Juan Padrón, el lector de Superman que “parió” a Elpidio Valdés hace 50 años

Elpidio Valdés es un símbolo para la mayoría de los nacidos en la isla en las últimas décadas, y en cualquier lugar del orbe por donde se extienda la diáspora, alguna que otra vez se escucha los bocadillos humorísticos de la serie, o se ve la imagen del “pillo manigüero mambí”
Juan Padrón, joven, y su personaje Elpidio Valdés. Foto: Captura de pantalla del Facebook de Ian Padrón
 

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Hace medio siglo, el ingenio del historietista y director de cine animado Juan Padrón, creó el que quizás sea el personaje de ficción más famoso de la cultura cubana. Elpidio Valdés es un símbolo para la mayoría de los nacidos en la isla en las últimas décadas, y en cualquier lugar del orbe por donde se extienda la diáspora, alguna que otra vez se escucha los bocadillos humorísticos de la serie, o se ve alguna imagen del “pillo manigüero mambí”.

Ian Padrón, hijo de Juan y director de audiovisuales emigrado a Estados Unidos, recordó el nacimiento de su singular “hermano”.

“Felicidades a nuestro padre que con solo 23 años creó a Elpidio Valdés en 1970. Gracias a todos los que colaboraron con él, dándole vida a este simpático mambí. Hoy 14 de agosto se cumplen los primeros 50 años de su publicación. Mucho machete por dar todavía”, publicó en sus redes sociales.

Juan Padrón (1947-2020) admiraba a los cowboys y superhéroes de los cómics estadounidenses. Batman y Superman, Tarzán y Los Halcones Negros, expandieron la imaginación del niño que fue entre Cárdenas y el central azucarero de Jovellanos (Matanzas).

Con el tiempo, creó su propio personaje de referencia para los niños, una figura popular y querida entre muchos cubanos donde quiera que estén. El impacto de la obra de Padrón en el imaginario de la isla es tal, que Carlos Varela en la canción Memorias, expresó: “No tengo a Superman, tengo a Elpidio Valdés”.

Pero eso fue después, porque antes de triunfar, largo y difícil fue el camino de Padrón, graduado de Licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de La Habana. ​ Sus primeros trabajos de dibujo aparecieron en la revista Mella y más adelante en El Sable, suplemento del diario Juventud Rebelde

Elpidio Valdés, su más famoso personaje, aparece por primera vez en la revista Pionero. Antes de su atronador éxito –catapultado por el cine animado– el “muñequito” cubano fue un “extra” en la historieta de samuráis Kashibashi, dibujada por Padrón desde 1965. Hace 50 años, el mambí debutó en el cómic Contra los ninyas (1970).

De la mano de Padrón, el Elpidio Valdés evolucionó en el papel hasta El cañón de cuero (1972). Incluso, existe una historia en la que el mambí viaja y combate en Marte, en juego intertextual con las novelas de ciencia ficción del creador de Tarzán, el estadounidense Edgar Rice Burroughs, y con su personaje John Carter.

En 1974, Padrón inició sus labores como director de dibujos animados en estatal Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico, adonde mudó a muchos de sus personajes del cómic. En 1979, realiza su primer largometraje, que no podía ser otro que Elpidio Valdés.

El protagonista, epítome del independentista cubano, es mestizo, pobre, nacionalista y patriota. En la cohorte que lo rodea hay personajes tan entrañables como él. Hasta los enemigos del héroe son recordables por el talento de Padrón para dar gracia a los parlamentos y situaciones de comedia en sus películas y series animadas.

Entre mofas de los colonialistas españoles y choteo de la autoridad (los subordinados respetan, pero a veces se ríen de la seriedad del mismo Valdés), el genio de Padrón contó la historia de las guerras de independencia, basado en una rigurosa investigación que le permitió recrear uniformes, armas y el contexto del siglo XIX, en la Isla y otros escenarios donde desarrolló los guiones.

Elpidio y sus compinches fueron un soplo de aire fresco sobre la historia del siglo XIX, una recreación desencartonada y paralela a la poco imaginativa enseñanza del devenir patrio, entronizada por la sovietización del gobierno de Fidel Castro.

Juan Padrón, para quien tampoco fue fácil ser reconocido como una artista durante sus primeros años desarrollando a Elpidio Valdés, luego mereció los premios nacionales del Humor (2004) y de Cine (2008). También es realizador de otros clásicos: el largometraje animado Vampiros en La Habana (1985), y las series Filminuto (1980) y Quinoscopio (1985-1987), esta última junto al argentino Joaquín Lavado, creador de Mafalda.

En marzo de este 2020, año aciago que no ha dejado de traer malas noticias, murió el artista noble y "jodedor" que dibujó la sonrisa de millones de cubanoscon sus extrañas y alucinantes historias de vampiros, nazis, verdugos y mambises.