Los prohibidos: Poesía de José Yanes
Su poema más famoso, "Carta abierta a mi madre en USA", toca las fibras más profundas de todo cubano que ha vivido la separación familiar, la migración, la ruptura con el régimen.
Los prohibidos: Poesía de José Yanes

José Yanes nació en la Habana en 1944 y es uno de los poetas que marcó la triste época del llamado Quinquenio Gris.

Fue Mención de Honor en el fatídico Concurso Nacional de Literatura Julián del Casal de 1966 con su libro Permiso para Hablar, publicado en 1968 por la Colección Cuadernos Unión de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba).

Durante su vida trabajó en diversas publicaciones nacionales tales como La Gaceta de Cuba, de la UNEAC, el periódico Trabajadores y en la estación radial Radio Rebelde, entre otros.

Yanes fue uno de los mencionados por Heberto Padilla en su famosa "Autocrítica" y logró salir de Cuba en 1998, residiendo hasta la actualidad en Hawai.

Estuvo 40 años sin publicar poemas hasta que Eriginal Books decidió editar en 2012 su Poesía Engavetada,

Su poema más famoso, "Carta abierta a mi madre en USA", toca las fibras más profundas de todo cubano que ha vivido la separación familiar, la migración, la ruptura con el régimen.

 

Carta abierta a mi madre en USA

Era duro, muy duro, fue durísimo
pero al comienzo pareció valer la pena
la división de la sagrada familia.

Yo jugué mi carta al sueño de oro
de Martí,
que parecía al fin se realizaba;
a la quimera alucinante
del Marxismo-Leninismo;
a mi pueblo, capaz de hablar
sin palabras;
a la filosofía de Los Pocitos,
barrio querido,
que pareció también que iban a volar,
a trascenderse,
como algún espíritu atrasado
que gana luz
y se eleva para siempre;
yo jugué por el Benny,
por su Santa Isabel de las Lajas
querida,
por lo cubano en el alma,
por el amor;
yo jugué por la Revolución, sí,
por la Revolución, como un árbol
creciendo, como una puerta
que conducía a nosotros
invitándonos a andar.

Jugué y perdí;
perdí y ahora todo vuela,
vuela y vuela.
Todo vuela nuevamente,
Regino Pedroso:
sueños, ansias, voces puras.
Todo duele, duele
y duele.

Si las cosas hubieran sido
como no fueron
(al parecer en este país
las cosas nunca son
como debieran),
yo no estaría otra vez
llorando solo
en el banco de este parque
como hace veinticuatro años;
no me estarían cayendo
las lágrimas por la cara abajo,
no solamente ya como entonces
por la división de la familia,
sino también
por la creciente certidumbre,
angustiosa y desconcertante,
de haber botado mi vida.

 

Fragmentos de Poesía Engavetada

I

Confiemos en que algo bueno va a ocurrir
Como dos buenos locos, irremediablemente creyentes,
te propongo inventar de nuevo la ilusión y la inocencia…

 

II

…Vamos a sentarnos en cualquier banco de la tarde,
o en alguna laguna solitaria si prefieres,
a esperar que vengan los cisnes, uno por uno,
con sus grandes alas reverberando al sol,
             batientes, sonantes

asustando a los atildados y los cuerdos,

desconcertando a los cazadores,

encegueciéndolos con las luces tornasoladas de sus plumas,
para no irse ya nunca más,

como saben hacerlo las verdaderas esperanzas.

 

III

 La poesía como absoluto
             exilio
escudo contra la lobreguez
y el desamparo
¿pudo protegerlo?
 
La palabra soberbia de serenidad
el verso altivo,
cincelada orfebrería mental,
y la autoimpuesta paz interna,
¿de que le sirvieron?