Para Díaz-Canel todo va bien
Parece magia y suena a canción, la ciudad (el país) se derrumba y él
cantando: “Díaz-Canel dice que ha sido 'un buen verano' en Cuba a pesar
de restricciones económicas”.
 Para Díaz-Canel todo va bien
 


Parece magia y suena a canción, la ciudad (el país) se derrumba y él
cantando: “Díaz-Canel dice que ha sido 'un buen verano' en Cuba a pesar
de restricciones económicas”.

Pasa de todo y casi todo malo, pero Miguel Díaz-Canel conserva un
optimismo que linda con la ceguera o con la alegría de los tontos. O es
ceguera política o hace caso a lo que le dijo la lectura de las barajas:
“habla de felicidad y la gente será feliz”.

Pero el mundo no funciona como uno quiere. El mundo, su mundo, el que
le soltaron como una papa caliente, es el resultado de todos los destrozos
de 60 años de ambiciones personales y violencia en sordina.

El titular ha recorrido la prensa independiente, la que no leen los cubanos
de adentro de la isla, de manera que no hay peligro que se extienda su
luminosa visión, rodeado de ministros de dedo rápido para twiter y caras
de concreto, a prueba de preguntas inocentes en la Mesa redonda.

Ahora uno entiende mejor qué rayos es eso de “ser continuidad”, que es
llevar, unidos y en extraña amalgama “los tres monos sabios”, el que nada
ve, el que nada escucha y el que no dice nada, o cuando lo dice, no tiene
que ver con nada de nada porque, al estilo de un viejo chiste: no se ve lo
que se oye.  Esa continuidad significa, por si no lo ha entendido todo el
mundo ya, el criminal y ampuloso discurso triunfalista de Fidel Castro, que
apuntalaba el país con palitos chinos y papeles ensalivados, como
esperando que aguantaran el chaparrón los que vinieran tras él, a pesar de
que se creía eterno.

Por supuesto que el mandado (que no mandatario) Díaz-Canel mencionó
el aumento salarial pero evitó tocar la crisis de los precios. Igualmente
obvió “la escasez de alimentos” que “no solo azotó a los mercados
estatales, sino también a hoteles cuatro y cinco estrellas”. Como tampoco
aparecieron referencias al abasto de agua potable: “una angustia
constante para los isleños durante estos últimos dos meses,
específicamente por los dilatados ciclos de distribución, aunque también
hubo reportes sobre la cuestionable calidad del líquido. En varios casos se
denunció la presencia de agua con un color marrón en los hogares”. 

Para Díaz-Canel todo va bien, porque “los aspectos positivos sobrepasan
los negativos, y considera que estos últimos no “deben nublar la vista ante
lo que no ha salido bien”. Una filosofía peligrosa, como la del cornudo que
no se queja tanto del engaño porque su mujer no sale de su casa para
engañarlo con el vecino.

La violencia de la policía va en aumento, pero para Díaz-Canel todo va
bien. Él se atreve a mencionar la soga en casa del ahorcado. Hay
apagones de duraciones insoportables a cualquier hora, pero eso no es
tan malo, según Miguel. Las tiendas de Cuba están sucias y
desabastecidas, pero para Miguel todo va bien, aunque un medio oficialista
haya tenido que hablar de carnes podridas y olores insoportables, pero sin
alborotar mucho, solamente mencionando "olor desagradable en el área
de congelados”.
 

 

Mucha gente con acceso a las redes sociales “aluden a un problema
devenido crónico en varias tiendas no solo de La Habana, sino de todo el
país, donde el "plan de ahorro"; de electricidad regula en extremo el uso del
aire acondicionado, lo que repercute no solo en el mal olor sino incluso en
la calidad de los productos en venta”.

Y ahí no para la cosa, como si su estreno como presidente, con tornado y
accidente de aviación, le hubieran nublado el juicio para siempre: “Las
condiciones de los hospitales cubanos, durante décadas punta de lanza de
la propaganda castrista, han sido denunciadas por pacientes que han
debido sufrir amargamente la falta de higiene y de condiciones en general”.

Derrumbes, inundaciones, accidentes de tráfico por el pésimo estado de
las vías y un sordo malestar que agrava el calor, todo eso, mezclado y
batido, pero Miguel dice que todo anda bien. Porque no hay que fijarse en
lo negativo. Ha sido un buen verano, según él. Veremos qué dice cuando
empiece a nevar.

Es como que haya un sobreviviente tras el anunciado Armagedón, y sonría
feliz diciendo que “todavía estamos vivos”. ¿Será tonto o teme que si dice
algo malo le pueda pegar la policía?

Cuba puede enorgullecerse, tras un comandante egocéntrico y soberbio
tiene ahora al frente al bobo de la yuca.


*Este es un artículo de opinión. Los criterios que contiene son responsabilidad exclusiva de su autor, y no representan necesariamente la opinión editorial de ADN CUBA.

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.