¿Hay un giro en la política española hacia Venezuela?

Diversos medios españoles cuestionan la actuación del gobierno de Pedro Sánchez, desde su desaire a Guaidó en Madrid, hasta el episodio de la vicepresidenta de Maduro haciendo escala en Barajas
Maduro y Pablo Iglesias
 

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Diversos medios españoles se hacen estos días la misma pregunta: ¿hay un giro en la política del nuevo gobierno de Pedro Sánchez, ahora aliado con  PODEMOS, en la política a seguir con respecto al tema venezolano?

Un gesto tan polémico como elocuente ha desencadenado las críticas: la ausencia de Sánchez, el pasado sábado durante la visita a Madrid de Juan Guaidó —en principio su homólogo venezolano— al cual ha reconocido explícitamente. El Ministerio español de Exteriores rehúsa explicar oficialmente a qué obedece el cambio y argumenta que la ministra era la persona adecuada para recibirlo.

Según el diario El País, el gesto de Sánchez no es más que "la culminación de un cambio de estrategia paulatino, labrado durante el año que ha transcurrido desde el reconocimiento solemne de Guaidó como presidente encargado de Venezuela, según la formulación atípica que escogió el presidente del Gobierno español, y el desplante del pasado sábado. Una de las claves de esa evolución reside precisamente en el nombre peculiar dado al mandatario venezolano, presidente también de la Asamblea Nacional (el poder legislativo que Nicolás Maduro ha tratado de reemplazar por uno nuevo, la Asamblea Constituyente). Porque de lo que quedaba encargado Guaidó —para Sánchez y para los dirigentes de la UE que lo reconocieron— era de convocar elecciones presidenciales en Venezuela en el plazo más breve posible".

Mientras que en su día el propio Sánchez telefoneó a los líderes de los grandes estados de la Unión Europea para convencerlos de que reconocieran a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, ahora a eludido citarse con el dirigente interino en Madrid y ha concedido a la vicepresidente venezolana la posibilidadde hacer una polémica escala en España, que viola las actuales sanciones de la UE.

Más allá de la evolución de la situación en Venezuela, el único cambio de calado que se ha producido en el panorama político español ha sido la entrada en el Gobierno de PODEMOS, un partido reacio al reconocimiento de Guaidó como dirigente venezolano, y acusado de haber cobrado del chavismo. Según El País, diversas fuentes del Ministerio de Exteriores admiten que la política ha ido adaptándose a las cambiantes circunstancias a lo largo de este año. “El giro es más bien un matiz hacia el realismo". Otras fuentes aluden más específicamente a la función que quiere desempeñar España para facilitar el diálogo. Recibir a Guaidó en este momento habría dado a entender, según esa interpretación, que España tomaba partido.

La propia ministra de Exteriores, Arancha González Laya, negó también el pasado viernes que estos gestos constituyan un cambio de estrategia. “La posición no ha cambiado un ápice”, sostuvo la jefa de la diplomacia en una breve entrevista concedida a la cadena SER. A la vez, apeló a la necesidad de “ser un poquito más discretos en los contactos” para propiciar el acercamiento de posturas y abogó por “encontrar una solución para que en Venezuela se celebren elecciones limpias y democráticas”.

Por su parte, otros medios son menos condescendientes con la política de Sánchez. Para Federico Jiménez Losantos, columnista de El Mundo, "El Gobierno colaboró con la 'delincuenta' Delcy e incumplió la legalidad de la UE, que prohibía entrar en el espacio aéreo Schengen".

En relación con la reunión clandestina en Barajas del Ministro Ábalos con la vicepresidenta de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, ABC critica una estrategia de comunicación "plagada de contradiccciones", que intenta ahora presentar al ministro de Transportes como el hérore que evitó una crisis diplomática tanto con Venezuela como con la Unión Europea.

La portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, señaló ayer que "en el momento que se conoce que esta persona iba en este vuelo", que según dicen fue cuando se dirigía ya a Madrid, "las autoridades tomaron las medidas para impedir la entrada en territorio español".

Pero la presencia de Rodríguez en el aeropuerto sigue dejando incógnitas. Y aunque su prolongada estancia apunta a un incumplimiento de las sanciones previstas por la UE, el Gobierno cree que no hay consecuencias prácticas y que por tanto no hay caso.

Se sigue negando que llegara a pisar suelo español: "A ninguno se nos escapa que si se hubiera producido esa circunstancia se habría planteado una crisis importante dentro de Venezuela y con nuestros socios europeos". Lo que sigue siendo un elemento sumamente incómodo para el Gobierno es explicar por qué es el ministro de Transportes quien efectúa la "gestión diplomática". Ya que sitúa al Gobierno justificando que esta crucial operación fue fruto de la casualidad que, según su versión, llevó a Ábalos a encontrarse en Barajas a esas horas de la madrugada para recibir con carácter personal al ministro de Turismo venezolano.

"Si Ábalos no hubiese intervenido, la Policía de frontera la habría rechazado", reconocían ayer fuentes del Gobierno. Desde donde se intenta seguir poniendo en valor que la intervención del número tres del PSOE evitó entrar en conflicto tanto con Maduro como con los socios de la UE. Pese a poner al Gobierno en esta tesitura, según la versión del Gobierno, se reconoce que no se han pedido explicaciones al Gobierno venezolano.

Mientras, la oposición pisa el acelerador. Cayetana Álvarez de Toledo, vocera del Partido Popular, prometió llegar "hasta el final" y anunció que solicitarán la grabación de las cámaras de seguridad del aeropuerto. Iván Espinosa de los Monteros sumó a Vox a la presión de PP y Cs con la petición de una comisión de investigación; e Inés Arrimadas denunció que el Gobierno compromete con "sus mentiras" el nombre de España.

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