Fabricante indio de vacuna que causó muerte en Cuba también produjo otras mortales en 2002

De acuerdo con el diario El Nuevo Herald, Serum Institute of India Ltd, el fabricante indio de la vacuna PRS que produjo la muerte de la niña Paloma Domínguez Caballero, es el mismo de la vacuna contra el sarampión que ya provocó otras tres  defunciones en la isla durante el 2002.

Ese año, el medio independiente, Cubanet divulgó que tres niños habían muerto por un "shock tóxico" tras la administración de una vacuna contra el sarampión. 

En esa ocasión, fuentes del MINSAP cubano aseguraron que las muertes se debían a la negligencia y la falta de profesionalismo, mientras que el diario oficial Granma aseguró que se había tratado de un accidente, sin ofrecer más detalles.

En una declaración oficial sobre el caso de Domínguez Caballero publicada el pasado sábado, el Ministerio de Salud Pública cubano (MINSAP) señaló que la bebé fallecida y otros cuatro niños afectados fueron vacunados en un policlínico de Alamar contra la parotiditis, la rubéola y el sarampión (PRS) y explicó que la vacuna PRS "se importa desde la India, está avalada por la Organización Mundial de la Salud y certificada por el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED)".

El Nuevo Herald también entrevistó, bajo condición de anonimato, a un médico cubano, especialista en medicina primaria, quien declaró que “el proceso que requieren las vacunas para mantener una temperatura adecuada” en Cuba no se da de manera “eficiente”.

“Este proceso siempre ha tenido problemas a nivel nacional. En la mayoría de los policlínicos no se cuenta con los equipos especializados para guardar las vacunas, así que se guardan en refrigeradores domésticos. Tampoco hay los termómetros especializados que van dentro de los equipos de refrigeración para las vacunas que permiten saber si la temperatura ha superado los 8 grados celsius. Así que mantener las vacunas en una temperatura óptima es una utopía”, agrega.

La situación se ha agravado porque Cuba sufre una crisis de combustible y muchos de los centros donde se administran las vacunas no tienen medios para generar electricidad, dijo el médico.