Fallece José Siro González, Obispo Emérito de Pinar del Río

José Siro González Bacallao, Obispo Emérito de la diócesis de Pinar del Río, falleció a la edad de 90 años y 67 como sacerdote
 José Siro González, Obispo Emérito de Pinar del Río
 

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José Siro González Bacallao, Obispo Emérito de la diócesis de Pinar del Río, falleció este 19 de julio a la edad de 90 años y 67 como sacerdote, informaron fuentes eclesiásticas.

Mediante un comunicado la Diócesis de Pinar del Río, en el occidente de Cuba, informó que su cadáver sería trasladado a la Catedral de Pinar del Río, para la Misa de Exequias y recibir sepultura en el Panteón de los Obispos del Cementerio Católico de la Alameda en la ciudad de Pinar del Río.

El Obispo de Holguín Emilio Aranguren Echeverría, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos en Cuba (COCC), escribió a su homólogo en Pinar del Río, Mons. Juan de Dios Hernández: “Queremos hacerte llegar nuestra fraternal cercanía y (…) a todos cuantos integran la Iglesia Diocesana de Pinar del Río: sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y a todos los fieles laicos, de modo particular a aquellas comunidades donde el P. Siro, como sacerdote, ejerció su ministerio pastoral y con las cuales estableció un fuerte vínculo paterno y afectivo”.

Emilio Aranguren se refirió a “tantos católicos pinareños y artemiseños que, desde otras tierras, hoy lloran y elevan su oración por el eterno descanso de tan querido pastor”.

El padre Siro, según el presidente de la COCC en su carta, tuvo una “trayectoria de vida y de ministerio sacerdotal y episcopal [que] todos conocemos y valoramos por la calidad humana y fraterna, paternal, generosa y sacrificada, muy cubana y muy eclesial que siempre le caracterizó”.


José Siro González nació en el municipio de Candelaria, provincia de Artemisa, el 9 de diciembre de 1930, en el seno de una familia pobre. Con apenas 12 años entró al Seminario San Carlos y San Ambrosio (La Habana) para cursar los estudios como sacerdote diocesano.

Concluyó sus estudios en el Seminario El Buen Pastor, creado por el Cardenal Arteaga, siendo ordenado sacerdote el 28 de febrero de 1945. Celebró su primera Misa en Candelaria el 7 de marzo de ese mismo año.

En 1957 fue nombrado párroco de San Juan y Martínez, comunidad a la que sirvió durante 22 años. Con la llegada de Fidel Castro al poder, recuerda la nota, “comenzó el duro período para la Iglesia Católica en Cuba con la expulsión de sacerdotes, cierre de escuelas y universidades pertenecientes a la Iglesia, así como la imposibilidad de construir templos, junto a otras dificultades”.

Luego sobrevino el “éxodo espontáneo de muchos sacerdotes, religiosas y laicos”. En ese contexto, Mons. Evelio Díaz encargó a José Siro González junto con el P. Claudio Ojea, la atención de todas las parroquias de las vicarías central y oriental de la diócesis.

En 1966 el P. Siro trasladó su trabajo pastoral al campo y se dedicó durante casi 7 años (de 1966 a 1973) a sembrar tabaco, arroz, frijoles y viandas en la vega de Pancho Ravelo, un laico de la comunidad de San Juan y Martínez.

Cuando tomó posesión Mons. Jaime Ortega Alamino, como Obispo de Pinar del Río (1979), Mons. Siro fue llamado a trabajar a su lado como Vicario de la Diócesis y Párroco de la Catedral, donde estuvo hasta que el Papa Juan Pablo II lo eligió Obispo de la Diócesis, ordenado el 16 de mayo de 1982.

El finado fue de los Obispos impulsores de la Reflexión Eclesial Cubana que preparaba a la Iglesia para el Encuentro Nacional Cubano (ENEC) en 1986.

La creación del Centro Misionero en Candelaria “César Balbín”, el Centro de Formación Cívica y Religiosa, las Escuelas de Verano para Catequistas, la incorporación de comunidades religiosas femeninas al servicio pastoral en Pinar del Río, la construcción de la Casa Diocesana Nuestra Señora de Loreto, son logros en la comunidad católica que se le atribuyen.

José Siro González presentó su renuncia a la edad de 77 años (2006), y fue aceptada por el Papa Benedicto XVI. Se retiró al poblado de Mantua, en el extremo más occidental de Pinar del Río.

El comunicado de la diócesis expresa sobre el sacerdote, que se podía “compartir con él tanto de la vida personal como eclesial, y siempre recibiríamos un buen consejo, acompañado de una sonrisa que animaba”.