El amor en tiempos del chavismo: venezolanos sin dinero para condones ni hoteles

Las personas sexualmente activas en Venezuela deben hacer malabares para mantener encuentros íntimos, en un país sumido en una aguda crisis política, económica y social. No hay dinero para pagar un hotel ni para condones u otros métodos anticonceptivos.

Así lo explica un reportaje de la agencia AFP, retomado por el portal de noticias Infobae, publicado este viernes, Día de San Valentín.

Por ejemplo, John y Amanda deben, sin dinero para ir a un hotel, deben arreglárselas para tener sexo en casa de sus padres. Además, la falta de dinero para anticonceptivos y el miedo a quedarse solos por la migración limitan la sexualidad de los jóvenes venezolanos.

John Álvarez, de 20 años, y Amanda Aquino, de 19, estudian derecho en la Universidad Central de Venezuela, y prefieren refugiarse en el cuarto de él, en el primer piso de su casa en un barrio popular de Caracas, mientras sus padres y su hermana menor duermen en la planta baja.

 

 

En dos años de noviazgo, nunca han visitado un hotel. Tendrían que pagar 10 dólares por seis horas de privacidad, que saldrían de sus esporádicas y modestas mesadas, señaló el reporte.

Prefieren destinar ese dinero a comida.

Cuando está de cacería en Tinder, la popular aplicación de citas, Jhoanna pregunta sin rubor a sus potenciales amantes por su “capacidad” económica.

No por interés, dice, sino porque está acostumbrada a costear la mitad de los gastos en una sociedad en la que los hombres suelen pagar las cuentas. Así, evita malentendidos.

Prefiere encuentros casuales, pues considera que sus opciones se redujeron por la migración de unos 4,5 millones de venezolanos debido a la crisis, acota el reporte periodístico.

Y es consciente del peligro de salir con desconocidos en un país que registró 57 homicidios por 100.000 en habitantes en 2017, nueve veces la tasa mundial, según la ONU.

La migración dio pie a una máxima entre los compañeros de Amanda: “No te enamores, porque se va del país dentro de poco”.

 

 

Paradójicamente, la diáspora fue un respiro para Oriana García y Antonio de Muro. Ocuparon el apartamento donde creció el joven de 24 años, después de que su familia emigró a España. “Vivimos como casados”, afirma risueña Oriana, de 21 años, en la habitación principal.

Anidaron, pero el problema son los anticonceptivos, durante años escasos y ahora demasiado costosos por la hiperinflación. Estudiante universitaria, Oriana compra tratamientos cubanos cada tres meses en el mercado negro por cuatro dólares, explica el reportaje.

Hoy, farmacias ofrecen cajas de tres condones por dos dólares y anticonceptivos importados de cinco a ocho dólares para un mes.

Montos que Franyercis Reyes no puede cubrir con un ingreso mínimo de 6,7 dólares mensuales. En octubre pasado se colocó un implante, cuyo costo multiplicaba por siete su sueldo.

Para Amanda, tener una sexualidad activa o una simple cita está fuera de toda normalidad en la otrora potencia petrolera.

“Es muy complicado ir al cine, pasear, comerse un helado”, se lamenta. Para ella y John, un “noviazgo normal” es simple fantasía.