¿Cómo ordeñar a un avestruz?

Al Comandante sí le hubieran creído que un avestruz es mejor que una vaca. Y que cada núcleo familiar debería sembrar jutías.
¿Cómo ordeñar a un avestruz?
 

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Cuba está a las puertas de otra crisis alimentaria. Creo que es la misma, pero pensar que es una nueva, distinta, le quita amargura. Al paso que va el país, en pocos años van a sobrar los dentistas. Desaparecerá la carrera porque no habrá nada que arreglar. Los niños habrán perdido los dientes de leche y la leche al mismo tiempo.

En momentos así es que muchos comienzan a extrañar al Comandante. A ese, al de la imaginación. Al que cruzó razas de vacas hasta hacerlas invisibles. Desecar ciénagas, lograr que en la fauna insular existieran búfalos, bisontes, monos verdes y tigres aunque fueran tigres con bengalas. Intentó conseguir ejemplares de vaca enana y al parecer lo logró, porque nadie las ha visto desde entonces.

Al Comandante sí le hubieran creído que un avestruz es mejor que una vaca. Y que cada núcleo familiar debería sembrar jutías. Para el consumo y para la diversión. Los niños comerán su carne y el padre, en sus momentos de ocio, le chuparía el rabo. Porque, si no lo saben, en Cuba se le dice, a beber alcohol, “chuparle el rabo a la jutía”.

No tiene que ser una siembra muy extensa. Tampoco es difícil de lograr. Si en el otro período especial, o al inicio de este, cuando se le decía Período Especial en tiempos de Paz, se experimentó con la cría de pollos en los hogares, los Pérez Quintosa que les dijeron entonces, pollitos a granel, que unieron más a la familia cubana, que pasaba las noches alrededor de un bombillo y de un bebé de pollo, intentando que no muriera.

Se extraña al Comandante, de verdad. Solamente él pudiera convencer a los cubanos de criar avestruces en casa. Aunque la familia tenga que vivir más apretada, aunque uno de los hijos tenga que dormir bajo la cama o en un closet, pero todos pudieran. El Comandante hablaría durante horas, hasta que los cerebros, mareados y agotados, empezaran a vislumbrar la importancia de un avestruz en el núcleo familiar. Y muchos comenzarían a sentir el orgullo revolucionario de criar avestruces puerta adentro.

Y habría metas y lemas como: “El que no críe un avestruz es yankee”.

 

Habría que esconder las cucharas, las tijeras, los objetos menudos, porque el avestruz come de todo. Como el cubano, si pudiera. Los padres medirían el crecimiento de sus hijos, no ya trazando una pequeña raya en la pared, sino con respecto al avestruz:

-“Mi hijo ya le da al avestruz por la cintura”- dirá una madre orgullosa, haciendo el milagro de que el avestruz tenga cintura. Y si el avestruz llega a tener cintura, la jicotea puede abrigar esperanzas. Y esa es otra idea que sembraría en las mentes cubanas el Comandante si aún estuviera aquí: cultivar jicoteas a domicilio. Y jutías. Y cocodrilos en la bañera, aunque de vez en cuando desaparezca alguien de la familia.

Pero no está el Comandante, y nadie logra, como él hacía, que el cubano sueñe que en tres años la Isla será como Suiza, que se lograrían huevos cuadrados y de colores, o que Cuba podrá exportar carne de res.

Y ahora que lo digo, creo que eso sí se logró, porque nadie la ve en su mesa. Ha de estar en la mesa de algún suizo.

Es posible que un avestruz sea mejor que una vaca, en volumen, en tonelaje, en docilidad, en riqueza vitamínica, en la facilidad para reproducirse. Además, la vaca pudiera estar estabulada y el avestruz no, nunca, con sus grandes huevos y sus 40 pichones que se gozan.

Lo único malo es que no habrá leche, porque nadie ha dicho cómo ordeñar un avestruz…Aunque el Comandante hubiera logrado que uno sueñe que es posible ordeñar al avestruz.

Y si este no diera leche— en el supuesto caso de que ni siquiera el Comandante lograra, con su verbo y su tesón, que el avestruz se convirtiera un mamífero—, toda la culpa caería sobre el imperialismo, y de paso, sobre la mafia de Miami.