"Yo tengo un sueño"

En este texto de Dagoberto Valdés sobre el asesinato del pastor y activista Martin Luther King, también nos cuenta los sueños que tiene para Cuba
"Yo tengo un sueño", la columna de Dagoberto Valdés sobre Martin Luther King y lo que sueña para Cuba
 

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El pasado 15 de enero de 2021 se cumplieron 92 años del nacimiento del pastor de la Iglesia Bautista Dr. Martin Luther King, Jr. (Atlanta, Georgia, Estados Unidos, 15 de enero de 1929-Memphis, Tennessee, Estados Unidos, 4 de abril de 1968). El líder no violento por los derechos civiles recibió el Premio Nobel de la Paz en 1964. Murió a sus 38 años de edad asesinado mientras terminaba un discurso e invitaba a un pianista amigo suyo a tocar ese día su himno cristiano preferido: “Oh Señor todopoderoso, toma mis manos”. Fueron sus últimas palabras.

El 28 de agosto de 1963, Martin Luther King pronunció un discurso desde las escalinatas del Memorial a Abraham Lincoln considerado más tarde por especialistas como el mejor de todo el siglo XX. Es conocido como "Yo tengo un sueño" (I have a dream) y ha sido una de las piezas oratorias que más ha inspirado a millones de personas que esperan y trabajan por un mundo más humano, más fraterno, más libre y más feliz.

Creo que el mejor homenaje que podemos rendir a Luther King es, en primer lugar, aprender de sus convicciones cristianas que fueron fuente de inspiración para confiar en que frente a la violencia vence la paz, que frente al odio vence el amor, que frente a la división vence la fraternidad. Él no pudo ver con los ojos de este mundo lo que anhelaba para su pueblo, pero lo pudo disfrutar desde la eternidad que es la consumación total de su sueño.

Creo que todos tenemos nuestros “sueños” y que cada cual debe cuidar de ellos, cultivarlos, compartirlos, trabajar por hacerlos realidad. Soñar no es alienarnos de la realidad. Soñar es adelantar. Soñar es crear. Soñar es tener la visión de la esperanza. Soñar es otear horizontes y abrir puertas. Soñar es trazar bien el plano de lo que edificamos. Soñar es disfrutar hoy de la realidad del mañana.

En la puerta del más grande pintor pinareño vivo: Pedro Pablo Oliva, mi amigo, hay un cartel que reza: “Prohibido dejar de soñar”. Obedezco al artista de Cuba y al pastor de las almas, dos formas de adelantar el mundo, y comparto con ustedes mis sueños sobre Cuba:

Yo tengo un sueño en el que Cuba es un país libre, responsable, laborioso, democrático, próspero y feliz, hasta donde se pueda en este mundo.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es la nación una y única que es cuando los cubanos de la Isla y de la Diáspora podamos hacer realidad sin fronteras aquella profecía de Ezequiel en la Biblia: “los reuniré de entre las naciones, y los traeré a su propia tierra; nunca más serán divididos y haré de todos una sola nación” (Ez 37, 21-23).

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación donde cada familia pueda vivir unida, con una casa digna y un hogar en paz y concordia, donde los padres puedan escoger la educación de sus hijos, y los hijos cuiden a sus padres y abuelos hasta el final con dignidad.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación en que la educación sea libre, de acceso universal y gratuito, con libertad de cátedra, con una comunidad educativa formada por padres, educadores y educandos en que se respete a la persona humana, su religión, su filosofía, sus sueños.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación en la que el trabajo dignifique a la persona, sea honesto, libre y productivo. Que los salarios alcancen y permitan cumplir los proyectos de la familia y el desarrollo de los hijos.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación en que los niños tengan una familia, sean como sus padres quieran, no sean adoctrinados y tengan leche, alimentos, educación plural y  tengan libre acceso a una formación cívica y religiosa.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación donde los jóvenes puedan realizar sus sueños permaneciendo en su país, sin renegar de sus ideales, de su religión o de su vocación.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación en que los ancianos no sean descartados, tengan el calor de su familia, el reconocimiento de sus sacrificios y la atención médica, religiosa y solidaria de sus allegados y amigos.  

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación con libertad de conciencia, libertad religiosa, respeto por la diversidad, tolerancia ante el diferente y donde las personas de fe puedan participar libremente en los asuntos políticos, económicos y sociales en igualdad de oportunidades en un Estado laico.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación fiel a sus raíces culturales de inspiración cristiana, a su verdadera historia e identidad nacional, que no tenga censura ni controladores de la creación libre, la espiritualidad expresada, ni los espacios culturales. Una cultura en la que se cultive, desarrollo y fructifique el alma de la nación para que pueda buscar libremente la verdad, la belleza y la bondad.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación con una economía social de mercado al servicio de la persona humana, y no al revés. Una economía eficiente, sostenible, con el reconocimiento de todo tipo de propiedad, libertad de empresa, libertad de comercio e inversión, en el interior y hacia el exterior.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación con un sistema político democrático y participativo, con elecciones libres, limpias y competitivas, con pluripartidismo, con alternancia en el poder, en que el pueblo sea el soberano, con un Estado que esté al servicio de la persona humana y no al revés. En que los líderes sean servidores públicos y se sometan a la evaluación periódica de los ciudadanos.  

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación con una sociedad civil libre, pujante, emprendedora, expresión de la subjetividad y la soberanía ciudadana, con libertad de expresión, reunión, asociación. Que sea escuela de participación democrática, cantera de líderes-servidores, apoyo de los desvalidos y solidaridad para los discriminados.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación respetuosa del medio ambiente, del equilibrio ecológico, de las relaciones amistosas con la diversidad biológica y con una ecología humana fraterna y universal.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación en que los medios de comunicación social estén al servicio de la persona humana, respeten la ética del verdadero periodismo, la privacidad, la buena fama y la discrepancia. Sea crítica sin descalificar a las personas. Defiendan ideas pero no fusilen la reputación. Se aferre a la verdad, al diálogo y al respeto irrestricto de los derechos y deberes de los ciudadanos.

Yo tengo un sueño en el que Cuba es una nación abierta al mundo, sin relaciones ideologizadas o sectarias. Integrada a su región natural y activa participante en los organismos y diferentes espacios de la comunidad internacional. 

Tengo otros muchos sueños. Son más personales y familiares. Y sobre todo tengo el sueño de ser fiel a Dios, a mi familia, a la Iglesia y a Cuba, hasta el final.

Quiero terminar esta columna de homenaje a Martin Luther King, hermano en la fe cristiana, con su mayor sueño, esculpido en su tumba. Este sueño es también el mío:

"…cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día en que todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo espiritual negro: ‘¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!".

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

*Publicado originalmente en Convivencia.

Escrito por Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo.Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Reside en Pinar del Río.