Mujeres rotas desde niñas
Víctimas de pederastia y abusos sexuales en su infancia dan sus opiniones a ADN Cuba sobre la definición que por estos días hacen algunos de esos actos como una muestra de "amor por los niños"
Menores víctimas de una red de tráfico sexual infantil. Foto: EFE
 

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Mientras espera turno en un taller privado para reparar su ordenador portátil, Yerisel escucha los comentarios de otros dos clientes sobre un tema que la devuelve, instantáneamente, al episodio más amargo de su vida: las llamadas Personas Atraídas por Menores (PAM).

Recurre a los auriculares para aislarse de la conversación, pero es tarde. No logra evitar revivir el peor de sus recuerdos de niña junto a la perpetua incomodidad cada vez que utiliza el baño para su aseo personal. Tiene 42 años de edad, es especialista en logopedia y nunca olvida pasar el cerrojo a la puerta del baño, incluso cuando está sola en casa. 

“De niña fui, reiteradamente, víctima de abusos lascivos de mi propio padre. Siempre a la hora de bañarme. No entendía qué pasaba, no tenía la más mínima conciencia de que estaba siendo abusada lascivamente. Difícilmente un niño podrá diferenciar entre caricias de ternura y tocamientos lascivos porque desconoce cuáles aspectos componen un acto sexual”, revela Yerisel, quien asegura que nunca ha podido bloquear ese episodio, ni siquiera recurriendo al ejercicio de memoria emotiva como estrategia inversa para enterrar esos recuerdos.

“Es por eso que no puede hablarse de amor carnal en los niños. ¿Cómo pueden corresponder los niños a los requerimientos sexuales de un adulto? Es impensable en todo sentido entenderse como ‘amor por los niños’ a la atracción carnal de un adulto por ellos. Eso significaría el fin de la inocencia. Los niños necesitan de amor y de juguetes, no de la pedofilia como relación entronizada en la sociedad”, puntualiza Yerisel, quien desde hace 15 años trabaja con infantes.   

La pedofilia, coincide la casi totalidad de la comunidad médica mundial, es un trastorno de la inclinación sexual que se caracteriza por la presencia de fantasías recurrentes y productoras de un elevado nivel de excitación sexual cuyo objeto de deseo, o lo que provoca la atracción sexual, son niños o niñas prepúberes.

El pedófilo utiliza la seducción, violencia ‒incluyendo violación y riesgo de muerte‒, remuneración al menor para conseguir aceptación, induciendo incluso a la drogadicción y alcoholismo.

Aunque considera que haber sido víctima, en su niñez, de abusos lascivos por parte de su tío no consolidaron trastornos limitantes para su vida, Malena se opone a que cualquier acto de componente sexual que un adulto ejerza sobre un menor sea equiparado o considerado como derecho. 

“El simple hecho de otorgar un nombre, casi poético, a una actitud tan repudiable conlleva a cuestionar la salud mental de los seres humanos. Como niña, me era imposible entender en aquellos momentos por qué mi tío frotaba su cuerpo contra el mío, o la manera apretada en que me sentaba sobre sus piernas. Eso es manipular o traficar la inocencia, no es amor en ningún caso”, puntualiza Malena, especialista en restauración de monumentos, quien asegura que cada vez que ve una niña sentada en las piernas de un hombre rememora los episodios con su tío que sucedían siempre que regresaba de la escuela. 

“Estas no son ‘personas atraídas por menores’, sino individuos al borde de cometer el peor y más terrible crimen que comienza con el robo de la inocencia. Quedas rota por dentro para siempre, como si te faltara un pedazo de vida. Nunca más vuelves a confiar”, afirma Malena, que concuerda en que la pedofilia debería ser tipificada como delito grave.

Durante décadas el régimen cubano ha bordeado la verdad en sus informes al Examen Periódico Universal del Consejo de Derechos Humanos. A sabiendas evita informar sobre los innumerables casos de agresión sexual y violencia contra niños y adolescentes, mientras las autoridades de Salud Pública, bajo el control del Partido Comunista, abordan estos patrones de conducta desde el paternalismo.  

Tanto la pedofilia como los disímiles aspectos de la violencia de género y el feminicidio también tienen que ser tipificados dentro del Código Penal. Es inadmisible que exista la penalización, y largas condenas de cárcel, para el hurto y sacrificio de ganado mayor, mientras se deja fuera de su competencia delitos que laceran a la familia como institución base de la sociedad y la legislación de una Ley contra la violencia de género.

Según el Artículo 34 de la Convención de los Derechos del Niño, los Estados Partes se comprometen a proteger al niño contra todas las formas de explotación y abuso sexuales; e insta a tomar las medidas de carácter nacional, bilateral y multilateral que sean necesarias para impedir: la incitación o la coacción para que un niño se dedique a cualquier actividad sexual ilegal, y la explotación del niño en la prostitución u otras prácticas sexuales ilegales.

Sin embargo, en el Informe de Cuba correspondiente a 2018 no hay una sola mención a la adopción de medidas contra el creciente índice de conductas pedófilas y de pederastia. A pesar de que el régimen reconoció, a finales de 2016, que más de dos mil menores fueron víctimas de presuntos casos de abuso sexual en Cuba, ninguna de estas cifras o enfoques del tema son de dominio público ni trascienden a los medios de prensa estatales. Por otra parte, las autoridades de Salud Pública reflejan que solo uno de cada cuatro casos de violencia sexual en la isla son denunciados.

En opinión de Natalia, licenciada en estomatología y radicada actualmente en los Estados Unidos, este reconocimiento del régimen “se corresponde con el acceso de los cubanos a internet, la inmediatez de las redes sociales, y la presión indiscutible de la prensa independiente que grafica la desconfianza de la sociedad civil ante las instituciones de prensa, justicia y tribunales”.

Víctima de un abuso sexual agravado cuando apenas tenía 10 años de edad, Natalia recalca que nadie que haya transitado por episodios de esta índole podría estar de acuerdo en considerar siquiera “denominar PAM a quienes se motivan con niños desde impulsos que no sean la protección y el amor a su inocencia”.

La madre de Natalia, una oficial de alta gradación del Ministerio del Interior, prefirió ocultar que fue su hermano quien cometió la agresión sexual contra su hija, antes que reconocer que este exhibía desde siempre una conducta pedófila y mantuvo como objeto de su deseo a su propia sobrina.

“Una cosa es sobrevivir a un abuso sexual o lascivo, sea desde la pedofilia o la pederastia [cometimiento de un abuso sexual a menores], y otra cosa es que por consecuencia nunca más tengas una vida, al menos psicológicamente, sana. Si no se tipifica a la pedofilia como un comportamiento criminal, no se puede hablar entonces de protección a los derechos del niño. Es aberrante que las personas puedan tomarse en serio el derecho de las PAM por sobre los derechos de los niños, y resulta sumamente alarmante que en Cuba, donde la desprotección que rige en todos los sectores sociales es agenda de gobierno, se piense en este tipo de tolerancias”, concluyó Natalia.