Entrega de ayuda a Milagros se accidenta por retención policial
Pese a lo accidentado de la travesía, por una retención policial de minutos, la ayuda de los cubanos de fuera de la isla llegó a Milagros y su hija Tania
Milagros recibe la ayuda para ella y su hija

Luego de que se conociera la historia de Milagros y su hija Tania, la ayuda de cubanos de fuera de la isla no se hizo esperar. Con el dinero recaudado se pudieron comprar alimentos para que ambas sientan un alivio temporal en su dramática cotidianidad.

La ayuda les fue llevada este sábado por Esteban Rodríguez, un colaborador de ADN, mismo que dio a conocer la historia en un video compartido en este sitio el pasado jueves. Mediante una trasmisión en directo en Facebook, pudieron verse los alimentos comprados para ambas mujeres, que viven en situación de precariedad y abandono, acentuada en estos tiempos de pandemia.

Asimismo, pudo verse la travesía que el voluntario ayudante emprendió para entregar los alimentos y el dinero recaudado en las manos de las necesitadas. Sin embargo, la entrega de la ayuda a Milagros se vio accidentada por una retención policial.

Efectivos de las Fuerzas Armadas, que cooperan con la Policía en funciones de orden público por estos días de coronavirus en Cuba, detuvieron a Esteban y su pareja, que llevaban los alimentos a Milagros. Les pidieron identificarse y exigieron detalladas explicaciones, una escena bastante sin sentido para muchos internautas, que vieron represión y actitudes dictatoriales en el proceder de los militares.

Afortunadamente, no hubo decomiso ni ‘traslado’ a una unidad. Fue un momento incómodo, de minutos que parecieron horas, pero Esteban pudo llevar la ayuda a Milagros y Tania, que externaron su agradecimiento a todos los que cooperaron para aliviar un poco su situación.

Tania Sosa Cobas, hija de Milagros, no puede recibir terapias para mejorar su estado de salud luego de tres infartos cerebrales. No tiene movilidad propia y solo cuenta con la ayuda de su madre de 73 años, que padece de las tiroides y no puede brindarle ningún recurso para salir adelante, salvo lo escaso que puede adquirir con su chequera de pensionada.

"Somos ella y yo solita. Yo soy viuda. Tengo 73 años. No tengo economía", expresó la madre a ADN Cuba, en el video compartido días atrás, que ganó la solidaridad de muchos cubanos.

 

 

Desde que sufrió los infartos, Tania se siente decaída, amilanada. Según dijo, no es la misma. Por la contingencia sanitaria de COVID-19, las autoridades de salud le dijeron que no podían seguir yendo a darle terapia. Ello le generó una situación compleja, ya que para recibirla tiene que ir hasta un policlínico y no puede llegar hasta allí.

"Me siento impotente. Hasta las palabras no me salen igual. Tengo atraso para entender a las personas cuando me hablan", dijo Tania ante las cámaras de ADN, que captaron cómo en el refrigerador de la vivienda sólo había agua.

"He bajado más de 80 libras. Me encuentro sin recursos y me he cansado de tocar puertas y nadie me abre las puertas. Ya no tengo fuerzas ni tengo alimentos para darle a mi hija ni nadie que me ayude. Lleva dos años de estar así", agregó por su parte Milagros.

Sin embargo, tras la ayuda recibida de manos de Esteban, gracias a la solidaridad de muchos cubanos, Milagros y Tania manifestaron sentir gran alegría y gratitud. “Que Dios me los bendiga mucho y no permita que nunca les pase nada”, dijo Milagros en un video compartido por Esteban este domingo. “Casi no me salen las palabras”, comentó, visiblemente emocionada.

El final de la historia compartan mis hermano la ayuda llegó y una familia cubana tiene hoy alimentos gracias al excilio cubano. Gracias a todos que lo pusieron su granito de arena...Viva cuba libre de dictadura

Posted by Esteban Rodriquez on Sunday, May 17, 2020

“El final de la historia. Compartan mis hermanos. La ayuda llegó y una familia cubana tiene hoy alimentos gracias al exilio cubano. Gracias a todos los que pusieron su granito de arena...Viva cuba libre de dictadura”, escribió Esteban en Facebook, donde muestra el final de un agradable capítulo de solidaridad y hermandad entre cubanos, que pudo concretarse pese a la accidentada entrega y la probable represión del régimen.