Gasolina a domicilio: El nuevo negocio de los guardias corruptos en Venezuela
La crisis generalizada en el país petrolero destapa un viejo enemigo de los ciudadanos: La corrupción. Los militares y funcionarios policiales venden en dólares la gasolina
Funcionario castrense llenando tanque de gasolina / Reuters
 

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La escasez de combustible en el país petrolero emerge nuevos negocios ilegales que protagonizan los funcionarios encargados de “resguardar” y “organizar” la venta del escaso combustible que aún queda en el país.


 

En Zulia, al occidente del país, específicamente en Maracaibo, la situación es más grave. Se trata de una ciudad fronteriza con Colombia, donde el contrabando está a la orden del día y la falta de los servicios públicos como el agua, gas y electricidad agudizan la problemática.


 

Allí se hace cotidiano mujeres dando a luz en la calle por falta de transporte público, ciudadanos renunciando masivamente por la imposibilidad de llegar hasta sus puestos de trabajo y personas que mueren esperando atención médica en sus hogares. Los pacientes renales son uno de los más afectados por esta problemática. deben ir tres veces por semana a sus diálisis, pero en los últimos días sus vidas corren peligro por fallas en el suministro de combustible, cada día más costoso y escaso.

 

Las filas pueden durar hasta tres días, dependiendo de la cantidad de litros que decidan dispensar los cuerpos de seguridad. Existen dos modalidades aprobadas por el régimen para vender el combustible, en la moneda oficial y devaluada -bolívar soberano- o en divisas -dólares-. Las estaciones en la moneda nacional se agotan rápidamente, mientras la única opción restante es en dólares. 

 

Los ciudadanos protestan continuamente por el cierre ilegal de las estaciones que surten en bolívares. Denuncian que luego los funcionarios la revenden en dólares y se reparten el dinero. 

 

Andreia Betrán, una mujer de 28 años que perdió a su bebé, no se pudo trasladar hasta la clínica por falta de gasolina. De inmediato, sus familiares empezaron la titánica tarea de encontrar la manera de llenar el tanque del vehículo para que recibiera atención médica. No hay taxis y mucho menos autobuses, todo está paralizado.

 

Un estado de Whatsapp sería la solución a su problema. Su madre contactó a una funcionaria del estatal Petrolera (Pdvsa) que a su vez conocía a un militar que labora en una estación de servicio de la capital zuliana. El contacto fue rápido y simple, en cuestión de minutos le enviaron la tarifa en dólares.

 

Al mediodía llegó el oficial en un carro particular y vestido de civil. Con él traía el preciado líquido inflamable. La venta se realizó en efectivo: 10 litros por 30$, un precio inalcanzable para la mayoría de los venezolanos que tiene un salario mínimo de 4$ al mes.

 

“Llegó en tremenda camioneta vestido de civil, me dejó la gasolina y se fue”, detalló Andreina Beltrán, que asistió a una clínica y se sometió a un procedimiento quirúrgico para retirar los restos del feto que perdió por causas naturales.

 

Venezuela vuelve entonces a las interminables colas de vehículos en las estaciones de servicio. Horas y horas de agotadora espera para poder echar unos litros de gasolina. Esa es la imagen de la escasez que se vuelve a repetir.

El carburante enviado por Irán en el mes de junio fue un parche de corta duración, que no ha servido para tapar el problema. El incremento de los precios y las tarifas dolarizadas tampoco han solucionado la crisis, sino que incrementaron la corrupción ya galopante en la nación suramericana.

La venta de gasolina en Venezuela es desde la década de 1970 un monopolio estatal que había asegurado que los venezolanos pudieran llenar el tanque sin pagar prácticamente nada.