Padre Varela: Su legado para Cuba hoy

Estamos en presencia de las luces de la democracia. Ojalá que no nos encandilen ni desanimen
Estamos en presencia de las luces de la democracia. Ojalá que no nos encandilen ni desanimen
 

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Los últimos acontecimientos ocurridos en Cuba durante este año y desde mediados del 2020, han cambiado radicalmente la situación del país. El protagonismo de la sociedad civil ha aumentado cualitativamente y la represión del régimen también. Haciendo un balance preliminar de estos históricos hitos hacia la libertad, he tenido cada vez más presente el pensamiento, la obra y el legado del Padre Félix Varela y Morales, de cuyo nacimiento celebramos el 233 aniversario el pasado 20 de noviembre.

No es propósito de esta columna hacer un registro cronológico completo de lo ocurrido en Cuba durante los doce meses anteriores, pero no puedo dejar de mencionar procesos, eventos y fechas que quedarán para siempre en la memoria histórica de la nación cubana: San Isidro; 27 de noviembre de 2020, frente al Ministerio de Cultura; el 27 de enero de 2021 también frente al Mincult, donde ocurrió el llamado “manotazo” del Ministro; el 11 de julio en que todas las provincias de Cuba tuvieron manifestaciones masivas de miles de personas sin previa organización, y todo lo que precedió y ocurrió el 15 de noviembre de 2021. Además, el 18 de noviembre la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos otorgó dos premios “Grammy” al himno “Patria y Vida” convertido en la banda sonora de los últimos acontecimientos en Cuba.

Las más diversas opiniones han conformado, durante estos doce meses, un creciente debate público en los Medios y en las redes sociales. Las discrepancias no son en sí mismas negativas, sino signo del pluralismo creciente de la sociedad civil cubana, el incremento del ejercicio del criterio, sea correcto o errado. Lo no deseable es que lo que unos u otros consideran errores nos dividan y desanimen. Pero, sobre todo deseo destacar que, en el mismo concepto de sociedad civil, se define que esta no llega a su madurez hasta que no se evidencia un debate público plural que forma parte inseparable de su misma naturaleza y esencia. Luego, lo primero que me gustaría decir es que no nos desanimen las discrepancias, lo más importante es que se debata porque hay vida que debatir, decisiones con diferentes lecturas, actuaciones complejas y polisémicas. Esa vida cívica y política está en franco crecimiento en Cuba. Esto es lo importante y decisivo. Estamos en presencia de las luces de la democracia. Ojalá que no nos encandilen ni desanimen.

Ahora bien, destacada esta visión “tejas arriba” sobre el debate público en Cuba, me gustaría abordar lo que, en mi opinión, es todavía una debilidad y una amenaza para la libertad y la vida democrática que estamos procurando: se trata de la falta de educación ética y cívica. Muchos de los errores y opiniones desaforadas nacen de la poca o ninguna formación de la conciencia ciudadana, de la escasa o poca formación para el civismo y el activismo, así como del poco o escaso ejercicio cotidiano del debate respetuoso, de la mesura en el lenguaje, de la falta de escucha de la opinión del otro y del daño antropológico causado por más de 60 años de totalitarismo en Cuba que ha dejado una huella de intolerancia, una manía de condenación, un choteo pueril, improvisaciones e incoherencias que confunden, desorientan y decepcionan a no pocos cubanos. La respuesta no debería ser la frustración sino el sacar lecciones y seguir adelante.

El legado del Padre Félix Varela

Deseo hacer memoria de la obra profética, adelantadora y formadora de la conciencia nacional que aportó Varela, en medio de no pocas decepciones, y antes de que el apostolado de Céspedes, Agramonte y Martí, líderes tan diferentes entre sí y tan complementarios, dieran inicio a la gesta independentista. Varela y Luz, junto a los demás fundadores del Seminario San Carlos, comprendieron que la primera necesidad era la de formar hombres, era educar al ciudadano, despertar su conciencia crítica, afianzar los valores cívicos, ejercitar su capacidad de discernimiento y fomentar la coherencia ética entre lo que se piensa, se dice y se hace, y todo esto hecho antes de que llegara el tiempo de los proyectos libertarios. Por eso pienso que cada vez que consideremos que algo ha fallado en nosotros mismos o en otros, en nuestros proyectos o en otros, en lugar de desanimarnos y dejarnos vencer por la frustración y el desencanto, debemos aprender de Varela que nos dice también hoy: “No hay Patria sin virtud ni virtud con impiedad”. Que primero es aprender a pensar con cabeza propia y huir de los mesianismos y las ideologías manipuladoras, para lograr salir de una vida en la mentira y sin libertades.

