El ocaso de ALBA

La nefasta política económica del ALBA alteró sensiblemente el equilibrio ideológico de América Latina
Bruno, Ortega, Díaz-Canel y Maduro en reciente encuentro de ALBa en La Habana
 

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Aunque uno de los rasgos característicos de la historia latinoamericana es la mala memoria, es posible que todavía muchos recuerden el "parto" de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, allá por diciembre del 2004. La nueva "criatura" nació sobre un cadáver, el del ALCA (Área de Libre Comercio de Las Américas), que el verboso Hugo Chávez, en uno de esos ejercicios retóricos a los que era tan aficionado, se apresuró a dar por enterrada.

En pocas palabras, se trataba de un nuevo modelo clientelista que, desde Caracas, desplazaba al acuerdo comercial multilateral que diez años antes, desde Miami, quiso convertirse en instrumento preferente de la política comercial norteamericana para el continente. A su favor, el ALBA tenía el alto precio del petróleo y la voluntad chavista de aprovecharlo para crear una esfera de influencia que compitiera con los tratados bilaterales y las políticas arancelarias de EEUU.

Por mucho que a uno le repugne la ideología chavista, hay que reconocer que la jugada política estaba bien pensada. Chávez consiguió incluso fagocitar a su gran aliado y ejemplo ideológico: Fidel Castro. Fue luego de los acuerdos petroleros a la sombra del ALBA que se empezó a hablar de "Cubazuela" como una sola entidad política. El foco, esta vez, era La Habana-Caracas.

Dos años después, con el triunfo de Evo Morales en Bolivia, el ALBA amplió su área de influencia y adoptó el discurso de la reivindicación racial de los indígenas del continente. Al año siguiente, se sumó la Nicaragua de Ortega y, en el 2008, la Honduras de Zelaya. Desde Ecuador, Rafael Correa no dudó en sumarse.

La nefasta política económica del ALBA alteró sensiblemente el equilibrio ideológico de América Latina. Chávez fue un pragmático: consiguió cohesionar a golpe de talonario petrolero un conjunto de países que en otras circunstancias hubieran tenido que optar, como había hecho México mucho antes, por tratados bilaterales o pactos con EEUU.

Pero, como en aquel viejo proverbio confuciano ("Si te quedas el tiempo suficiente sentado en la orilla del río, podrás ver pasar flotando los cadáveres de tus enemigos"), los norteamericanos sonrieron y esperaron.

Quince años después de fundada, ALBA agoniza. Muertos y enterrados Castro y Chávez, con Honduras fuera de Petrocaribe luego del golpe contra Zelaya, y con el sorprendente viraje del delfín de Correa, Lenín Moreno, que devolvió a Ecuador su independencia política tras las funestas alianzas de su predecesor, lo que faltaba, el puntillazo, llegó el mes pasado, cuando tras el fraude electoral y la posterior huida a México de Evo Morales, la canciller interina de Bolivia, Karen Longaric, confirmó la salida de su país de la organización.

Ni en sus mejores sueños, hubiera podido EEUU imaginar semejante escenario. Nadie se acuerda ya del sucre, aquella moneda de la Alianza que debe haber servido para llenar muchos bolsillos y cuentas en dólares. Agotados los ingresos y la producción petrolera, la Venezuela de Nicolás Maduro es hoy una marioneta de los intereses cubanos. Que con Venezuela se juega, ya se ha dicho, su supervivencia económica.

 

Aunque varios países del Caribe (Antigua y Barbuda, Dominica, Santa Lucía y San Vicente y Las Granadinas) siguen votando a favor del chavismo en foros internacionales con la esperanza de que les caiga alguna migaja, el escenario es hasta tal punto diferente que Jovenel Moise, el nuevo presidente de Haití (antaño miembro observador de ALBA en la inmejorable compañía de Irán y Siria), se permitió recomendarle a Maduro que celebrara elecciones legítimas como condición para volver a apoyarlo.

Lo que queda de ALBA se reunió esta semana en La Habana para tomar mojitos, emitir un par de declaraciones simbólicas y prometer que en 2020 volverán las estrellas a brillar, y Petrocaribe a dar petróleo venezolano con precios blandos y grandes plazos de pago. También anunciaron que se relanzarán programas sociales y se operará de la miopía a todos los que sean capaces de gritar "¡Viva Maduro!". Cómo lo hará, con una producción petrolera en mínimos históricos y un país cuya economía se cae a pedazos, no quedó claro. Cuba, es de prever, pondrá los esclavos-oftalmólogos para esta nueva versión de "Operación Milagro". Aunque cualquier cubano sabe que el verdadero milagro es conseguir un buen par de espejuelos en La Habana.

En resumen, el cadáver del ALBA ya está dirigido por su mayor chupóptero: es ese triunvirato avejentado que Donald Trump ha bautizado "la troika de la tiranía", tan tambaleante que ya no merece, a los ojos del Pentágono, ni el gasto de una intervención militar. Las recientes sanciones petroleras de EEUU han ido erosionando la capacidad de maniobra de estos déspotas de guayabera. Esperemos que el Departamento de Estado sea capaz ahora de relanzar una iniciativa lo bastante atractiva para mantener el consenso del Grupo de Lima sobre Venezuela y, al mismo tiempo, premiar el crecimiento del libre comercio.

Con esto, el ALBA -o lo que quede entonces de la vieja entente socialistoide- se revelará como la hipócrita anomalía que siempre fue: el populismo antidemocrático disfrazado de solidaridad.

Escrito por Ernesto Hernandez Busto