La otra salida, violencia legitimada en la Serranía

 

La violencia de género es uno de los males mayores que hemos venido silenciando por siglos de dominación patriarcal. En la actualidad es aún un mal que subyace en nuestra cotidianidad, que por diferentes razones se ha silenciado. Parecería  que somos una nación libre de violencia de género, cuando la realidad es cruda y este es un mal con el que las mujeres cubanas convivimos a diario.

Algunos territorios dada la lejanía son más proclives a ese tipo de violencia, que podría parecer invisible, que se manifiesta de una manera casi natural, pero que convierte a las mujeres en esclavas de su destino, de mujer sumisa para el matrimonio, como vía de escape de otros males.

La otra salida es un documental de Menfesy Eversley Silva realizado con el auspicio de Televisión Serrana. Estructurado de manera fragmentada, narra el conflicto de tres generaciones de mujeres que padecieron la violencia desde muy jóvenes, sometidas, primero al yugo familiar, y luego al del esposo, siendo el matrimonio el posible escape al que las tres acudieron como única vía para salir adelante en la vida.

Utilizando como recurso la entrevista y el testimonio como hilo conductor de las tres historias se nos introduce en un contexto muy proclive para el abuso femenino como lo es el de la Sierra Maestra, el contexto montañoso sirve de escenario ideal a historias como estas, las narradas y las que no permitieron que sus historias fueran contadas en un documental, que en esencia constituye un potente documento de denuncia social contundente y desgarrador.

La primera de las historias es la de Josefa Espinosa Trimiño, quien a sus cincuenta años rememora un pasado doloroso, un pasado signado por el abuso de poder dada la jerarquía familiar, un padre que la controlaba y dirigía en todo, incluso decidía si debía continuar estudiando y sobre todo le imponía un rigor en las labores del trabajo en el campo que no eran propios de una niña.

Primerísimos planos nos acercan al interior de la protagonista, a sus confesiones a cámara, que retrata a una mujer que solo ha conocido el trabajo como única bendición o como tortura. En un sentido parlamento nos dice: "no podía seguir como esclava, me casé para salir de la casa, le dije a mi mamá que cuando me encontrara a un hombre bueno me iría de la casa. Le doy gracias a dios, si no fuera por el poder divino de Cristo me hubiera muerto."

La posibilidad de escapar del yugo familiar para el del esposo es la única salida al conflicto de la pérdida de libertad y autonomía que muchas mujeres como Josefa han encontrado, lo que genera una interrogante mayor. ¿Por qué se reproducen estas historias en la contemporaneidad, si se supone existan mayores oportunidades y mayor consenso para erradicar dichos males?

La fotografía insiste en encuadres donde la naturalidad prevalece por encima del artificio, locaciones naturales que conforman el ámbito privado de la protagonista en sus quehaceres domésticos y en sus labores en el campo. 

Es interesante el contrapunteo que se establece entre las confesiones a cámara de Josefa y las imágenes, siempre vemos a la pareja en pantalla distante y en silencio, parecen dos extraños en vez de una familia que ha convivido por más de veinte años juntos, además de la tristeza que se advierte en el rostro de la mujer, quien decidió escapar del yugo del padre controlador y violento hacia los brazos de un marido igual de controlador, que con los años y de manera más sutil la fue llenando de hijos y responsabilidades, y que no le permitieron pensar nada más que como madre y esposa.

 

La segunda historia del documental comienza con un parlamento conmovedor: me casé con el padre de mi niño porque pasaba mucho trabajo en casa de mi mamá, y vi en eso una forma de salir hacia adelante. La protagonista de este segmento del documental se llama Yurianni Pérez y tiene veintiséis años de edad, 

Este momento del documental va a narrar en primera persona los constantes maltratos a la que fue sometida la protagonista por parte del esposo y la propia madre, mirando a cámara nos dice con dolor: fueron años discutiendo, el me votaba de la casa y mi mamá no me quería tampoco.

