baraja sobre el año que espera a Díaz-Canel
​​​​​​​Esta mañana eché las cartas a Miguel Díaz-Canel. Nunca había consultado a un político, pero hice lo mismo que hago cuando leo el tarot a un ciudadano cualquiera
Una cartomántica baraja las cartas del tarot.
 

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Esta mañana eché las cartas a Miguel Díaz-Canel. Nunca había consultado a un político, pero hice lo mismo que hago cuando leo el tarot a un ciudadano cualquiera: barajar, partir el mazo en tres, elegir uno entre esos tres trozos (o trazos) del destino y desplegarlo. Elegir de nuevo justo diez cartas, porque esto se trata siempre de elegir como en política, y ponerlas en cruz.

La periodista Mónica Baró me preguntaba en la Nochebuena, con ese buen augurio que es el olor del asado, dónde aprendí a tirar el tarot. Le dije que por ahí, añadí algo sobre el renacimiento mágico francés, algo confuso acerca de los maestros que veían el tarot como un código que remite a Dios, y me guardé lo demás sobre mi tía, una cartomántica de Sagua la Grande.

Mi tía, la verdadera maestra que tuve, cobraba cinco pesos por sus lecturas de la baraja española. He creído que por eso, por cobrar poco y usar malos naipes, solo podía captar pequeños eventos. Digamos, si su cliente fuera Díaz-Canel, ella hubiera entrevisto las discusiones domésticas con Lis Cuesta, pero jamás podría captar los desacuerdos con Raúl Castro o la sombra de Donald Trump sobre la Plaza de la Revolución. Mi tía avisaría sobre una enfermedad en los huesos del presidente, pero jamás hubiera entendido que las cartas pueden hablar, si se les pregunta, de la enfermedad en el cuerpo de un país.

Le hice la cruz a Díaz-Canel. Con su foto delante y su fecha de nacimiento a la vista, armé la cruz celta. Esta tirada que voy a interpretar ahora en provecho del interesado es fiable, no es un rompecabezas para denigrar o complacer. Estas cartas son tan ciertas como un plato vacío en Centro Habana y tan ilustrativas de la situación nacional como una parada llena en El Vedado. Estas cartas son exactamente las que saqué para Díaz-Canel y, si miento, que pierda este don.

Empecemos. Miguel, ponte en cruz.

El presidente cubano no encuentra soluciones para la crisis que vive el país, ni siquiera consigue captar la dimensión de esa crisis (Dos de Espadas), por más que sabe que la meta de su gestión es la satisfacción de las necesidades de la gente (Diez de Copas).

Díaz-Canel sabe que está obligado a actuar, pero no sabe qué hacer, cómo empezar. No puede actuar libremente, su capacidad de decidir está limitada (El Mago aparece invertido), y su potencial como gobernante sigue pendiente. Esa es la base del problema. El proyecto de sociedad que se plantea tampoco es el deseado por la gente y a él mismo le parece poco viable (Cuatro de Bastos, invertido).

 

 

En su vida política antes de ocupar la presidencia, cuando era ministro o líder comunista en las provincias, tenía un discurso más original y podía permitirse libertades que ahora echa de menos (El Loco, invertido también). Esa sensación de autonomía no le duró. Sus ilusiones se perdieron, como es costumbre.

En el futuro habrá (más) escasez en Cuba (Seis de Oros). El gobierno tendrá que racionar, como ha hecho hasta ahora. La economía es tan ineficiente que ningún esfuerzo de distribución puede garantizar bienestar. El problema es estructural.

Miguel, el séptimo arcano te describe a ti. Eres persistente (Nueve de Bastos). Fuiste el único sobreviviente entre los políticos de tu generación que parecían adecuados para ocupar la presidencia. Estás a la defensiva siempre, a causa de la desconfianza que tienen los viejos militares. La gente, al fin y al cabo, te ve como alguien que podría mejorar sus vidas (Caballero de Copas).

Temes no estar haciendo lo justo (Reina de Espadas, invertida). Por momentos casi tienes la certeza. Eso no te deja tranquilo.

En 2020 no cambiará nada en Cuba. La violencia, si hace falta, garantiza que todo continúe como hasta ahora (La Fuerza, invertida). Tenemos una tradición de abuso de poder.

Marcos Paz, nublado por el humo de un cigarro barato, vio la tirada. Estaba trasnochado, mal peinado, radical. Dijo que en Hong Kong, por ejemplo, la gente anda tirando ya con arcos y flechas y que yo solo tiro el tarot.

Me echó las volutas en la cara. Y entonces le dije que Fidel no es Mao, La Habana Vieja no es Kowloon. Que no sea tan barajador.

Escrito por Maykel González Vivero