Cubanos envían medicamentos a una niña enferma en la Isla

Loraine padece de dermatitis seborreica. Esta enfermedad genera diferentes síntomas, entre ellos, mucha caspa y pérdida del cabello, como le ocurrió a ella
El envío de la solidaridad
 

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Los familiares de Loraine Rodríguez, de ocho años, estaban desesperados. Su hija tiene una rara enfermedad en el cuero cabelludo; necesita medicamentos especiales, pero las farmacias están vacías.

Loraine padece de dermatitis seborreica, una enfermedad que se produce por alergia al hongo Malassezia furfur, común en la piel de los seres humanos, pero que afecta gravemente a algunos. Esta enfermedad genera diferentes síntomas, entre ellos, mucha caspa y pérdida del cabello, como le ocurrió a la niña.


Rápidamente muchas personas se solidarizaron con Loraine y su familia. Algunas dijeron estar dispuestas a comprar y llevar a Cuba los medicamentos que necesita. Entre ellas había miembros de organizaciones humanitarias y cubanos del común residentes en el extranjero.

Uno de los primeros en atender el caso fue Antonio Rossi, quien reside en Holanda. Gracias a la colaboración de otras personas solidarias pudieron reunir medicamentos y otros productos especiales para el cuidado de la niña.

“Dicho y hecho: este tratamiento le durará quizás para 3 meses, en 15 días tendrá sus medicinas, publico esto para que otros se sumen, por favor no nos agradezcan nada, se hizo de corazón y espero que la niña mejore”, declaró en su muro de Facebook.


La escasez de medicamentos en Cuba es tan grande que, a mediados de 2019, el diario oficialista Granma tuvo que reconocerlo.

BioCubaFarma, el grupo empresarial del Estado cubano encargado de producir medicamentos, produce más de la mitad de los aproximadamente 800 fármacos consumidos en el país, para lo que importa más del 85 % de la materia prima, en su mayoría comprada en mercados lejanos como China, India y Europa.


En los últimos tres años, Cuba ha sufrido desabastecimiento de medicamentos de alto consumo, que se atribuye principalmente a impagos a proveedores extranjeros, aunque también influyen la venta ilegal y otras prácticas fraudulentas en el acceso a los fármacos.

En el país caribeño las medicinas están subvencionadas por el Estado y se pagan en moneda nacional muy por debajo de su valor de mercado, por lo que una parte acaba desviada al mercado ilícito para ser vendidas en divisas.