Rosie Inguanzo escribe la "novela del padre"

La escritora cubana exiliada en Miami Rosie Inguanzo está escribiendo "la novela del padre" después de haber hecho el duelo por su madre en su novela breve La Habana sentimental (2018), escrita "con el inconsciente hacia afuera".

El amor filial, la violencia doméstica, la ilusión por la vida y a la vez el relato descarnado de la muerte se conectan con un agrio sabor en "La Habana sentimental", una historia abundante de violencia que se desarrolla en La Habana revolucionaria de los años 70 y 80 y concluye en Miami.

Durante una entrevista con Efe, Inguanzo recuerda que su madre agonizaba mientras ella escribía esa novela breve publicada por el sello Bokeh, basado en Holanda, y elogiada por la crítica.

"Me costó mucho trabajo escribirla. Me gusta pensar que es una novela de amor filial, pero es una novela de duelo. No es lineal, va a ciertos lugares recónditos", explica la autora.

Ahora le ha llegado el turno a "la novela del padre, un libro sobre ese personaje violento", dice Inguanzo, que también prepara una obra de poesía titulada Baladas crueles, donde utiliza nuevamente "el inconsciente hacia afuera".

"Me gusta una estética jodida, me gusta hablar de lo que nadie habla, de lo que subyace, para tratar de hallar lo bello en lo terrible. Alguien me dijo que ("La Habana sentimental") es una novela sucia, pero no lo creo", afirma la autora.

La primera novela de Inguanzo logra hilvanar 24 relatos aparentemente inconexos, narrados la mayor parte en primera persona por una madre y una hija, para repasar la historia de una familia que se traslada del "interior" del país a la capital y termina exiliada en Miami.

Pero la narración que Inguanzo dice haber realizado tomando como materia prima "lo que subyace" es también la historia de una niña que nació con escoliosis y con un clítoris hipertrófico, dos circunstancias que la hacen reflexionar a menudo sobre el dolor físico y el emocional, en un país donde según la autora "todo se desmanteló para implantar un proyecto social nuevo, obviamente fallido".

Inguanzo, quien además de narradora es poeta, actriz, directora de escena y profesora de literatura española en un instituto en Miami, recrea en la voz de una madre cómo fue la existencia de las provincianas que, ilusionadas con la vida nocturna de la capital, lograron "colocarse" en el servicio doméstico.

Aunque el título pueda sugerir algo dulce, el camino que debe recorrer esta madre de cuatro hijos y con once abortos no es color de rosa: un marido que aunque la quería la golpeaba y un Estado que, como castigo y por opositora, la enviaba a trabajar en la agricultura, incluso embarazada.

"Ese personaje me lo inspiró mi madre, la novela no es biográfica y lo es, pero fíjate que este personaje adora La Habana, que era su sueño y lo había cumplido, no fue una idealización. Mi madre vio cantar al Benny (Moré), mi madre me decía: "lo que yo viví tú no lo vivirás jamás", comenta la autora.

Y agrega: "Las madres cubanas llegan a ser hombres, son madres corajes, son madres machos, madres patriarcales, han pasado mucho nuestras madres cubanas. Mi madre iluminó e ilumina mi vida".

Preguntada sobre si se propuso englobar o representar en su libro a la familia cubana, Inguanzo primeramente lo niega, para luego matizar: "Traté de hablar de una familia totalmente denostada y desarticulada, dañada, pero creo que sí, que cuando hablo de esa familia hablo de la familia cubana".

"Hemos sufrido separación familiar, vejaciones, castigos, y todo eso te deja huella. Aunque no me gusta verlo de manera trágica, la vida es la vida. Esto es lo filosófico, pero en lo concreto el cubano lo ha pasado muy duro", afirma.

La Habana sentimental, si se quiere, es un demoledor testimonio novelado, que pasa por los hospitales de la isla, por los campamentos de "pioneros" (enseñanza primaria) y, entre otros tópicos del contexto histórico, por los sucesos de la embajada de Perú en La Habana, que en 1980 dieron lugar al éxodo masivo del Mariel.

Inguanzo, exiliada en Miami desde 1985, narra desde la perspectiva de una niña y de una adolescente los avatares de "la construcción del socialismo", en base al ángulo más íntimo que pueda suponerse.

Entre otros pasajes del contexto histórico, está el de un sandinista mutilado de guerra que a sus 26 años llega a La Habana para atenderse en un hospital y sostiene una relación carnal con una niña de 12 años que está pensando en marcharse del país, mientras miles de personas invaden la embajada de Perú y piden asilo político.

"Traté de hacer un striptease, de desnudarme en la escritura. Cuando llegué a este país en 1985 fue psicoanalizada, llegué muy mal. Lo hacía en secreto pero fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida, porque además el psicoanálisis me salvó la vida", confiesa Inguanzo.

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