Pastor lamenta falta de recursos en iglesias cubanas debido al “ordenamiento”

El pastor Francisco Marrero explica la situación de vulnerabilidad a la que están expuestas las iglesias cubanas como consecuencia de las reformas del ordenamiento, que no tomaron en cuenta las particularidades de las casas de culto
Primera Iglesia Presbiteriana de la Habana. Foto: Facebook
 

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El pastor cubano Francisco Marrero, de la Primera Iglesia Presbiteriana-Reformada de La Habana, lamentó la falta de recursos que están sufriendo las iglesias de la isla como consecuencia del proceso de ordenamiento monetario y cambiario emprendido por el régimen.

Según afirma en unas reflexiones que circulan desde el pasado 13 de febrero en redes sociales y publicaciones digitales, con las reformas del gobierno iniciadas el 1 de enero de 2021, “que de alguna manera han convulsionado a la sociedad en general por sus implicaciones, de pronto las Iglesias y otras instituciones religiosas han visto como todo a su alrededor y para ellas mismas cambió vertiginosamente”.

Marrero explica que las iglesias se sienten como outsiders dentro de la llamada “tarea de ordenamiento”, debido a que ésta “no concibe mecanismos apropiados” para que se inserten en “la arquitectura del nuevo marco jurídico de la economía cubana”.
 
“Institucionalmente, no somos parte del sector oficial de la economía, pues en Cuba —gracias a Dios— existe total separación entre Iglesia y Estado; pero no somos tampoco “cuentapropistas”, término acuñado para referirse a trabajadores no estatales, de manera que cuando se legisla y se habla sobre actividades económicas que puede realizar la población a título privado, la Iglesia está fuera. Así de simple”, expone el pastor en sus reflexiones, bajo el título “Las Iglesias sí importan”.

Es una situación que, a veces, se asemeja a una especie de limbo legal".

Si bien entiende la necesidad de la unificación monetaria para resolver todas las distorsiones que la dualidad existente por más de 25 años introdujo en el sistema empresarial y económico del país, el pastor lamenta que en el ordenamiento no existan disposiciones específicas que tengan en cuenta el lugar de las iglesias “en la compleja realidad que vivimos”.

Como parte del pueblo que somos, las asociaciones religiosas tenemos que asumir los impactos del “ordenamiento”. “No se trata de reclamar privilegios, pero sí de que se nos tome en cuenta, porque somos parte de la realidad”, alega el pastor, al tiempo que detalla varias de las dificultades que están atravesando las iglesias como consecuencia de las reformas y los embates de la pandemia de coronavirus.

Según explica:

“Con las mismas ofrendas de los fieles (sin contar que la mayoría de nuestras iglesias no están celebrando sus actividades regulares por causa de la pandemia), o quizás menos, porque con la carestía de la vida es de esperar que las ofrendas no aumenten; y con el incierto futuro de las ayudas solidarias de las Iglesias hermanas en el exterior, tenemos que obligadamente seguir:
Pagando salarios y pensiones, ahora a los mismos mínimos decretados por el Estado, lo cual resulta un verdadero desafío para nuestros pequeños presupuestos locales.

2) Cubriendo los costos de electricidad, teléfono, gas y agua para los cuales se nos aplica la tarifa superior que se les impone a las empresas estatales.

3) Enfrentando los altos costos de combustibles y de revisión técnica de nuestros autos, porque en su mayoría se nos asignó una placa estatal, cuando en realidad no son transportes estatales. 

4) Haciendo frente a los costos de publicaciones que se han multiplicado dramáticamente (recuérdese también que se trata de una de las agencias de evangelización más eficaces con que contamos) y que nos hacen pensar que revistas como Heraldo Cristiano y Su Voz lleguen no muy lejos a desaparecer”.

Para Marrero, la situación es compleja y la indefinición sobre las posibilidades legales de las iglesias no permite hasta ahora ver claramente cómo será el futuro hacia el que se mueven.

Por ello, llama urgentemente a quienes corresponda a “atender e incluir en el debate público la inserción de la Iglesia en la ‘tarea ordenamiento’ porque, a fin de cuentas, las iglesias sí importan”.