Los agentes del FBI asesinados en Florida fueron emboscados

Los dos agentes del FBI fallecidos durante una operativo en el sur de Florida habrían sido emboscados por el sospechoso que luego, al parecer, se habría suicidado.
Aunque todavía no hay información oficial sobre lo ocurrido, que está bajo investigación, se han filtrado algunos detalles de un caso que ha tenido un gran eco, pues desde 2008 no moría un agente del FBI en cumplimiento del deber. EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH
 

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Los dos agentes del FBI fallecidos este martes durante una operación en Sunrise, en el sur de Florida (EE.UU.) por un caso de abuso infantil fueron emboscados por el sospechoso, quien les disparó a través de la puerta con un rifle y luego se quitó la vida, según informaciones publicadas este miércoles.

Aunque todavía no hay información oficial sobre lo ocurrido, que está bajo investigación, se han filtrado algunos detalles de un caso que ha tenido un gran eco, pues desde 2008 no moría un agente del FBI en cumplimiento del deber.

Los agentes iban a confiscar la computadora del sospechoso y otras pruebas, luego de que el escuadrón especializado de pornografía infantil del FBI relacionará la dirección de protocolo de internet de la computadora y la dirección física del sospechoso.

Fuentes anónimas del FBI señalaron a la filial de Miami de la cadena CBS que el sospechoso vio a los agentes a través de una cámara de video de la puerta y antes de que pudieran ingresar les disparó con un rifle de alto calibre, tras lo cual se parapetó en su vivienda por unas horas.
 

DISPAROS DESDE DENTRO DE LA VIVIENDA

Los disparos, que ocurrieron poco antes del amanecer del martes, acabaron con la vida de los agentes especiales Laura Schwartzenberger, de 43 años, y Daniel Alfin, de 36 años.

Dejaron además a otros tres agentes heridos, dos de los cuales debieron ser traslados a un hospital tras recibir varios disparos aunque se hallan en condición estable.

El sospechoso, cuya identidad aún no se ha difundido, permaneció en la vivienda ubicada en el complejo de apartamentos Water Terrace hasta que finalmente se quitó la vida, de acuerdo a medios locales.

El FBI confirmó que el presunto atacante también murió en el hecho, pero no informó cómo.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, lamentó el martes el suceso y envió sus condolencias a los familiares de las víctimas: "Me duele el corazón por las familias. Ellos arriesgaron sus vidas y es un precio increíble", aseguró desde el Despacho Oval.

LAS VÍCTIMAS LUCHABAN CONTRA LA EXPLOTACIÓN INFANTIL

Schwartzenberger, originaria de Colorado y madre de dos hijos, era una veterana del FBI que estuvo con la agencia desde 2005. Integraba la brigada de crímenes violentos contra niños en la oficina local en Miami.

Por su parte, Alfin, de Nueva York y padre de un hijo, era desde 2009 agente especial del FBI y había sido asignado al grupo de trabajo sobre explotación infantil de Miami.

"Todos los días, los agentes especiales del FBI se ponen en peligro para mantener a salvo al pueblo estadounidense. El agente especial Alfin y la agente especial Schwartzenberger ejemplificaron hoy el heroísmo en defensa de su país", señaló el martes el director de esa agencia, Christopher Wray.

La agencia mantiene una investigación sobre el suceso y cómo brindar mas seguridad a las ejecuciones de órdenes de registro, la tarea que llevó a los agentes hasta el complejo de apartamentos en Sunrise.

Los vecinos, que debieron permanecer en sus viviendas durante horas, hablaron con diversos medios para contar lo que vivieron.

Dawn Garrick, de 53 años, dijo al diario The New York Times que el complejo de apartamentos es un lugar "seguro y tranquilo", habitado mayormente por profesionales y personas amigables.

Los sucesos de Sunrise, al oeste de Fort Lauderdale, remitieron a uno de los incidentes más sangrientos en la historia del FBI, ocurrido en 1986 en un suburbio residencial de Miami y que se cobró la vida de los agentes Ben Grogan y Jerry Dove.

La ultima vez que un agente del FBI murió en el cumplimiento de su deber fue en 2008, cuando el oficial Samuel Hicks recibió disparos durante un cateo en Pittsburgh (Pennsylvania).

 

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