2021: Año de la Incultura Cubana

Un texto del reportero Héctor Luis Valdés Cocho en primera persona, sobre la represión del régimen cubano contra artistas y miembros de la sociedad civil este 27 de enero
Un texto del reportero Héctor Luis Valdés Cocho en primera persona, sobre la represión del régimen cubano contra artistas y miembros de la sociedad civil este 27 de enero
 

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* Por Héctor Luis Valdés Cocho

En el tiempo que llevo reporteando la realidad que vive mi país, he sido testigo de innumerables atropellos y violaciones de todo tipo de derechos constitucionales a toda aquella persona que disienta contra el sistema político que impera. Desde multas excesivas hasta maltrato físico y psicológico, actos de repudio, detenciones arbitrarias, etc. Pero nunca había experimentado el odio en toda la magnitud de su palabra como en este 27 de enero de 2021.

Siendo la víspera del natalicio de nuestro apóstol Jose Martí, un grupo de jóvenes entre ellos artistas, intelectuales, periodistas, nos reunimos frente a la sede del Ministerio de Cultura (Mincult) para exigir la inmediata liberación de tres mujeres integrantes de estos gremios antes mencionados; Camila Acosta, Tania Bruguera y Katherine Bisquet, que habían sido detenidas cuando se dirigían al encuentro para rendir homenaje póstumo al héroe nacional.

Al enterarnos de este arresto arbitrario, cumpliendo ante todo con las medidas higiénico sanitarias ante el peligro inminente del virus de la COVID-19, por decisión unánime, nos plantamos frente a la institución. Ya en dicho lugar inmediatamente fuimos rodeados de un fuerte operativo policial en conjunto con agentes de la Seguridad del Estado, cercando el perímetro impidiendo la entrada y la salida de personas. Al poco rato de encontrarnos en el sitio, el viceministro Fernando Rojas nos comunica de manera agresiva que debíamos abandonar el lugar, a lo que nos negamos totalmente recordando que justamente hoy se cumplen dos meses de que ellos violaran el acuerdo tomado aquel histórico día del 27 de Noviembre.

A la hora y media dicho vocero de la institución vuelve a pedirnos, esta vez disimuladamente cortés, que entráramos con el y estando dentro dialogaríamos respecto a nuestras exigencias; solo recibió de nuestra parte otra rotunda negativa. Ahí comenzaría lo que hasta el día de mi muerte no olvidaré. 

El ministro Alpidio Alonso se dirige a nosotros y al notar que el periodista de Diario de Cuba Mauricio Mendoza se encontraba filmándolo con su teléfono, de un fuerte golpe trata de quitarle su celular y así daba la señal de inicio a la avalancha de odio y desprecio a los que de un modo cívico y bajo los ideales de nuestro apóstol, nos encontrábamos en ese lugar ejerciendo nuestro derecho a expresarnos.  

En un abrir y cerrar de ojos fuimos todos violentados tanto físico como verbalmente. Hacia mí fueron como bestias despavoridas en busca de presa, tres funcionarios de dicho ministerio cultural, los cuales me propinaron fuertes golpes en la cara, me empujaban, me lanzaban contra una cerca y me arrebataron mi teléfono. Acto seguido me trasladan al ómnibus que ya se encontraba en la calle para trasladarnos a quién sabe donde. Ahí sentí dolor, impotencia, rabia; no por los golpes sino al ver como de una manera brutal golpeaban a Camila Lobón para tratar de quitarle su móvil. Era testigo de sus gritos, veía como tres mujeres la violentaban y un oficial de la policía nacional revolucionaria (PNR) de una palmada en su rostro le tumban los espejuelos. Muchos gritábamos y les preguntábamos el por qué de tanto atropello, el por qué de tanto odio, el por qué de tanto abuso de poder hacia su semejante. No podíamos entender el por qué de ese comportamiento brutal, tiránico de cubano a cubano. Nos habíamos olvidado que no tratábamos con personas, sino con monstruos.

Íbamos todos en aquella especie de caravana, con el clapson irritante de la guagua pidiendo vía, hasta que llegamos a la unidad de Infanta y Manglar, donde poco a poco fuimos bajados y posteriormente puestos en una especie de teatro, donde se nos ocuparon todas las pertenencias.

Minutos después me levantan y me conducen a un carro patrullero donde me llevan hacia la unidad de 7ma y 62 , en dicha estación me levantan un acta de advertencia por el supuesto delito de incitar a delinquir y una multa de 150 pesos cubanos por violar dispositivos de seguridad. Después me conducen hacia mi casa, donde el agente de la seguridad del estado de turno se encarga de que entrara a mi departamento. Ya en casa y sin teléfono porque jamás apareció, me entero mediante otra vía del atropello que sufrieron mis amigos; Alfredo Martínez con una fractura en su dedo; Celia González desnudada y le tocaron sus genitales; y Camila Lobón fuertemente agredida como antes había mencionado.     

Una muestra más de la violencia de un gobierno que enarbola internacionalmente la bandera de los derechos humanos, que engaña a la comunidad mundial haciéndoles creer que respetan a las personas que no están de acuerdo con la política absurda que durante 62 años nos hostiga. Una prueba más de la incompetencia de sus líderes y de la brutalidad de sus autoridades.

Tenemos el derecho a tener derechos, tenemos el derecho de protestar ante lo injusto, ante lo criminal. No podemos quedarnos de brazos cruzados ante una realidad que salta a la vista de quien tiene dos dedos de frente. Cuba, desde hace mucho tiempo dejó de ser un Estado de Derecho. No me parece justo que siga ocupando un puesto en el Consejo de Derechos Humanos cuando evidentemente los viola una y otra vez. 

Mediante la presente hago un llamado a la comunidad internacional, al Consejo de Derechos Humanos de la ONU y al Parlamento Europeo para que interceda por los derechos de los cubanos, y exijo que con la prontitud que avala un caso de evidente violencia por parte de funcionarios de instituciones estatales, tomen cartas en el asunto y Cuba sea expulsada de dicho Consejo.

Exijo que Alpidio Alonso y Fernando Rojas , ministro y viceministro respectivamente de cultura dimitan a sus cargos, ya que evidencias sobran de la violencia usada hacia nosotros los jóvenes que nos encontrábamos en dicha institución.

Que los medios oficialistas cesen la campaña de descrédito y manipulada hacia los periodistas, artistas e intelectuales, en fin, hacia toda la persona que disienta.

No podemos seguir hablando bajito, soy orgullosamente cubano y como cubano tengo el derecho de opinar y exigir sin temor a represalias y sin tener que vivir con la etiqueta de mercenario. Amo a Cuba quizás más que ustedes.

Escrito por ADNCUBA

ADN Cuba - es una revista audiovisual, social y participativa. Con corresponsales en Cuba, España, Latinoamérica y Estados Unidos. Se enfoca en cubrir las últimas noticias que ocurren en el mundo y en especial en América Latina. Fue fundada en el 2017 con el objetivo de mostrar Cuba desde su diversidad y se enfoca en el trabajo documental en temas LGBT+, Derechos Humanos, Integración Racial, Emprendimiento, Economía, Cultura y Deportes.