Fe de Vida

-¡¿JOSÉ DANIEL FERRER ESTÁ MUERTO?!

-Todavía niña, todavía. Pero tan matándolo en vida- dijo la vieja espiritista. Era una mulata obesa con el cuello preñado en collares de santos.

-¿Cómo que lo están matando en vida?- preguntó Nelva con la voz entrecortada- ¿Usted está segura?

Ambas mujeres se encontraban en un cuarto pequeño. Estaban sentadas frente a frente. Entre ellas, había una mesa con un mantel de nueve colores, una vela apagada y una copa llena de agua. Un rosario descansaba sobre el mantel, pero tenía la parte del crucifijo sumergida en la copa.

-¡Niña! Quien ta hablando contigo es Francisca Siete Rayos. Tú no pue poné en duda a eta vieja- La mulata escupió en el piso y masculló una palabras extrañas a la pared. Después le clavó los ojos a la joven- Los plane e los demonios y su secretos, tan pintaos en la detención de José Danié. Tan ahí clarito clarito. Tu tiene ojo pa ve… ¡úsalos y mira!

-Ay vieja. Yo no tengo cabeza para nada. El día que se lo llevaron fue fatal. No sé a qué usted se refiere.

-Atiende pa acá. Lo metieron preso el día primero… ¿No?

-¡Ajá!

-El número 1 quiere decí “caballo” y “sol”. Los demonios saben que José Danié e un pura sangre, un hueso duro pa la libertá. ¿Y qué cosa e la libertá?- Francisca no espero respuesta-El sol que le hace falta a esta isla, niña. Ademá se lo llevaron este mijmo mes.

-¡Sí! El primero de octubre.

-Ta clarito, clarito- la mulata recorría el borde de la copa con los dedos y miraba concentrada el agua- Octubre e el décimo mes del año. El 10 e “pescado grande”. Po lo tanto, la orden de desaparecerle vino de arriba, directo del pez más gordo. Y te digo más. Usaron pa la operación sesenta policía. El 60 e “sol oscuro” como ese día fatal que tú dice niña, pero también e “payaso”. Eso quiere decí que to aquello fue un circo de lo demonios.

-¿Y cómo usted sabe todo eso, vieja?- preguntó Nelva asombrada.

-Yo no sé na. Yo namá repito lo que me dice su cuadro espiritual.

-Explíquese vieja, por favor.

-Los espíritus de José Danié, niña. Hay un indio fuerte que ta llorando. Y llora y llora y llora. El indio tiene al lao suyo una gitana pelinegra. Ella quiere consolarlo pero el indio no se deja.

-¿No se deja?

Francisca volvió a enfocar la vista hacia la copa. Después cerró los ojos.

-Es que el indio es un cacique y ta avergonzao. Lo tienen desnú y le quitaron el hacha. No quiere hablar con nadie. Es un indio orgulloso y no soporta que lo vean así. La gitana salta pa abrazarlo, pero no llega porque lo tienen amarrao de cabeza. Ta colgando de una ceiba. Y él llora. Llora pero no habla.

-¡Ay vieja, yo me erizo!- dijo Nelva sacudiéndose un escalofrío. Una lágrima bajó por su rostro- ¿Y la gitana le dice algo?

- Que José Danié ta triste, niña- la mulata abrió los ojos. Tenía el dolor reflejado en sus pupilas- Lo tienen de castigo, tirao como un puerco en una cochiquera. 

-¡Avemaría vieja! No me diga eso- a Nelva le crujió la voz. Hizo un segundo de silencio. Agarró fuerzas- ¿Cómo que una cochiquera?

-Los espíritus hablan a su forma. Tu marido ta un calabozo más chiquito que esto- la anciana señaló la habitación. 

A la joven, se le apretó el pecho. En aquel cuartucho solo cabían ellas dos y un tanque de agua que estaba en una esquina. La espiritista continuó.

-Allá dentro, las paredes se engurruñan de la humedad. Fíjate que por las noches, las ratas se pegan a José Danié pa’ no morirse de frío. La Ikú lo visita to lo días ante del amanecer. Viene disfrazá de lechuza. Se posa en la ventanita de su celda y canta. Canta feo. José Danié tiembla, pero no la mira y la gitana pelinegra la espanta con su pañuelo.

-Bendita sea esa gitana. ¿Qué hago para que no lo abandone?

-Ella cuida to el Movimiento de ustede. Tu marido no sabe na, pero… ¿Por qué tu cree que escogieron el girasol pa despertá Cuba? Tu tiene que poner una vela amarilla y un ramo de girasoles a esa protección. Ella es hija de la Virgencita de la Caridá.

-Sí, claro que sí. Yo voy a hacer todo lo que usted me pida. Ahora sígame diciendo de mi marido, por favor-dijo Nelva y trató de ver en la copa, algo de lo que decía la espiritista. 

