Cuba, sus médicos, el mundo y la pandemia. Algunos hechos, mitos y alternativas

Armando Chaguaceda plantea hechos, mitos y alternativas sobre la colaboración médica cubana. Como la realidad cubana y hasta la ONU demuestran, no todo es como se vende
 

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En los últimos días, el Estado cubano ha enviado especialistas de salud a varios países de Europa y Latinoamérica, sacudidos por el COVID-19. En torno al tema los medios comentan, la gente se ilusiona y los amigos preguntan. De ahí que, de un modo breve, resumo algunos elementos -hechos comprobables, mitos repetidos y alternativas posibles- sobre la presencia médica cubana en la actual coyuntura.

Hechos:

1- Se trata de una Política de Estado: la exportación de personal sanitario constituye el ingreso principal del país -por encima de remesas y turismo- y es también un mecanismo de influencia política -promoción de la imagen internacional de Cuba e incidencia en la política doméstica de otros países, como ha sucedido en Venezuela. Carmelo Mesa-Lago y Pavel Vidal han evidenciado esta relevancia económica en sus análisis. El propio gobierno revela en su prensa el uso propagandístico de la ayuda médica. 

2- La participación del personal no descansa en el altruismo voluntario. Si bien no existe una compulsión inapelable -salvo para los médicos militares- a participar en estas misiones, tampoco se trata de brigadas solidarias homologables a las de galenos de otros países que, con su tiempo y dinero, van a trabajar, por ejemplo, a África. Las misiones incluyen agentes de vigilancia, sanciones a “desertores” y retención del grueso del salario del personal. Por eso la ONU las catalogó recientemente como “trabajo esclavo”.

3- Pese a todo eso, la labor de médicos cubanos es lógicamente agradecible allí donde están. Salvan vidas. La población en riesgo, en cualquier parte del universo, no mira otra cosa que curarse. Cualquier juicio -analítico, político, ético- debe tomar eso es cuenta. Los gobiernos extranjeros harán lo imposible por conseguir personal sanitario que les ayude a atender a sus ciudadanos. Vale también este punto para el impacto de la desatención de la población cubana, que se ve despojada de sus especialistas por una inapelable decisión de Estado.

Mitos:

4- “Cuba manda médicos porque tiene de sobra”. Falso. El deterioro en cobertura y calidad de la atención médica es notoria desde el Periodo Especial. El celebrado “Sistema del Médico de la Familia”, de atención primaria y preventiva, ha decaído desde el envío masivo de personal a Venezuela. Hay desactualización tecnológica, problemas de formación -por la masividad y rapidez con que se crea personal exportable- y déficit de medicinas. Cualquier clínica del IMSS mexicano -incluso del fenecido Seguro Popular- no está muy lejos de las contrapartes cubanas, en cuanto a colas, saturación o disponibilidad de personal y medicamentos.

5- “Las medicinas en Cuba se les regalan a la gente”. Falso. Se cobran y pueden devorar buena parte del salario de un trabajador o el retiro/pensión de un anciano. En especial las relativas al asma y la hipertensión, de alta incidencia nacional. 

6- “Son mejores que nuestros médicos”. Falso. Los buenos médicos cubanos tienen la misma vocación humanitaria de sus contrapartes extranjeros. La misma que he visto en Costa Rica, México o España, cuando me he atendido en el sistema público. Los mercantilizados -por necesidad o por lucro- existen en todas partes. Un apunte aquí: un especialista de primer nivel en Cuba puede ganar 120 USD mensuales. Con lo que no alcanza a cubrir los costos de vida básicos -alimentos, transporte, medicinas, luz y agua- en una economía crecientemente dolarizada.

Alternativas: 

En una crisis global, la cooperación entre naciones es importante. Por eso, para contribuir a ese esfuerzo sin dañar su propia población ni vulnerar los derechos humanos de su personal médico, la ayuda médica del Estado cubano podría cumplir varios estándares concretos. 

7- Abandonar el despojo feudal que hoy hace el Estado cubano a su personal, al capturar el grueso de sus salarios pagados por la contraparte. Al final, ese dinero retorna al país, vía mejora en el consumo de sus familias. Se revierte en la economía nacional. 

8- Vincular el ingreso procedente de la espiración de servicios a la mejora palpable y sostenida de los servicios médicos de la depauperada y envejecida población cubana. 

9- Restringir cualquier uso ideológico de las misiones médicas. Nada hablaría mejor de Cuba que una ayuda profesional, en todo sentido despojada de condicionamiento o propaganda. Podrían tomar como “manual de buenas prácticas” el trabajo de organizaciones como Médicos sin Fronteras

10- La opinión pública, en las sociedades (democráticas) receptoras de ayuda, podría y debería abordar de mejor modo la presencia médica cubana. De un modo más informado y ponderado, sin xenofobia ni apología. Sin estigmatizar a su sacrificado personal, sin idealizar la Razón de Estado que subyace a su presencia. En este tema, como en todos los que atraviesan la actual pandemia, ni la lógica del Mercado, ni el uso -autoritario y oportunista- que de aquella hacen los Poderes políticos servirán para salirnos del problema.

 

Escrito por Armando Chaguaceda

Politólogo e Historiador, en la disputa por un mundo más libre y justo