En Cienfuegos “Vamos por menos” en el transporte
En vez de ir por más, como convoca Díaz-Canel, en Cienfuegos parecen ir por menos en el transporte. Así lo demuestra este relato, que recoge lo sucedido a bordo de un ómnibus Diana en Cienfuegos, tras una larga espera
Los ómnibus Diana compensan un poco la crisis, pero no pueden transportar un número elevado de personas

Estar dos horas esperando en la parada a un ómnibus de la Ruta 1 de Cienfuegos, que cubre el trayecto que va de Punta Gorda hasta el Consejo Popular Obourque; no poder llegar a tiempo a mi destino; presenciar la bronca de un chofer, donde pude ver el filo brilloso de un machete; y comprobar una vez más lo apretado que el cubano tiene que viajar en los ómnibus Diana, fueron los motivos que me empujaron a escribir este artículo.

Pese a que el llamado período coyuntural y su crisis de combustible se “estabilizó”, según el discurso oficial, aún persisten las demoras en la llegada de los ómnibus a las paradas.

De ese período coyuntural solo queda el rezago del gas licuado.  Recientemente una nota oficial dejó bien claro que este producto, obtenido del petróleo, va a escasear en Cuba, por lo que hay que tener “mano dura en el asunto y ahorrar lo más que se pueda”.

Y como la culpa nunca cae al piso, le achacamos nuestros problemas al “imperialismo yanqui”, que “quiere doblegarnos”. No somos capaces de ver los problemas que aún Cuba presenta desde dentro, empezando desde las “altas esferas”.

Todas esas frases las escuché en casi tres horas parada en el lugar donde se espera por la ruta antes mencionada. Desde 2016, en Cienfuegos comenzaron a funcionar los muy halagados por la prensa oficialista Ómnibus Diana, una especie de “caja de fósforos, donde los cerillos somos los cubanos que tenemos que coger las guaguas cada día para ir a trabajar”. Así me dijo una señora a la que tenían atrabancada contra la puerta de entrada y salida.

Este medio de transporte, marca Diana, se produce en la Fábrica Evelio Prieto, ubicada en la provincia Artemisa. En tono jocoso, para aliviar la situación actual, el pueblo ha llamado a estas guaguas Aspirinas, Microwave, caja de mentol, de fósforos, burrito y muchos sobrenombres más.

Estas guaguas solventan la crisis, pero, como ha reconocido el gobierno provincial, son ineficientes para trasladar grandes cantidades de personas. Pese al reconocimiento de la ineficiencia, las autoridades “no tienen un gesto por arreglar esa situación”.

“Viajamos como sardinas en lata”, me dijo una maestra que iba tarde a su trabajo. “Así todos los días esta agonía. ¿Yo no sé qué piensan que somos?”

“¿Tú te crees que así, en estas condiciones, yo tengo ganas de llegar a una escuela y enfrentarme a dar clases ocho horas, a un grupo de 28 adolescentes que están entrando en la etapa más difícil de la vida?”, preguntó.

En la guagua en la que viajaba, la Ruta 1, compartí viaje con más de 20 estudiantes de uniforme de camisa blanca y pantalón carmelita, lo cual indicaba que estudiaban en los Politécnicos “5 de Septiembre” y “José Gregorio Martínez”.

Los jóvenes tienen que vivir estas experiencias diariamente. En el trayecto, pude oír de ellos palabras de desaliento, quejas y hasta malas palabras. Se sienten agotados de todos los días tener que pasar “la misma cantaleta”.

A todo lo anterior, se le pueden sumar las malas condiciones que presentan las guaguas, debido a la marcada explotación que llevan durante varios años y el poco mantenimiento que reciben, para no decir que ninguno.

 

“Eso de que estamos estables con el petróleo es un cuento de camino, es como si pensaran que uno es tonto o un chiquillo que no entiende lo que está pasando. Aquí todo el mundo sabe que sigue habiendo problemas, porque si no, no estuviéramos pasando este trabajo diariamente”, gritó un señor desde el fondo de la guagua.

“Y ahora salen con lo del problema con el gas. Es que aquí en Cuba no escampa. Siempre tenemos problemas en todo y después sale un cara de tabla diciendo que sobrecumplimos, que vamos por más, que somos una potencia. Mira chico, que no me jodan”.

En esta odisea, pude ver además una bronca entre el chofer y alguien que no alcancé a ver por el tumulto. El filo del machete me pasó muy cerca. Y así, diariamente, estas personas tienen que pasar por experiencias similares.

Lo que al principio fue visto como una alternativa para satisfacer la demanda de la población, hoy se vuelve una pesadilla. La limitada capacidad de las guaguas Diana, sobre todo en horarios pico, se hace una lucha constante para el cienfueguero, y cualquier cubano, de a pie.