Las propuestas

Hoy en Cuba más que nunca es urgente aprender y adherirnos a las prioridades de Varela cuando dejó muy claro, en sus “Cartas a Elpidio” de 1835, que en la obra fundadora de cada época, «se trata de formar hombres de conciencia, en lugar de farsantes de sociedad, hombres que no sean soberbios con los débiles ni débiles con los poderosos…». Como siempre, termino sugiriendo algunas propuestas inspiradas en la obra del fundador de nuestra nacionalidad:

1.  Poner la base del gran edificio de la sociedad: la educación cívica

Podemos decir que el Padre Varela es, en su sentido más amplio y preciso, el fundador de la Educación Cívica en Cuba cuando a los 32 años, el 18 de enero de 1821, hizo exactamente dos siglos, inauguró la primera Cátedra de Derecho Político bajo los auspicios del Obispo Espada en el Aula Magna del Seminario de San Carlos en La Habana. Allí, con una matrícula de 193 habaneros y con los jóvenes asomados por las ventanas para escuchar sus lecciones definió Varela lo que sería aquella primera escuela de formación cívica y política: «yo llamaría a esta cátedra la cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantías nacionales… la fuente de las virtudes cívicas, la base del gran edificio de nuestra felicidad, la que por primera vez ha conciliado entre nosotros las leyes con la Filosofía, que es decir que las ha hecho leyes, la que contiene al fanático y déspota establecimiento y conservando la religión santa y el sabio gobierno…»

2. Superar la indiferencia, la ignorancia y la frivolidad

Aquella sociedad del principio del siglo XIX, que el propio Varela describiría así: «El pecado político casi universal en aquella Isla (Cuba) es la indiferencia…» Y a la indiferencia por el verdadero bienestar de Cuba, mezclada con el interés materialista, se suma, dice el Padre Varela, la irreflexión y un humor superficial y pueril, porque, « ¿Quién podrá ver sin lágrimas el carácter frívolo e irreflexivo, superficial, pueril y ridículo… que adquiere un pueblo dominado por la superstición?… Entonces los pueblos, lo mismo que los hombres exagerados, se entregan a la indolencia cuando llegan a figurarse que es inútil la actividad, apelan al gracejo para encubrir la ignorancia». Mucho se acerca esta descripción del Padre Varela sobre la sociedad cubana del siglo XIX a la nuestra... Pero, tal como nos enseñó el fundador de la cultura y la nación cubana, el hombre cívico no se queda en la crítica amarga, ni solamente se dedica a la queja estéril y frágil. No deben pensar los hombres cívicos de hoy que “algo tiene que suceder”, que hay muchas cosas que cambiar para mejorar, mientras dedican su tiempo a “esperar” a que esa solución caiga del “cielo”.

3. No confundir miedo con prudencia

Aprendamos de Varela cuál debe ser la actitud cívica de cada cubano: «Cuando la Patria peligra y la indolencia sensible de unos y la execrable perfidia de otros hacen que el pueblo duerma y vaya aproximándose a pasos gigantescos a un precipicio… ¿será imprudencia levantar la voz y advertir el peligro?… ¡Qué fácil de recursos es el miedo!: Si la casa de un amigo arde, ¿sería prudencia y amistad no despertarlo mientras duerme?”

