Los penes con perlas no enloquecen tanto

Muchos cubanos asumen que ponerse "perlas" en el pene es un invento cubano, pues no y dicen que enloquece a las mujeres. Según Paula es todo un mito
Los penes con perlas no enloquecen tanto
 

Reproduce este artículo

Una tiende a olvidar muchas cosas, yo le llamo memoria selectiva. En estos días un hecho graciosísimo abrió la gaveta que mi cerebro le tiene dedicada a ciertos hombres en mi vida: “Los no importantes”.

Los hechos que unen a casi todos esos hombres son que pasaron por aquí antes de la universidad y que dejaron poca huella; y que muchos de ellos tenían una perla en el pene. ¿Qué me los recordó? Pues tendré que agradecer este texto a uno de un periódico comunista y mojigato de Pinar del Río que se titula precisamente Un pene con perla, ¿realmente enloquece? y que ya tiene más de 10 mil vistas en el sitio oficial de ese semanario.

Aquí hablaré de esas perlas y esos hombres, pero no encontrarán acá ni miembros viriles ni órganos reproductores masculinos, la palabra de orden es pene, si desean otra cosa en Guerrillero los sirven con guarnición en la etiqueta de “Lo más visto”.

Esas piezas de acrílico son parte del pasado y la adolescencia y por alguna causa nunca he escuchado a los jóvenes de hoy hablar sobre ello, yo en mi “tembitud” me muevo en esos ambientes y nadie “especula” sobre el tema.
 
Cuando yo tenía unos 14 o 15 años todos mis novios de aquel entonces estaban pasando el Servicio Militar Activo. Aquellos chiquillos en trajes verdes me fascinaban, ahora veo un traje verdeolivo y huyo de la repulsión. Pero cuando aquello me encantaban y casi todos tenían sus “queridas” perlas.

Cualquier espacio convenía para que alardearan sobre lo genial que era tener eso en el pene. Casi ninguno mencionaba la operación quirúrgica casera que requiere y que seguro duele con “perla”. Lo importante era gritarle al universo: ¡Yo tengo una perla y pila de jevitas se vuelven locas con ella!

Mi primer novio tenía una, y el segundo y el tercero y así hasta el preuniversitario. ¿Me hicieron sentir algo diferente aquellas bolitas? ¿Me enloquecieron? Pues no. No sentí nada que pudiera ser catalogado como diferente o enigmático, digno de hacerlos emigrar de esa gaveta insulsa hacia las gavetas relevantes de mi mente.

Yo mentía mucho cuando aquello, debo admitirlo. Me preguntaban si estaba rico, si sentía mucho y yo les decía que ¡sí, papito!, lo cual viene siendo casi análogo a fingir un orgasmo

Pero luego en la secundaria yo era la tipa que tenía un jevito con perla y la ficción se desbordaba y ni hablar de clímax, aquello era la cosa tremenda. No era Paula era Pinocha. Con esa edad se miente demasiado y se corre desaforadamente hacia experiencias que después se olvidan, como esos penes.

Hacerse incisiones en el prepucio para colocar bajo la piel pequeños objetos plásticos con forma de cuenta no es nuevo, ni es un invento de nuestra cubanidad y calentura. La tendencia se llama Pearling y pueden usarse implantes de cualquier material que no provoque una infección como silicón, nylon, teflón, titanio o acero inoxidable. Supuestamente los implantes incrementarán la estimulación durante el sexo.

Con el tiempo una comparte esos sucesos con las amigas y muchas han coincidido en que los penes “perlados” eran prácticamente lo mismo que los normales, solo un cambio visual y al tacto, pero nada más. Sus vaginas no se enteraron de aquella curiosa transformación y la mía tampoco; esos hombres nos prometieron sensaciones que no vivimos. Nos habían engañado y lo peor: ellos estaban siendo doblemente timados, su perla y nuestro placer con ellas solo eran un mito.