Abel Sierra Madero: “No podemos llamar diálogo a una catarsis”

"Mientras que San Isidro o el 27N sigan siendo fenómenos urbanos o habaneros, sus miembros van a ser un blanco fácil, sobre ellos seguirá cayendo el peso indiscriminado del Estado", reflexiona el destacado intelectual
Abel Sierra Madero, investigador y ensayista cubano. Foto: Facebook
 

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Abel Sierra Madero (Matanzas, 1976) es un autor y catedrático cubano enfocado en el campo de la historia de la sexualidad. En el 2006 obtuvo el premio Casa de las Américas por su libro Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana.

En Cuba trabajó en la redacción de Catauro. Revista cubana de antropología, publicada por la Fundación Fernando Ortiz. En el 2009, Abel Sierra Madero obtuvo un doctorado en Historia de la Universidad de La Habana y en el 2019 un segundo doctorado en Literatura, por la Universidad de Nueva York. Es miembro del Comité Internacional de Expertos del Colegio de Estudios Avanzados y Transdisciplinares de Género (GEXcel), con sede en Suecia.

Los ensayos de Abel Sierra se enseñan en cursos sobre Latinoamérica y el Caribe, en universidades estadounidenses. A su vez, el investigador cubano ha impartido conferencias en universidades como PrincetonHarvard,​ Columbia, y NYU. Colaboraciones suyas han sido publicadas en varias revistas académicas, literarias y periódicos, como Letras Libres, Cuban StudiesThe RumpusDiario de CubaEl Nuevo Herald, Hypermedia Magazine, entre otras. Su último libro es Fidel Castro. El comandante Playboy. Sexo, revolución y guerra fría. (Hypermedia, 2019).

ADN Cuba preguntó al intelectual a propósito de las recientes “rebeliones” en una parte del campo cultural de la isla.

 El artivismo parece ser efectivo en la sociedad cubana que disiente del poder. La sentada frente al Ministerio de Cultura y el acuartelamiento de San Isidro han logrado crear, desde una raíz artística, movimientos cívicos. ¿Cómo valora el artivismo en Cuba? ¿Es capaz de generar inquietudes dentro de los procesos sociales?

Ha generado un nuevo comienzo en el ejercicio de la política en Cuba. Oxigena a un gremio que tenía una visibilidad reducida a los sistemas de producción, circulación y consumo del arte. Pero, sobre todo, ha contagiado a una parte de la ciudadanía que estaba en un letargo, en una inercia.

El artivismo ha brindado lenguajes estéticos, discursivos y analíticos para pensar lo social y lo político desde otros lugares. Eso pone muy nerviosos a los que ostentan el poder en Cuba. Saben que han perdido la legitimidad y la hegemonía simbólica.

– El gobierno cubano ha comenzado desde hace unos meses una campaña difamatoria contra activistas, periodistas y artistas que piden diálogo con las instituciones y el cese de las censuras y la represión ¿Cómo podría el arte independiente salvarse del hostigamiento que prometen las autoridades cubanas? ¿Existe alguna opción luego de la violencia mostrada por el Ministerio de Cultura que conllevó a la cancelación de un diálogo entre cultura independiente e institución?

¿Diálogo? Hay que ser muy cuidadoso con esa noción. No le podemos llamar diálogo a una catarsis, a una conversación controlada. Lo que vimos el 27 de enero fue una emboscada por parte del Ministerio de Cultura, gestionada por la Seguridad del Estado. El manotazo de Alpidio Alonso fue una orden.

El diálogo es ante todo un espacio de negociación y para que sea productivo tiene que haber voluntad política entre las partes en conflicto.  Los que presionan para el diálogo tienen que diseñar una agenda muy precisa de cara a un poder que siempre va a tratar de congelar y clausurar las rutas de cambio y los espacios que pongan en peligro la hegemonía y su estabilidad.

El régimen cubano tiene el control de los recursos públicos, el monopolio de los medios y la represión. Para que el arte independiente pueda sortear o resistir al hostigamiento, a la violencia física o simbólica y pasar a otro nivel, tienen que pasar muchas cosas.

Ese movimiento tiene que generar otras solidaridades y alianzas. Mientras que San Isidro o el 27N sigan siendo fenómenos urbanos o habaneros, sus miembros van a ser un blanco fácil, sobre ellos seguirá cayendo el peso indiscriminado del Estado.

Hasta el momento, el lugar de la denuncia se ha superpuesto a otros discursos y acciones que eran mucho más interesantes y productivas. La denuncia constante lleva a proceso de sobresaturación comunicacional y agotamiento político. El régimen tiene sus protocolos de gestión de las crisis, son casi quirúrgicos. Para reducir la vulnerabilidad, esos movimientos tienen que ser menos reactivos y más proactivos. El reto es diseminar esas ideas y acciones a otros sitios geográficos y simbólicos de la política.