¿Por qué el socialismo salvará al mundo? Segunda explicación simple
Fernández Larrea, en la segunda entrega de sus respuestas a la interrogante del título, ironiza con las cosas que sólo el socialismo es capaz de lograr, sobre todo cuando se pretende construirlo a la cubana

La primera parte de este trabajo fue publicada hace casi un mes. Entonces vino lo que vino: el terror, la alarma, el susto tremendo a partir del aviso que diera, en el noticiero de la televisión cubana, la periodista Irma Shelton: en los Estados Unidos se estaba acabando la carne.

Me bloqueé, me acalambré de tal manera que ni siquiera el socialismo podía salvarme del mutismo. Y a pesar de que grité para mis adentros “abajo el bloqueo”, no me desbloqueaba.

Ocho bistés más tarde pude relajarme y entonces vino, como una epifanía (en forma de pollo asado) la idea que quise atrapar y no pude. El resumen brevísimo de por qué el socialismo es superior al feudalismo, e incluso al esclavismo, y por tal razón será el sistema llamado a salvar la raza humana, y algunas razas caninas como los chihuahuas.

Para nadie es un secreto que el socialismo es lo más difícil que hay de construir. Y es de las pocas cosas que vienen sin librito de instrucciones. El mismo Lenin estuvo fajado con Trotsky, que se fajó con Stalin, que se fajó con todos los que le sugerían que no se armaba como él lo estaba armando. Y hasta a Armando lo mandó a Siberia.

En el caso de Cuba, es más sencillo explicarlo. Cuba es una isla rodeada de mar por todas partes. Cuando una tierra está rodeada de mar y uno quiere construir el socialismo, tiene que priorizar la vigilancia de las costas porque siempre habrá gente queriendo salir y gente queriendo entrar. Casualmente, en los 61 años que llevan los mismos constructores en la obra cubana, poca gente ha querido entrar y casi todos quisieron salir.

También hay un “factor que coadyuva” en hacer que el socialismo cubano sea casi imposible de construirse: Él mismo lo confesó. Y cuando digo Él todos saben de quien hablo. Él dijo que “Hemos construido una revolución más grande que nosotros mismos”. Cuando a esa revolución de talla extra le quieres construir el socialismo, algo no entra o algo se queda afuera. O todo le queda mal, desajustado y chambón.

Y como Él lo quería hacer todo más grande que nosotros mismos, le dio por hacer así también el socialismo para la isla, de modo que los bordes llegaban a la Unión Soviética, y los rusos se acomplejaron de que los dejaran en ridículo. Y nada, como que se perdieron los materiales para seguirlo construyendo. Pero sobre el papel, y en algunas cosas que sí se han probado, el socialismo pudiera salvar al mundo. Por ejemplo:

-el socialismo es cómico: No pasa un día en el que no se invente una consigna nueva o te prometan algo mejor que lo que no llegaste a tener.
-el socialismo cuida tu salud: cuando todos son iguales pocos tienen más cosas que otros, por ejemplo, transporte. Y el transporte se convierte en un reto infernal. Así que lo más saludable es utilizar tu propia locomoción, o montar bicicleta o carriola. Todo bajo el sol al aire libre. Y como comes poco, no estás en riesgo de diabetes o enfermedades cardiovasculares. Y mucho menos de gota, esa asquerosa artritis de quienes consumen carne con su ácido úrico.
-el socialismo es estimulante para la vista y para la memoria. Puedes pasar años intentando adivinar cuándo terminarán el edificio de la esquina o cuándo se va a derrumbar el tuyo. Y también intentas recordar lo que había antes de que tumbaran lo que había antes de lo que no terminan de construir. Un alegre círculo vicioso.

En fin, el socialismo te obliga a ejercitar la vista vigilando al vecino por si consigue algo que tú no tienes. Y mejora la circulación de la sangre cuando piensas que derrotarás al enemigo que quiere apropiarse de todo eso que te falta. Está demostrado que la envidia estimula los sentidos y te hace peor persona, pero si eres revolucionario y socialista no se nota tanto.

El gobierno cubano, que algunos exagerados llaman “dictadura”, ha sido muy cuidadoso construyendo el socialismo, porque la cercanía con el imperio del norte obliga a hacerlo con un cuidado minucioso, exacto, y que todas las piezas encajen. Hacer que las piezas encajen es uno de los síntomas más comunes de la locura humana.

Antes de terminar, un chiste creado en aquellos países que se rindieron y no construyeron el socialismo: Después de un tiempo de la caída del Muro de Berlín dos viejos amigos se encuentran y uno le dice al otro: “¿Viste? Todo lo que nos contaban del socialismo era mentira”. Y dice el otro: “La cosa es peor, todo lo que nos contaban del capitalismo era verdad”.

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.