Qué tomar en Navidad: ¿cerveza o vino?
Están probados los beneficios del consumo moderado de alcohol sobre el consumo excesivo, pero no está claro que el consumo moderado sea mejor que la abstinencia total
Mesa servida con cerveza y vino. /Foto: Flickr
 

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Casi al llegar la Navidad, surge en muchos el dilema sobre qué es mejor consumir en estos días de fiestas, ¿vino o cerveza? Para algunos tal disyuntiva no existe, pues frente a una caja de cerveza o un buen tinto se deciden por los dos. Dirán: “quién dice que este es un mundo binario…”. En tal lógica habitan innumerables tonos de gris entre los extremos blanco y negro, un universo de posibilidades que en este caso abarcaría a aquellos que prefieren exclusivamente el vino, los que la cerveza, los que más uno que lo otro, los que cerveza y vino por igual. Bueno, si hay tantas posibilidades, por qué no reflexionar también en la siguiente posibilidad: ni vino ni cerveza.

Para muchos estas consideraciones pasan incluso por lo religioso. Es conocido el pasaje bíblico donde Jesús convirtió agua en vino durante una boda en Canaá, también su exhortación a recordarle con pan y vino; o la estricta prohibición de tomar alcohol en el judaísmo y el islam.

Se ha especulado acerca del papel del alcohol en la evolución al estar presente en las frutas fermentadas: nuestros antecesores pudieron haber comenzado a consumir alcohol urgidos por la necesidad de encontrar necesarias vitaminas en los frutos. Pero más allá de estas provocaciones teológicas y antropológicas, interesa genuinamente la pregunta que preside, ¿cerveza o vino?

No es de este médico, el que le escribe, que va a obtener una recomendación para consumir lo uno o lo otro. De antemano le adelanto que mi recomendación es NO CONSUMIR ALCOHOL. En cambio, sí recibirá aquí una invitación a revisar algunos puntos de vista para que usted  tome la que considere su mejor decisión.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han establecido pautas para el consumo moderado de alcohol.

Las pautas de EEUU sugieren que no más de 1 trago por día para las mujeres y no más de 2 por día para los hombres. Un trago se define como 12 onzas de cerveza, 5 onzas de vino o 1.5 onzas de bebidas fuertes.

 

 

Las pautas de la OMS sugieren no más de 2 tragos por día, y no más de 5 días de la semana. Por supuesto, no se recomienda acumular sus tragos y tomarlos todos al final de la semana…

Ahora, esto ha de ser entendido correctamente. No se trata de una invitación moderada a beber sino una recomendación de que el consumo de alcohol debe ser moderado.

Cuando se comparan los beneficios del consumo moderado frente al desmesurado, no queda dudas de los benéficos de atenerse a las recomendaciones antes mencionadas.  Así, el consumo moderado de alcohol se ha asociado a mejor salud vascular, entiéndase menos infartos, enfermedad cerebrovascular, insuficiencia renal, etc. Otros estudios le confieren un factor protector frente a la demencia.

Sin embargo, es mucho más controversial e interesante explorar la disyuntiva de abstención total frente al consumo moderado. ¿Será mejor el consumo moderado que la abstención total? Aquí los beneficios del alcohol parecen no ser tan claros.

La cerveza es el producto de la fermentación de la cebada, aromatizado con Lúpulo u otras plantas, lo que resulta en una bebida amarga con variable contenido de alcohol, y sustancias de poder antioxidante. El vino, por su lado, es producido a través de la fermentación de la uva y resulta tener, además de alcohol, cantidades de antioxidantes superiores a los de la cerveza. Son estas sustancias antioxidantes las responsables de los efectos protectores sobre el sistema cardiovascular. No obstante, no hay ventajas probadas del consumo de una bebida sobre la otra.

Tal pareciera que buscásemos razones científicas para sostener el deseo de beber. La ciencia es muy clara respecto a los efectos nocivos del consumo de alcohol; es contundente, diría yo, pero cuando de beneficios se trata, los datos se tornan confusos.