La Trova se traba y “We are the war”

¿Qué trovadores le quedan al régimen? La dictadura se ha quedado sin quien le cante y quien le escriba.
La Trova se traba y “We are the war”. Ilustración: Armando Tejuca
 

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El coronel Malpica, de la sección casi cultural del Ministerio del Interior (Minint), ha sido comisionado para hacer una revaluación urgente del Movimiento de la Nueva Trova, en vista de los últimos acontecimientos acontecidos. 

El hijo del coronel Malpica, un muchacho decente, inteligente, coherente y buena gente, ha intentado explicarle a su progenitor que “acontecimientos acontecidos” es una redundancia, o un disparate, pero igual de extraño suena el término “inteligencia militar”, así que, en lugar de redundancia, suena más a repugnancia. El coronel no piensa lo mismo, pero, al menos piensa, y ese es ya un logro.

Cuando el coronel Malpica preguntó a qué últimos acontecimientos acontecidos se referían, que justificara una revaluación urgente del Movimiento de La Nueva Trova, lo primero que pensó fue que había dejado de moverse como Movimiento, o que la Trova ya no era tan Nueva, e incluso que Pablito Milanés había cumplido por fin su promesa de hundirse en el mar antes de abandonar la gloria que había vivido, pero no. No era eso, sino una larga y complicada serie de sucesos sucedidos o de hechos “hechidos” o “hechados”.

Desde la parte de arriba del Estado Mayor, como quien va para el Alto Mando, le hicieron llegar una directiva donde venían bien fundamentados los acápites en cuestión. Después de averiguar con su hijo qué significaba “acápites”, el coronel Malpica leyó lo siguiente:

—En el caso de nuestro trovador mayor, Silvio—que es casi el único que nos queda— su producción patriótica se ha visto mermada. Se ha vuelto lento. Se enteró ahora que el pueblo estaba comiendo tierra. También se contradice. Un día dice que sí y otro que no. Le tiene terror a las cookies porque cree que son bacterias.

—El de Raúl Torres, al que la gente le dice Necrotrovero o Raúl Torreja, es también delicado. El Minint lo mandó al extranjero a una misión y regresó porque no sabía ganarse la vida, y hacía frío. Dijo que cuando empezó a nevar no tenía ni para un candil de nieve, así que volvió a guataquear y lo mandaron a trabajar limpiando el mausoleo de los mártires. Pero hubo que sacarlo porque le hacía una canción a todos, incluyendo al ángel de la tumba vecina.

—Israel Rojas está en proceso de análisis porque ha llamado anormales hasta a nuestros cuadros más valiosos que tampoco entienden lo que canta Buena Fe. Se ha pensado agregar un compañero de la Seguridad al dúo y hacer un dúo de tres. Ya el público no asiste a sus conciertos y recientemente han querido hacer una presentación cobrando por cada entrada dos mil pesos cubanos. Mucha gente pensó que no iban a cantar, sino a vender carne de puerco.

—El casito de Ray Fernández, que ahora quiere llamarse Ray Ray Tun Tún, es raro: traicionó a la yuca y a los taínos y ahora quiere ser simpático, precisamente ahora que ya no existe “Alegrías de sobremesa”.

—El caso de Bécquer es más complicado porque ha utilizado la religión y el folclore con fines lascivos. Parece que se le murieron las oscuras golondrinas en el balcón donde iban a colgar sus nidos. Habrá que controlarlo, porque si dice “maferefún” le toca una teta a la más próxima. 

El coronel Malpica termina de leer el infame informe y mira uno a uno a los susodichos. Algunos son consagrados, otros, congraciados, pero se debe tener tacto porque ninguno ha traicionado todavía a la revolución, y tienen un vehículo poderoso: la canción. Bueno, algunos tienen otros vehículos poderosos, menos el Tuntún y Raúl Torres, que anda a pie, no vaya a ser que atropelle a algún héroe cubano para hacerlo mártir y componerle un tema. 

Malpica pasa revista y se dirige a los presentes: 

—Compañeros y compañeras— dice y Silvio lo rectifica: –Perdón, compañero coronel, aquí no hay compañeras—. Entonces Fernando Bécquer salta, y con esa dicción perfecta que lo caracteriza, agrega: —Eso, eso, no hay jevitas ni compañeras, y los santos me están pidiendo que le haga un ebbó a alguna.

El coronel Malpica respira hondo e incluso profundo, y se llena de paciencia. Aprovecha para apartarse de Bécquer, no sea que con la mano de Orula le toque sus partes, confundido. También se aparta de Ray Tuntún, que huele a yuca podrida. Entonces explica que el Alto Mando ha orientado que los ayude a montar un tema combativo para cerrar el año derrotando musicalmente al imperialismo. 

—Algo así como lo que hiciste hace años con el pueblo combatiente, compañero Servio—dice el coronel, y Silvio intenta sacarlo de su error: —No, compañero Malpica, ese era otro Rodríguez. Yo no me llamo Servio, sino Silvio. Además, el autor de la “Marcha del pueblo combatiente” era ciego y ya no está entre nosotros—. Malpica pregunta si murió y Raúl Torres mete la cuchareta: —No, compañero, no murió, se fue echando pa la yuma. Malpica no entiende, y por eso pregunta: —¿Cómo? ¿Era ciego y se fue? Entonces tú ves menos que él, compañero Servio. 
Silvio lo va a rectificar, pero no vale la pena. Decide ignorarlo, como ignoró la miseria cuando hizo su gira Barrio Adentro, en que trató de no meterse muy adentro. Posiblemente en esos lugares que el bloqueo ha destruido haya cookies y se reproduzcan sin control. 

Entonces Israel Rojas pregunta qué tema quieren los compañeros del Estado Mayor que ellos canten. —Algo como “We are the world”, pero más combativo—responde el coronel y Rojas se queda pensabundo y meditativo, pero tiene miedo de que alguien piense que él es también anormal y dice que pudiera ser una versión más alante, algo que se llame “We are the war”, somos la guerra, porque cada revolucionario es un combatiente y sin combatientes no hay combate.

—Yo tengo compuestos algunos temas dedicados a queridos revolucionarios como Raúl, Machado Ventura, Ramiro Valdés y uno para el general Guillermo García, que titulé “La canción del avestruz” ¿Por qué no cantamos alguno de esos? 

—Bróde, tas quimbao- dice Fernando —Al imperialismo hay que tumbarlo con gracia. Por ejemplo, yo tengo un tema que dice: “Que pienso en Elena, y me acuerdo de Irene. Que pienso en Irene, me acuerdo de Elena. Mi pene se apena...Se apena mi pene”.

Silvio es el primero que se marcha sin decir nada, porque un pene apenado es peligroso. El coronel Malpica quiere irse también, pero no puede abandonar la responsabilidad que ha caído sobre sus hombros. Tiene que trabajar con lo que hay, aunque sea el pene de Elena. Si por él fuera trajera a cuatro o cinco reguetoneros que sean revolucionarios. Vuelve a respirar hondo y mira a Ray Ray, a Israel, a Raúl Torres y a Bécquer, y dice: —Oye, Beque, si te vuelvo a ver con la mano en la portañuela, te pego un tiro. Y vamos a montar el “We are de war”. Pero usemos versos del apóstol. Comencemos.


 

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.

 

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