Dirigentes cubanos descubren el esfuerzo físico, el sudor y las ampollas en las manos

Un grupo de altos jefes del Partido Comunista fueron este 26 de julio a una granja y descubrieron que uno suda cuando trabaja en el campo y que las manos se llenan de ampollas cuando sostienen la guataca por mucho tiempo.
Voluntario
 

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Parece que Raúl Castro está molesto con la imagen de los dirigentes cubanos, pues este 26 de julio los mandó al campo, guataca en mano, para que sudaran los litros de cerveza que la Revolución les dio en premio por su constante y abnegado esfuerzo.

Las barrigas más prominentes del castrismo estuvieron en este “trabajo voluntario” organizado para celebrar el “Día de la Rebeldía Nacional”, es decir, el día en que comenzó todo: la revolución, Fidel, “la gloria que se ha vivido” y esas cosas que ya nadie quiere vivir y todo el mundo espera que se acaben.

Allí estaban Miguel Día-Canel, con su camiseta marca Puma y su enorme elongación abdominal, y Manuel Marrero Cruz, el exmilitar que Raúl Castro designó como primer ministro. Nada más faltó la barriga de Marino Murillo, de quien poco se habla en estos días.

Verlos doblarse y sudar, especialmente a Marrero, que no solo tiene barriga, si no también papada, muslos, brazos y dedos como inflados con una bomba de aire a presión, fue un espectáculo digno de ver.

Dicen los que saben que todo buen revolucionario proviene del seno de una familia humilde y vive y se debe al pueblo. Que sus manos están encallecidas por la tierra y su piel, cuarteada por el sol.

Pero este 26 de julio los dirigentes cubanos llegaron a la UEB Granja Boyeros, perteneciente a la Empresa Agropecuaria Metropolitana, de La Habana, en sus automóviles, protegidos del calor veraniego gracias al aire acondicionado, emblanquecidos por el trabajo de oficina, a la sombra de una fotografía de Fidel y Raúl.

El único que debió sentirse como en casa fue el coordinador general de los CDR, Gerardo Hernández. Ese sabe mucho de agricultura, pues desde que regresó a Cuba se dedica a la siembra de piña con tan buena fortuna que se le conoce como “el espía de la piña”. Solo una nota discordante: Gerardo no tiene barriga, o al menos no del tamaño de la de sus jefes.

Al finalizar, los dirigentes se reunieron con jóvenes convocados a la actividad, hablaron sobre los planes que tiene la Revolución para aumentar la producción de papas y recordaron la gesta de la Generación del Centenario, encabezada por Fidel Castro, el líder indiscutible de nuestro proceso histórico.

En realidad, no se sabe a ciencia cierta si hablaron de estas cosas, pero a nadie le extrañan, porque son de rigor en estos casos. La prensa oficialista, como ocurre siempre, celebró por todo lo alto la embarrada de tierra que se dieron los jefazos.

Pero hay algo seguro: luego de que se apagaran las cámaras, cada uno se fue a su casa como pudo, o mejor dicho, con los medios que les proveyó la Revolución. Díaz-Canel, Marrero y Gerardo en su carro con aire acondicionado, y los trabajadores de la UEB, en transporte público o el camión de la empresa.