Asesinato de activista colombo-española causa rechazo general en Colombia
Juana enseñaba a las mujeres de Nuquí a confeccionar tapabocas para que tuvieran algún medio de subsistencia.
Fotografía familiar que muestra a la ciudadana colombo-español Juana María Perea Plata
 

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El asesinato de Juana Perea Plata, activista colombo-española que se opuso a la construcción del puerto de Tribugá, en el Pacífico, produce una ola de rechazo en el país donde cerca de un centenar de líderes sociales han caído este año víctimas de la violencia.

El cuerpo de Perea, con un disparo en la cabeza, fue encontrado el jueves en la zona de playa de Nuquí, un remoto pueblo costero del departamento selvático del Chocó definido en las guías de turismo como un paraíso natural, especialmente para la observación de ballenas.

En Termales, un caserío situado a media hora en lancha del perímetro urbano de Nuquí, Juana Perea, de 50 años, había comprado junto con su esposo, un estadounidense que actualmente trabaja en Afganistán, diez hectáreas de tierra para construir un hotel ecoturístico y acabó liderando iniciativas comunitarias para las mujeres de la zona.

"Creemos que todo (el asesinato) fue porque mi hermana era, por decirlo de alguna manera, una líder comunitaria que trabajaba por las mujeres de allá. Ella nunca se dijo a sí misma líder, pero lo era; era una mujer que se imponía y por donde pasaba dejaba una estela", dijo a Efe su hermano Iñaki Perea Plata.

Esa sensibilidad social también fue destacada por su prima Ana María Restrepo Perea, quien recuerda que hace sólo quince días le advirtió a Juana que tuviera cuidado pues la zona de Nuquí es disputada por bandas de narcotraficantes y paramilitares por su localización estratégica para sacar drogas por el Pacífico hacia Centro y Norteamérica.

"Ojalá su vida ayude para cambiar un poquito la realidad de tanta gente en tantas zonas donde sólo hay paracos (paramilitares), donde solo hay miedo, donde solo hay coca y esclavos, porque a la gente la tienen como esclava", dijo Restrepo a Efe.

 

DEFENSA DE LA NATURALEZA Y DE LA MUJER

La familia, de origen vasco, recuerda que además de trabajar en su proyecto ecoturístico, Juana enseñaba a las mujeres de Nuquí a coser para que tuvieran algún medio de subsistencia, y con la llegada de la pandemia había impulsado la confección de tapabocas para reducir el impacto de la covid-19 en la región donde hay comunidades para las que ese elemento de protección es un lujo.

Además, era conocida por su activismo contra la construcción de un puerto en el golfo de Tribugá, unos cinco kilómetros al norte de Nuquí, por el daño que la obra causaría a los ecosistemas marítimos y terrestres de la zona que cuenta con una biodiversidad única en el mundo.

El pasado 1 de octubre la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) anunció la cancelación del proyecto, de una sociedad privada, luego de cuatro años de análisis y debate sobre esa obra, duramente criticada por organizaciones y líderes ambientalistas del país.

"Ella empezó a tratar de cambiar la situación y a oponerse a la construcción del puerto de Tribugá y lograron finamente pararlo, pero ella no se podía quedar callada, como buena vasca, y la asesinaron", afirma la prima.

 

TERRITORIO VEDADO

La situación de violencia en la zona de Nuquí es tan grave que nadie de la familia pudo desplazarse hasta esa localidad del Chocó, uno de los departamentos más pobres y abandonados del país, para recibir directamente de las autoridades locales una explicación de lo sucedido y trasladar el cuerpo de Juana Perea a Bogotá.

"El consulado español nos está ayudando muchísimo en todos los trámites", afirma su hermano Iñaki, quien explica que en Nuquí, un pueblo de más de 6.000 habitantes, "no hay Fiscalía, no hay cámaras frigoríficas, no hay nada".

La familia recibió anoche una llamada del párroco del pueblo y del alcalde, quienes les contaron que el cadáver había sido lavado, le habían cambiado la ropa y lo habían trasladado a la iglesia cubierto sólo con una sábana blanca, lo que los parientes consideran una violación de la cadena de custodia que puede alterar el curso de la investigación.

 

RECHAZO NACIONAL

El asesinato de Perea ha consternado al país y, en opinión del escritor y político Gustavo Álvarez Gardeazábal, es un crimen que "nos hace pensar a muchos".

"Profunda tristeza e impotencia esta noticia. Juana Perea era lideresa de Nuquí y defensora de los ecosistemas, entre ellos se oponía al puerto de Tribugá. Devastador. Pedimos justicia y esclarecimiento de los hechos. ¡Que defender la vida no nos cueste la vida!", manifestó en Twitter la senadora Angélica Lozano, del partido Alianza Verde.

Por su parte, el senador Armando Benedetti aseguró: "El asesinato de Juana Perea, ambientalista y defensora del territorio que se oponía al puerto de Tribugá, no puede convertirse en una cifra más de los líderes sociales asesinados este año. Espero que su muerte no quede en la impunidad y que sus luchas sean un compromiso de todos".

 

ESPIRAL DE VIOLENCIA

Según el último informe ante el Consejo de Seguridad del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, sobre la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, 48 líderes sociales y defensores de derechos humanos, entre ellas cinco mujeres, han sido asesinados este año en el país.

La organización Somos Defensores calcula, sin embargo, que tan sólo en el primer semestre fueron cerca de un centenar, y el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) eleva la cifra a 246, sin incluir a Perea.

Según Indepaz, los hechos que rodean el asesinato de Perea "están siendo investigados ya que su residencia estaba ubicada en el corregimiento de Termales, pero su cuerpo apareció en la cabecera municipal de Nuquí".

Para Restrepo, que visitó en dos ocasiones a Perea en Nuquí, ese lugar "es un paraíso condenado" por la acción de los grupos armados ilegales que han creado un "clima intimidatorio" que hace "que uno se sienta amenazado desde que llega allá".

Juana Perea era nieta de Andrés Perea Gallaga, un vasco nacido en 1898 en Baracaldo, municipio de la provincia de Vizcaya, que llegó exiliado a Colombia en 1938 y falleció en 1980.

"Mis abuelos llegaron a Colombia perseguidos por el régimen franquista", recuerda Restrepo, quien destaca que Perea Gallaga fue en 1945 fue el primer delegado del Gobierno vasco en Colombia.