4. Reunir esfuerzos en la necesidad

Sucumbir ante la lucha cotidiana por la subsistencia no nos permitirá tener altos ideales y nobles intereses. “Escapar”, “ir tirando”, ante el agobio y el resolver mis problemas al estilo de “sálvese quien pueda y como pueda” son algunas de las opiniones que escucho hoy. Demasiado a menudo y de forma apasionada, lo importante para algunos es “salir de esta situación”… les preguntaría: ¿hacia dónde?… ¿por qué caminos?… ¿salir o permanecer?, ¿permanecer indolente o comprometidos en la búsqueda de soluciones? ¿A qué precio? ¿Con quiénes?… El Padre Varela nos responde:«…La isla de Cuba sigue la ley de la necesidad y así como por ella se conserva dependiente, por ella misma puede verse precisada a tomar otro partido. Para este caso, que quizá no dista mucho, deben prepararse los ánimos. Sea cual fuere la opinión política de cada individuo, deben todos reconocer el gran principio de la necesidad, y hacer todo lo posible para que su aplicación no produzca males. Una lucha imprudente es una ruina probable y a veces cierta. Es preciso reunir todos los esfuerzos para sacar ventajas de la misma necesidad».

5. Exhortar a la participación cívica: obligación de todo hombre honrado

Su exhortación a la participación cívica de cada hombre honrado, más allá de sus intereses estrictamente individuales es hoy un desafío para cada cubano de buena voluntad: «Lo que más debe desearse en la isla de Cuba, sea cual fuere su situación, es que los hombres de provecho, los verdaderos patriotas, se persuadan que ahora más que nunca están en la estrecha obligación de ser útiles a la Patria, obligación en cuyo cumplimiento va envuelta su utilidad personal; que depongan una timidez cohonestada con el nombre de modestia, que tomen parte en todos los negocios públicos con el interés de un hombre honrado, pero con toda la energía y firmeza de un patriota. No abandonen el campo para que se enseñoreen en él cuatro especuladores y alguna chusma de hombres degradados».

6. Un programa de vida para hombres cívicos

Al Padre de la Nacionalidad, al primer Educador de la Conciencia Cívica, al fundador de la primera cátedra de la libertad y los derechos del hombre hace doscientos años aunque no se haya celebrado dignamente, debemos la inspiración para nuestra obra de formación cívica y religiosa de hoy: el Padre Félix Varela no solo nos enseñó a pensar… sino también cómo vivir y procurar el bien de la nación: «Yo no he hecho más que procurar que los hombres se conozcan mutuamente y conozcan su situación, para que en un caso que por su naturaleza es inevitable se calmen las pasiones, se impidan los desastres, y saque el país inmensas ventajas, que hagan felices a sus actuales habitantes y a sus futuras generaciones. Si este es un crimen, he aquí un crimen protector de la humanidad y arreglado a la justicia, he aquí un criminal que se gloria de serlo».

He aquí un programa de vida para la sociedad civil inspirado en las enseñanzas de Varela. Cuba ha entrado en la recta final rumbo a la libertad. Es importante medir las fuerzas, calcular la velocidad, tasar la intensidad de cada uno según las características del proyecto en el que se compromete. No se puede correr la maratón a la velocidad de los cien metros planos. Ni valdría para nada correr los cien metros planos a la velocidad de la maratón.

Ahora me parece de capital importancia, mantener la perseverancia, discernir conscientemente lo que pertenece al ámbito de lo personal y lo que es propio del ámbito público. Comprometernos con los proyectos y programas más que con las personas, porque cada cual da de lo que tiene y hasta donde puede. Y eso también hay que aprender a aceptarlo y respetarlo. Esa es la ventaja y la riqueza de la pluralidad: el poder “poner muchos huevos en muchas cestas”. Pero sobre todo, debemos poner el empeño en no desanimarnos ni desanimar a otros; ni frustrarnos ni condenar por lo que pudieran parecer circunstanciales reveses puntuales. Cada aporte, no importa cuán pequeño y limitado sea, deja puesto su ladrillo y deja el edificio de la libertad a un nivel más al toque como estaba antes.

Cuba en la hora presente es crucial: levantar la vista, mantener el ritmo de la esperanza, dar educación ética y cívica, encontrar los caminos de la libertad y la responsabilidad, madurar los proyectos, y siempre, pase lo que pase, seguir adelante.

Hasta el próximo lunes, Dios mediante.

*Publicado originalmente en Convivencia.

Escrito por Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo.Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Reside en Pinar del Río.