Sacerdote cubano: vencer miedo al régimen para lograr cambios

¿Y si resulta, que quiero una Cuba diferente, plural, abierta, culta, económicamente floreciente; una Cuba sin golpes, sin groserías, sin bajezas?, preguntó el sacerdote
Sacerdote católico cubano, Alberto Reyes Pías.
 

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El sacerdote católico cubano, Alberto Reyes Pías, de la diócesis de la provincia de Camagüey, continúa utilizando sus redes sociales para denunciar la precariedad con que se vive en la isla, el carácter totalitario del régimen, y exponer cómo la mayoría de las personas todavía tiene mucho temor de exponer sus insatisfacciones y exigir cambios.

“(…) Algunos parecen no ver la realidad, pero la realidad se impone, y este pueblo tiene buena la vista: vemos que es una sociedad que no progresa, vemos que resolver lo básico de la supervivencia humana sigue siendo una versión cotidiana de 'misión imposible'; vemos que desde los órganos rectores de la sociedad todo se ordena y se reordena y nada se termina de ordenar, vemos que tenemos que vivir en medio de la corrupción y la ilegalidad; vemos que el sistema educativo es cada vez más ineficiente e incapaz de preparar a nuestros hijos para la vida; vemos que por muy buenos profesionales de la salud que tengamos, ni ellos ni nosotros tenemos los medios para vivir con salud; vemos un sistema de seguridad en alerta continua para reprimir el más mínimo intento de protesta; vemos violencia donde debería haber diálogo sereno… Vemos, vemos, vemos…, mientras a nuestro alrededor los medios oficiales de ¿información? siguen describiendo lo maravilloso y paradisíaca que es la vida en esta isla nuestra”, escribió el religioso en su perfil en Facebook.

Reyes Pías, aludió además, a la declaración emitida por católicos cubanos  con fuertes pronunciamientos a favor de libertades en el país, y exigiendo respeto a la sociedad civil. 

“La semana pasada, un grupo de sacerdotes, religiosas y laicos, hicimos pública una carta repitiendo las palabras de Dios a Moisés: 'He visto', porque vemos la aflicción de nuestro pueblo, vemos que la realidad es desgastante, vemos a un gobierno que parece mirar hacia otro lado y que no da señales de adherirse a la idea del 'con todos y para el bien de todos'. No hemos escrito como políticos sino como pastores, hemos plasmado lo que ven nuestros ojos y nuestra fe ilumina, en línea con el magisterio de nuestros obispos”, expresó el clérigo camagüeyano.

Reyes Pías, precisó que el objetivo de esta carta, es “en primer lugar, dar voz a lo que existe, hacer público lo que tantos cubanos dicen bajando la voz y en privado, y lanzar una propuesta al diálogo, a la búsqueda común de soluciones, si bien no puede darse el diálogo si las dos partes no están dispuestas a hacerlo”.

El sacerdote mencionó que muchas personas firmaron inicialmente el documento, que llegó a reunir alrededor de 660 rúbricas, pero algunas luego tuvieron temor por las represalias del régimen y “han pedido que se retire su firma, por la misma razón: '¿y si nos pasa algo…?' Otros han sido coaccionados a no firmar o a retirar sus firmas”.

Se pregunta, este católico: “¿No somos un país de más de once millones de habitantes? ¿Nos equivocamos al pensar que la carta refleja el sentir de la mayoría de los cubanos?”

“En todos, el mismo denominador común: miedo, miedo, miedo, un miedo paralizante que se nos ha metido en los tuétanos y que nos detiene, un policía interior severo y amenazador. Un matrimonio decía a un sacerdote: 'Padre, hemos retirado nuestros nombres porque nos da miedo tener problemas en el trabajo, apoyaremos la carta con nuestra oración'”, contó en su publicación.  

A continuación compartimos íntegramente el último fragmento de su reflexión:

A veces nos bloqueamos entre dos versiones de lo mismo, sin analizar la opción que podría llevarnos a lo que nuestro espíritu quiere. Por una parte, tenemos miedo a manifestarnos, a pedir cambios, a decir lo que sentimos como verdad, por si nos pasa 'algo'. Por otra parte, convivimos con el miedo: a la policía, a la Seguridad del Estado, a los chivatos del barrio, a los que puedan saber algo de nuestras gestiones ilícitas para “resolver” la vida, al comentario que “se nos escapó”...

Si optamos por el segundo tipo de miedo, lograremos sobrevivir, pero viviremos y moriremos en medio de sobresaltos, y con la certeza de que nunca nada será diferente, ni para nosotros ni para nuestros hijos. En el primer caso, claro que puede haber consecuencias, pero estaremos caminando hacia la vida que queremos, para nosotros y para los nuestros, estaremos haciendo algo por la Cuba que soñamos, con la esperanza de que algo podrá ser diferente.

Un gobierno puede reprimir a una persona, en un lugar, en un momento, pero no puede reprimir a todas las personas, en todos los lugares, en todos los momentos.

Sí, ¿y si resulta que estoy cansado de aguantar, de mentir, de vivir envuelto en mis miedos?, ¿y si resulta que quiero una Cuba diferente, plural, abierta, culta, económicamente floreciente, una Cuba sin golpes, sin groserías, sin bajezas?, ¿y si resulta que no me quiero ir a buscar esos ideales fuera, sino que los quiero dentro, donde nací, donde crecí, y donde quiero morirme? ¿Y si resulta que estoy cansado de esperar los cambios y empiezo a preguntarme qué puedo hacer?

Todos nosotros aprendimos a caminar con miedo e inseguridad, y aquellos que hoy sabemos montar bicicleta, nadar, patinar, bailar…, lo logramos no porque no tuvimos miedo, lo logramos porque lo intentamos, a pesar del miedo.