Nicaragua es el país más inestable de la región, según publicación británica
La publicación, propiedad del grupo de medios británico The Economist, dijo que Nicaragua posee todos “los elementos impulsores de disturbios”, por lo que no descartan una explosión sociopolítica en 2020
El Gobierno es inefectivo, hay corrupción y falta de democracia, dijo el reporte
 

La crisis política por la que atraviesa Nicaragua, desde el levantamiento civil contra el presidente Daniel Ortega en abril de 2018, ha convertido a esta nación centroamericana en el país más “inestable” de Latinoamérica, según un índice de riesgo elaborado por The Economist Intelligence Unit (EIU).

La publicación, propiedad del grupo británico The Economist, dijo que Nicaragua posee todos “los elementos impulsores de disturbios”, por lo que no descartan “una explosión sociopolítica en 2020”, informó este lunes el diario digital Confidencial.

La renombrada publicación británica evalúo factores económicos, sociales y políticos de todos los países de la región, y calificó a Nicaragua con un índice riesgo de 4.1 —de un máximo de 5—. Venezuela fue excluida de la clasificación por la falta de datos.

Nicaragua es seguida por Guatemala y Brasil, que tienen 3.9 de índice; luego Honduras con 3.7; Chile, México y Paraguay aparecen con 3.6. Uruguay es la nación con el menor índice: 2.6.

 

 

EIU se especializa en ofrecer análisis y pronósticos sobre países y toma en cuenta siete “elementos impulsores de disturbios”: la corrupción; desigualdad económica; seguridad social; efectividad de los Gobiernos; estado de la democracia; malestar económico y las oportunidades de empleo para jóvenes.

Para EIU, los puntos más críticos en el caso nicaragüense son la efectividad del Gobierno, la corrupción y el estado de la democracia. El menos problemático es la oportunidad de empleo para los jóvenes.

En sus análisis mensuales sobre Nicaragua, EIU ha alertado que el país sufre un “dramático” deterioro económico y que el riesgo político es “extremadamente alto”, ya que Daniel Ortega se muestra desafiante y empecinado a conservar el poder a cualquier costo, pese a que lo consideran “vulnerable” a las sanciones de Estados Unidos y Europa.

El reporte de EIU señaló que se necesita “cierta precaución” al interpretar los resultados del índice “como predictores de agitación política”.

“En algunos países, un solo problema podría servir como punto álgido para las protestas populares”, explicó la EIU, que toma como ejemplo a Bolivia para señalar que “la inestabilidad política ha resultado de una crisis constitucional,

Agregó que “en otros países puede haber muchos factores desencadenantes, para que haya un riesgo significativo de agitación política”.

 

 

Resaltó que Nicaragua, Guatemala y Honduras, han luchado en los últimos años con “el malestar social y la inestabilidad política”, aunque los Gobiernos no han abordado los problemas latentes, por lo cual “el potencial de disturbios persiste”.

Según Confidencial, el reporte británico destacó que en Nicaragua y Venezuela, “la disidencia ha sido sofocada por una represión de mano dura”, lo que ha servido para “someter a las protestas”.

Mencionó que la “disfunción política y el malestar económico” están entre los motivos de la reciente inestabilidad y los levantamientos ciudadanos en la región —Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Nicaragua—, aunque no por eso las crisis sean iguales, pues se diferencia en sus impulsores y las respuestas de los Gobiernos.

La represión en Nicaragua ha dejado más de 328 muertos, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), aunque organizaciones locales sitúan la cifra en más de 600, mientras que el régimen de Ortega solo reconoce a 200, y son resultado, alega, de un “golpe de Estado” con el el Gobierno.

Hay además centenares de heridos y desaparecidos, así como miles de ciudadanos en el exilio ante la persecución de paramilitares, policías y fanáticos orteguistas.

“Los Gobiernos de toda la región, independientemente de sus inclinaciones ideológicas, han tenido que lidiar con la reacción violenta de un público cuya tolerancia por el statu quo casi ha desaparecido”, apunta EIU.