Opositor bielorruso muere en extrañas circunstancias en la cárcel

Witold Ashurok, una de los rostros más conocidos de la disidencia bielorrusa, falleció en una cárcel de Lukashenko, donde se encontraba cumpliendo sentencia por oponerse al régimen del ex-agente del KGB.
Witold-Ashurok
 

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El opositor bielorruso Witold Ashurok falleció en extrañas circunstancias en prisión, donde cumplía una condena de cinco años por participar en protestas contra el gobierno de Víctor Lukashenko.

La causa de la muerte de Ashurok, de 50 años, se desconoce, aunque algunos medios como el diario Nasha Niva hablan de ataque al corazón.

Ashurok, que hacía dos semanas había dejado de comunicarse desde la prisión de Shklovsk (región de Moguiliov) donde cumplía condena, había sido declarado preso político del régimen de Lukashenko, considerado el último dictador de Europa.

El conocido disidente fue detenido el 9 de agosto de 2020, cuando se celebraron las fraudulentas elecciones presidenciales que dieron inicio a la mayor ola de protestas opositoras de la historia de la antigua república soviética.

Un mes más tarde volvió a ser liberado y arrestado por tomar parte en varias marchas antigubernamentales, luego de las cuales el régimen amañó un juicio contra él. Durante la sesión, celebrada a puertas cerradas, fue sancionado por participar en “protestas no autorizadas y violencia contra un agente del orden”, asegura EFE.

“Mi conciencia está limpia. Ni mentí, ni robé, ni maté. Hice lo que consideré correcto, lo que mi postura cívica me dictaba. Era muy consciente de las consecuencias”, dijo en su momento, según la agencia noticiosa española.

El opositor, miembro del Frente Popular de Bielorrusia y coordinador en la ciudad de Grodno del movimiento Por la Libertad, se sentía honrado por ser encarcelado sólo “por levantar la antorcha de la rebelión contra una dictadura”.

Desde el estallido de las protestas multitudinarias, las fuerzas de seguridad han detenido a varias decenas de miles de personas e impuesto penas de cárcel a medio millar de activistas, manifestantes y periodistas.

Esta misma semana, Lukashenko promulgó una ley de seguridad nacional que amplía las facultades de la Policía y otras fuerzas del Estado, que podrán utilizar armamento para reprimir desórdenes masivos.

En las últimas semanas la justicia bielorrusa condenó a varios opositores a entre 6,5 y 5,5 años de cárcel por organizar, participar en disturbios masivos o planear la toma de edificios gubernamentales antes de las presidenciales.

Hace unos días, también acusó formalmente a la encarcelada dirigente opositora María Kolésnikova de conspirar para tomar el poder, promover acciones contra la seguridad nacional, y crear y dirigir un grupo extremista, cargos por los que podría ser condenada a 12 años de prisión.

Desde el estallido de la crisis, la oposición ha hecho varias ofertas de diálogo al régimen de Lukashenko, mientras éste respondía incluyendo a Tijanóvskaya y a otro líder opositor, el exministro de Cultura Pável Latushko, en la lista de terroristas elaborada por el KGB bielorruso.