Esta historia pone el dedo en la llaga en una espiral de violencia de todo tipo, que tuvo su origen en el hogar materno de la joven y continuó en el del esposo, la violencia a la que fue sometida de niña generó una gran insatisfacción contra todo, incluso contra sus propios hijos, en una confesión valiente y descarnada Yurianni nos dice: "yo parí a los dieciséis años y los conflictos del padre me llevaron a un extremo, la cogí con los muchachos y les daba palizas a ellos, pero la gente me decía que no podía cogerla con ellos."

Una niñez signada por la violencia, la falta de afecto y hasta de alimentos nos hace pensar en lo mucho que ha tenido que superar esta joven para seguir con su vida, ya sin el maltrato del esposo y la madre. Es precisamente el testimonio y las imágenes de un documental sin tapujos lo que hace que podamos adentrarnos en vidas dañadas, que no obstante el abuso al que fueron sometidas luchen por reinsertarse de alguna manera a la vida desde una perspectiva sana, lejos de la violencia con la que convivieron por mucho tiempo.

Una vez más se escoge como vía de escape el matrimonio, que en muchas ocasiones representa un yugo diferente, sobre todo visto como una única salida en contextos opresivos, donde la mujer aún sigue siendo un objeto diseñado para cumplir un rol.

Los planos cerrados enfatizan la cruda situación de la protagonista, que a pesar de los disímiles obstáculos ha sabido levantarse y mantener a sus hijos, en otro sentido parlamento nos dice: "tenemos que apoyar a los hijos no quiero que se lleven un mal recuerdo de mí."

La tercera historia y última del documental tiene como protagonista a una joven sordomuda. Liana tiene diecisiete años, no nació en la Sierra y decidió escapar de su ciudad natal huyendo de una madre abusadora, de la que recibía todo tipo de maltrato.

Resulta muy interesante el narrar la historia de Liana apelando una voz en off que hace suya los conflictos de la protagonista de este segmento del documental. La voz que escuchamos es la de la editora Rosaida Rodríguez, quien supo profundizar el testimonio de la joven para trasmitirnos toda la angustia de una vida signada por el abuso materno y el abandono, siendo también la única salida el matrimonio para solucionar una vida repleta de insatisfacciones.

Las imágenes nos muestran a una pareja que se compenetra en las labores cotidianas, y a un esposo que aparentemente la comprende y defiende de cualquier posible maltrato, solo que este joven esposo ve la vida de Liana enmarcada en el ambiente hogareño, sin más ambiciones que complacerlo a él en todos los aspectos de la relación.Se reproduce en este joven de veintisiete años el rol de dominio y control de sus ancestros.

Un logro del documental es darle voz a Liana, poder escuchar sus pensamientos, sus intereses y hasta sus sueños, así con gran convencimiento y desenfado nos dice: yo necesito trabajar para mis necesidades, aquí me aburro, hago los quehaceres sola, no puedo seguir en la casa, yo quiero luchar, trabajar, ver otras cosas. 

Esa carencia de libertad de las tres generaciones de las protagonistas conforman la historia mayor de "La otra salida", una clave para comprender sus angustias, pasadas y presentes, mujeres que han visto como salida a sus conflictos al casamiento y formar familia, la realidad les ha impuesto otro yugo, quizás simbólico pero con ataduras reales que impiden que estas mujeres se realicen y  vean sus sueños perdidos por el paso del tiempo o las circunstancias adversas que aún atraviesan.

Cine de denuncia social, que visibiliza el conflicto de las mujeres en contextos complejos y distantes, pero que también dialoga con las mujeres todas, sean víctimas o no de una violencia legitimada por siglos de dominación patriarcal, que se reproduce en una contemporaneidad llamada a la inclusión y a la no violencia de género. "La otra salida", constituye ese documento audiovisual tan necesario en una sociedad que aún necesita crecer en temas como este, valentía y autenticidad que se reconoce en todo lo que de alguna manera lleve el sello de la Televisión Serrana.