-A ver mija. La gitana espanta lechuza y esta se va pa trá e la luna…- Francisca respiró profundo y con pesar- pero la muerte tiene mil cara y mil camino. Tu marío ta rodiao como una mosca entre las pata de una araña pelúa. Ya intentaron matarlo por dentro.

-Coño vieja, discúlpeme pero no entiendo- La desesperación dominaba sus palabras- ¿Qué es eso de matarlo por dentro?

-Le daban a tomá agua bruja. Agua sucia con peste a mundo. Y la comida tenía bicho podrío. Cosa mala niña. Le estaban metiendo cosa mala por la boca. Su barriga protestó. Y despué protestó su cuerpo. Ahí fue cuando la lechuza se le posó en la cama. Cantó más feo todavía. Fíjate que to las ratas se escondieron. Pero la gitana es durísima y se sentó arriba de la boca de José Danié.

 

 

-¿Se sentó… literalmente?- dijo Nelva con un temblor.

-Niña, ya te dije que los espíritus hablan a su forma. La gitana quiere que José Danié se la coma a ella. Por eso, él empezó una huelga de hambre. Pero vivo no come difunto. La gitana lo sabe. Lo que pasa es que ella ta desesperá y lo quiere salvar de cualquier manera.

-Dígame que se salva vieja. Por favor, dígamelo.

-Eso no te lo pue decí nadie mija. Hoy José Danié es la mita de José Danié. Ta muy débil y flaco. El indio sigue callao y no quiere decirme na. 

-Pero caramba… ¿ese indio que pinta?- Por un momento, la joven sintió odio de aquel espíritu.

-Ese indio es su fuerza. José Danié tampoco tiene fuerza pa hablá. El llanto del cacique lo tá dejando ciego. Tu esposo anda parao en dos tierras, mija. Tiene un pie en Cuba y otro en la casa de mi madre- la mulata separó uno de sus collares con la mano. Pertenecía a Oyá, la dueña de la puerta del cementerio-Tú debe se fuerte niña. Fuerte y alumbrar a esos espíritu pa que resistan y le den voluntá a José Danié. Los demonios quieren que se rinda.

-¡Ay vieja, que me le están haciendo a mi marido!- Nelva se tapó la cara con las manos.

Francisca cerró los ojos y bajó la cabeza. Rodeó la copa con sus dedos y empezó a hablar. Su voz parecía salir del fondo de una cueva.

-Yo lo veo encadenao de pies y manos. Lo arrastran por el piso. ¡Ay mi niña! Yo estoy sintiendo ahora mismo patá y palo… y má patá y má palo- la mulata hizo silencio con una mueca de dolor. Gimió un poco. Discutió en susurros con alguien invisible. Luego respiró profundo como había hecho antes y continuó- la gitana le rompió el uniforme para que yo viera su cuerpo niña. Ta morao. Tiene hematomas y quemaduras. Casi se arrastra pa ir al baño. Lo má triste e que no tiene fuerza pa expulsar lo que su cuerpo no necesita. ¡Pero eso no es lo peor!

-¿¡Que puede ser peor que eso vieja!?

La última frase de la anciana fue lo que hizo que Nelva no se derrumbara. Francisca seguía con la cabeza gacha y sujetando la copa entre sus manos.

-Hay un hombre muy malo con José Danié en la celda. Ese hombre tiene cerrá la puerta de entrada a este mundo porque no lo quiere ni su madre. Los demonio se lo pusieron adrede. A ca rato tromponea a José Danié. No lo deja dormí. El pez gordo dio permiso pa que lo matara si había que matar. Ese hombre guarda la Ikú bajo el colchón. Es un cuchillo afilao. Tiene ecrito el nombre e tu marío y tá pidiendo sangre.  

Nelva no aguantó más. Comenzó a gritar y rompió en llanto. En ese momento, Francisca levantó la cabeza. Parecía una fiera por la mirada.  

-¡Tú no pue llorar niña! No hay tiempo pa eso, carajo. Si se muere, podrás llorar to lo que tú quiera, pero ahora no. ¡Ahora hay que gritá! Los demonios que se robaron a José Danié, perdieron el alma hace años. Son muertos oscuros pa esta isla, pero todavía están vivos y los vivos escuchan a los vivos. ¡Hay que gritá!

-¡Qué más vamos a gritar, vieja!- dijo la joven pálida y con los ojos suplicantes.

-¡Aguanta un momento! El indio quiere decí algo. Tá haciendo un esfuerzo y José Danié también.

-¡Ay vieja, por su madre! ¿Qué dicen?...                                                                                                                          

No hizo falta que la anciana hablara. Las dos mujeres escucharon los gritos retumbando en el cuartico.

¡Libertad, dignidad o muerte!

¡Libertad, dignidad o muerte!

¡Libertad, dignidad o muerte!

-Ahora solo queda esperá que los hombres buenos de Cuba y el mundo escuchen- dijo Francisca y encendió una vela. 

 

Escrito por Luis Dener